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    La FIFA y Suárez (XI)

    Sr. Director:

    Impacto de la máquina disruptiva Luis Suárez. “De vez en cuando aparece un delantero que redefine la posición. Son realmente únicos, no tienen puntos de referencia en comparación con sus predecesores, no siguen prototipo alguno y rompen toda convención.  Son las superestrellas que hacen que todo el mundo del fútbol repiense cómo se debe jugar el juego. Luis Suárez es uno de ellos”. (Ex futbolista inglés Michael Owen previo al partido Uruguay-Inglaterra, “The Telegraph”, jueves 19, extraído del semanario Búsqueda 26/6/2014). Este párrafo del ex futbolista inglés puede ser la definición de la innovación disruptiva humana. Sólo le faltó declarar la otra parte que es la que tiene que ver con lo que provoca en el mundo alguien o algo de este tenor. Hago este concepto extensivo a individuos y organizaciones ya sean gubernamentales o no en distintos grados y matices.

    Uno de los impactos más grandes es que rompe prejuicios (ya decía Einstein “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”). Esto tiene un efecto transversal en nuestros cimientos internos y da gran intranquilidad, confusión emocional y mental ya “que no siguen prototipo alguno”. Para ello hay que resolver el asunto y la mejor salida que se encuentra en estos casos es la exclusión (antes los quemaban en la hoguera o los excluían de la Iglesia). Este hecho sacó a la luz el ejercicio de un inmaduro poder exacerbado y bastante ligero y mostró también la punta de un iceberg cuyas dimensiones e implicancias desconozco.

    Tener un gran talento provoca; tener varios juntos que desafíen “toda convención” no se puede permitir, resulta insoportable. Inglaterra se ha sentido profundamente provocada por Suárez porque ha vapuleado sus prejuicios del inconsciente colectivo, que por cierto demuestran una y otra vez ser muchos (considero que esta es la cara de la moneda que debe ser analizada con mucha profundidad, seriedad y cuidado para una buena defensa de Suárez) ya que cuando a Suárez le dicen “sudaca” nada sucede, cuando otros golpean peor que él nada sucede. Hay hechos indiscutibles que avalan que el racismo ha campeado y sigue campeando en Europa; la medalla de oro la logró Alemania con el holocausto.

    El año pasado asistí a un training en Berlín donde había 80% de personas de Europa y el otro 20% eran de USA y Asia. De América Latina había una brasileña y yo de Uruguay. En los almuerzos siempre había alguien refiriéndose a “vives en el borde del mundo, estás por caerte”. Si la tierra es redonda, ¿dónde está el borde?, pensé. Una mesa donde decía: “aquí solo se sientan XXX” (era una nacionalidad europea). En ese momento tenía tanto foco en el entrenamiento que no percibí esa situación. En mi familia me criaron con la mente muy abierta y no reparé en estos dichos. Al tiempo, hablando con amigos les comenté algunos de esos hechos y percibí que de fondo había otro tema. Invito a los uruguayos a no importar problemas. Cuando ahora me dicen no podés decir más “cómo estás negrita” o me dicen “como andás mi negra”  tenés que decir afrodescendiente. La verdad, no quiero importar problemas ajenos. Aquí me siento muy bien cuando me llaman de esa forma. Es más, la siento cargada de afectividad. La palabra la aclararon ellos porque ellos tienen problemas en esos aspectos.

    Hay que agregar que el “problema de racismo que ha tenido Suárez”, si hubieran acudido al management intercultural se habrían dado cuenta de que aquí tal palabra —y si hilamos más fino y vamos a Salto— no tiene connotaciones negativas salvo en la forma y tono en que ésta se exprese (como todas las palabras), pero una vez más a nadie le interesó ver. Sin embargo, también es cierto que cuando el agua corre para su molino se apasionan con él pero cuando demuestra cualidades a nivel mundial y los desfavorece haciéndoles dos goles en la Copa del Mundo, son capaces de sacarle hasta la libertad de circulación.

