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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFeminismo y Sturla. No extraña que el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, sea un opositor a lo que él llama ideología de género.
La Iglesia católica como institución —no así muchos de sus integrantes— a lo largo de sus dos mil años de existencia siempre se ha opuesto a los cambios sociales que conlleven una reivindicación de los derechos humanos, más allá de que esos cambios se hayan visto deformados por ideologías.
Un ejemplo clásico en la historiografía es la opción de Roma por las monarquías absolutistas y su defensa del denominado derecho divino (epístola a los Romanos, 13, 1–2), contrapuesto al derecho positivo.
Que la cualidad de rey devenga de una deidad, hoy en Occidente es asumido como una fábula retroalimentada en la revista Hola, pero durante siglos imperó el engaño difundido desde Roma: los reyes recibían su mandato directamente de un supuesto Dios que, por si alguna duda cabía, era denominado Rey de reyes, y únicamente el Papa, como vicario de Cristo, podía destituirlos.
Por eso la revolución francesa (1789) fue combatida desde el papado y recién aceptados —pero nunca oficialmente compartidos— sus postulados a partir de 1945, cuando fueran derrotados los regímenes nazi y fascista, percibidos por Roma como posibles restauradores del orden alterado por el liberalismo y, luego, por el socialismo/comunismo.
Hitler, Mussolini y Franco fueron confortados por Eugenio Pacelli (Pío XII) y su secretario Giovani M. Montini (luego Paulo VI). Culminada la II Guerra Mundial ambos jugaron un papel clave en la huida y reubicación, principalmente en Latinoamérica, de los ex criminales de guerra (Adolf Eichmann, Josef Mengele, Ante Paveli´c, Klaus Barbie, Franz Stangl, Alois Brunner, Erich Priebke y miles de criminales de guerra más, según numerosos investigadores [1] mediante La ruta de las ratas, como se conoce la red de monasterios, colegios de curas e instituciones católicas, creada por el sacerdote yugoslavo Krunoslav Draganovic (1903-1983), capellán del campo de concentración de Jasenovac. [2]
No obstante, hay católicos que en el presente siguen revindicando a quienes masacraron a judíos, musulmanes, gitanos y antifascistas. [3]
En 1971, la Conferencia Episcopal de España reconoció que se había equivocado en su apoyo a la dictadura franquista. Es un resorte de la ética católica: el que peca y se confiesa, empata. Sin embargo, la proposición sometida a votación que consiguió el apoyo de la mayoría —123 votos a favor, 113 en contra y 10 votos nulos— no fue aprobada porque se requerían dos tercios. En muchas iglesias españolas existen placas conmemorativas de la victoria de Franco, donde están escritos los nombres de los fallecidos del bando nacional en el frente de batalla (Tamayo, Juan José: 2007).
El feminismo, su visión de género, el empoderamiento de la mujer en su plena condición de persona, la denuncia constante de los feminicidios cometidos a diario en el mundo, la lucha contra la trata de personas que encabezan valientes mujeres en diferentes países (como en Argentina), la denuncia y praxis contra la infibulación de millones de mujeres en el presente, todo lo que supuso el reconocimiento como sujetos plenos de derechos de la mitad de la raza humana, lo transforma en la única revolución positiva, inacabada, de los siglos XX y XXI.
La Iglesia católica institución es un baluarte en la visión machista de la sociedad y en la denigración sistemática de la mujer. Al punto que el símbolo femenino adoptado por excelencia —recién a mediados del siglo XX, no se piense que el culto a la Virgen María lleva mucho tiempo— lo es porque fue sin pecado concebida, expresión por la que se considera como negativa la unión sexual. Y siguiendo la mitología greco/oriental, el personaje central de la historia sagrada es hijo de una mortal y un dios, pero también sin que haya mediado una unión sexual que estaría, por un lado, rebajando el origen de Jesús y, por otro, dañando la percepción que se debe tener —según la Iglesia católica— de la mujer… En fin.
¿Por qué las mujeres católicas no pueden acceder al sacerdocio? ¿Por qué sigue vigente el pensamiento de un hombre que escribió cartas directrices hace dos mil años, desde una percepción masculina y misógina confesa, y se pretende que rija la vida de las mujeres en 2014? ¿Debe aceptarse una visión inferiorizante de la mujer, que la condenaba a la subordinación y obediencia marital? ¿El Concilio Vaticano II (1962- 1965) enseñó a despreciar y rechazar o a escuchar y discernir? Esas son las reflexiones que deberían preocupar a Sturla. Y no porque aquí se escriba. Su jefe espiritual, Bergoglio, acaba de exponer (22.12.14) lo que denominó las quince enfermedades que acechan a la Iglesia.
Entre las mencionadas por el papa argentino, están el “endurecimiento mental y espiritual” que “impide llorar con los que lloran y alegrarse con los que se alegran”. Que abra su mente Sturla y constate el permanente declive del número de católicos en Latinoamérica, por no mencionar el específico de Uruguay. Que se pregunte por qué será que en aquellos países con mayor influencia e interacción entre su Iglesia y el Estado, es que se han registrado y se registran las mayores masacres e irrespetos por la vida y figuran en los primeros puestos del ranking de corrupción.
Acérquese a quienes demandan de su Iglesia un auténtico aggiornamento en el respeto a la mujer y a su consideración como persona, con los mismos derechos y deberes que los hombres y que eso se refleje en la vida institucional. Que se solidarice con sus propias feligresas milenariamente postergadas y sujetas a la moral dictada por un selecto (¿?) grupo de purpurados.
Que el arzobispo preste atención a la advertencia contra el “alzheimer espiritual”, que —Bergoglio dixit— se observa en “quien ha perdido la memoria de su encuentro con el Señor y depende solo de sus propias pasiones, caprichos y manías y construye a su alrededor muros y costumbres”.
Y, por supuesto, que siga expresándose con total libertad que ello contribuye a desmitificar. Con la tranquilidad de que en Uruguay no sufrirá ninguna inquisición, sino el respetuoso y documentado argumento de quienes no comparten discriminaciones de ninguna índole.
[1] http://www.lanacion.com.ar/93098-los-maximos-criminales-de-guerra-croatas-vivieron-en-la-argentina. En octubre de 2013, el sacerdote católico Albano Laziale, de la Iglesia lefebvrista, intentó realizarle un funeral privado al ex oficial nazi Priebke, fallecido a los 100 años sin arrepentirse de su pasado criminal nazi.
[2] http://hipsb.hr/wp-content/uploads/2013/01/krunoslav_draganovic-sadrzaj.pdf. Draganovi´c, como funcionario del Estado Independiente de Croacia bajo la dictadura pronazi de Ante Paveli´c, fue responsable desde la denominada Oficina de Colonización, de forzar la conversión al catolicismo de serbios ortodoxos, judíos, bosnios, musulmanes y gitanos. A quienes se negaban se les confiscaban sus bienes —entregados a colonos croatas— y eran derivados a campos de concentración que poco tenían que envidiar a los instaurados por el nacionalsocialismo en Alemania y Polonia. Durante el régimen Ustacha (1941-1945) hubo genocidio en la ex Yugoslavia: el exterminio pudo abarcar a cerca de 600 mil personas.
[3] Católicos croatas siguen homenajeando en 2012 a Ante Paveli´c. http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2012/02/croacia-sigue-homenajeando-ante-pavelic.html
Hugo Machín