    En la época disruptiva que estamos viviendo, resulta tremendamente innovador ver lo que emerge y aceptar lo que es. A medida que accedemos a más información y con la velocidad que la obtenemos, paradójicamente tenemos menos capacidad de disgregar y menos paciencia para ejercer la democracia en su máxima expresión. Las personas juzgamos a los demás con la vara de lo que nosotros somos y de lo que somos capaces de hacer, pero nunca por lo que es. Esto último exige de un gran entrenamiento personal. (Los budistas tienen entrenamientos muy interesantes al respecto).

    Ejemplo de ello fue lo sucedido con la selección uruguaya al ganarle a Italia, país al que nunca le habíamos ganado, y a Inglaterra que hace 42 o 44 años que no le ganábamos. Nadie habló de esto último, fue un hito, rompimos dos barreras que parecían infranqueables. Sin embargo, la prensa inglesa disparó rápidamente su artillería hacia el lugar donde se sintió violentada en sus fueros internos. Mordida de la cual no hay prueba y sanción que no discuto salvo cuando golpea los derechos humanos. Estos últimos no deben ser violados y los  guardaespaldas de la ley ya sean éstos nacionales o supranacionales deben  intervenir. De lo contrari, demostraría que los derechos básicos del ser humano no están garantizados.

    El que opta por criticar al otro toma siempre un camino facilista. Nada arriesga y tiene poder sobre aquellos que someten su trabajo y su persona a su juicio. La crítica negativa es fácil de escribirla, leerla y parece que resulta hasta divertida; además, vende y mucho. El daño que hace en una persona es terrible pero parece no importarnos mucho, ya que otro de los deportes nacionales es la crítica ligera. ¿Quién o qué repara a Suárez del acoso mediático hacia su persona?

    Algunos análisis de business intelligence han llegado a la conclusión de que hay empresas que han vendido más luego de experiencias negativas que positivas. ¿Será el caso de Suárez? Al día siguiente del incidente del jugador en el Mundial, la empresa Philips ponía grandes carteles celestes en el metro de Londres con letras blancas (se puede ver on line) donde dice: “Perfect if you have a bit of Italian stuck between your teeth” tratando de vender más cepillos eléctricos. Un par más de multinacionales trataron de sacar rápidamente rédito de ello. Y esta agresión mediática directa y también elíptica hacia la persona del Sr. Suárez, ¿quién se la compensa?

    En caso que le levanten la sanción a Suárez, ¿quién paga el daño de lo que provocó para la selección uruguaya semejante decisión fascista y sus implicancias en los octavos de final?

    Lo que en verdad aporta valor es ver a Suárez dando el espectáculo en sus jugadas —y sería bueno que de ahora en más sea con los modales debidos—, aporta valor que rompa los convencionalismos y que sea un innovador disruptivo. También aportaría valor que alguien (y eso es responsabilidad de la selección uruguaya) le explique al jugador lo que despierta en el mundo y que tome conciencia de lo que representa y cómo rompe toda convención y/o esquemas de juego. Sería bueno brindarle herramientas —o que él las busque— para que se pueda desenvolver mejor. (Sería bueno que Uruguay haga de la carrera deportiva una formación profesional donde tengan idiomas, manejo de prensa, etc. Esto habla también del fútbol uruguayo y sus vínculos en el mundo del fútbol).

    A veces la prensa arriesga muy poco, pero algunas veces lo hace y es cuando descubre y defiende el nuevo talento. El mundo suele maltratar al nuevo talento ya que éste es capaz de atravesar los prejuicios y despertar el inconsciente individual o colectivo.

    Cualquiera puede jugar al fútbol y cualquiera puede tener una profesión, pero hacer de ello un arte es de pocos y esos pocos pueden venir de cualquier lado. Tal vez Inglaterra y la FIFA estén con los cimientos movidos por estos prejuicios que mantienen y esta situación es de por sí tremendamente provocadora.

    Beatriz López López

    Experta en Gestión de la Innovación y Teoría U.