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El profesor Álvaro Rico “no recordaba exactamente” lo que había cursado en la Universidad de la República (Udelar) antes de marcharse a la Universidad Lomonosov de Moscú, donde se graduó como doctor en Filosofía. Un candidato a rector de la Udelar debe poseer título expedido por ese centro terciario y, en caso que no lo tenga, la institución solo lo expide a quienes cursaron allí el 20% de la carrera.
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Tras comprobar que había completado el 20% requerido, Rico solicitó el título en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. El pedido no fue casual: decidió hacerlo al ver que Roberto Markarian era el único candidato a suceder a Rodrigo Arocena como rector de la Universidad, un “escenario infeliz”, ya que corrientes de opinión generadas en los últimos años “podían quedar sin expresarse”.
Hoy, con 61 años, abandonó su cargo como decano de la Facultad de Humanidades para presentar su programa, que refleja una continuidad de la gestión arocenista y, por tanto, un contraste con su contrincante, apoyado por sectores críticos a la gestión actual. En entrevista con Búsqueda se refirió a sus planes para la Udelar, que incluyen plantear un rol “más político” de esa casa de estudios, porque considera que no es suficiente con los acuerdos partidarios.
—En el escenario actual, ¿es usted el candidato oficialista?
—Es indudable que en la medida que nosotros proponemos una continuidad del rumbo estratégico hay un apoyo importante de los sectores que en su momento se identificaron con la propuesta del actual rector, a los que se han sumado nuevas adhesiones que están de acuerdo con los resultados de las políticas de los últimos dos rectorados. Además estas políticas no han sido un corte con una línea de transformaciones que la Universidad viene desarrollando. Los rectorados de Jorge Brovetto y Rafael Guarga iniciaron un rumbo que se ha mantenido.
—¿Cuál es la ventaja de mantener ese rumbo?
—Nosotros proponemos una continuidad de la política, no una continuidad a ultranza. Hay un nivel de relaciones consolidadas en la Universidad que hacen muy difícil un corte abrupto, salvo pagando consecuencias impredecibles en la interna universitaria y en el entorno más nacional. Un enlentecimiento en las transformaciones en vez de generar nuevos equilibrios puede desequilibrar el papel de la Universidad. Coloca en un nivel de inseguridad muy importante varios de los logros de los últimos años. Vemos muy difícil que a través de la crítica parcial a aspectos de esa política se pueda generar una política. El malestar no construye una política.
—¿Qué medidas principales propone su programa?
—La Universidad es hoy un ámbito de pluralidad de servicios, disciplinas, funciones, vínculos y personas. Por consiguiente creo que una de las tareas fundamentales es mantener esa pluralidad.
Otro tema es potenciar lo que es la misión específica de la Universidad, una misión absolutamente interrelacionada y que incorpora a la investigación de calidad y a la enseñanza superior, también la función de extensión como un vínculo diverso con la sociedad y como una modalidad diferente de producción de conocimiento y de enseñanza. En tercer lugar me parece que es importante en este período reafirmar el rol político de la Universidad.
—¿A qué se refiere?
—Creo que la Universidad tiene que tener un rol más político desde la especificidad de sus funciones. En la capacidad de cooperación de la Universidad está buena parte de los buenos resultados del desarrollo del sistema público de enseñanza. Una cosa es construir con la Universidad en contra y otra cosa es con la Universidad en una actitud de colaboración. El sistema político ha construido una especie de consenso sobre la educación. Creemos que un consenso exclusivamente vinculado a los acuerdos políticos partidarios es insuficiente y entonces vamos a poner toda nuestra disposición a los efectos de recrear un acuerdo nacional que incluya también a las instituciones de enseñanza, a los sindicatos y al PIT-CNT en la búsqueda de soluciones. Y no solamente para la educación superior, porque a nosotros nos va la vida con el vínculo en formaciones anteriores a nivel de Bachillerato.
—Sectores universitarios sostienen que hubo una baja de la calidad de la enseñanza. ¿Qué opina?
—Si yo por un momento aceptara ese argumento, creo que la baja de la calidad tiene correctivos. Y en buena medida, si bajo la calidad, de lo que se trata es de ver cómo mejoramos. Lo que no tiene correctivo es que los jóvenes queden afuera del sistema público de enseñanza y de la Universidad en particular. Entonces yo prefiero los problemas que genera que ningún joven quede afuera del sistema y ponerme entonces sí a pensar cómo seguimos mejorando la calidad de la enseñanza. Evidentemente la masificación es una dificultad muy importante, pero frente a eso la Universidad ha implementado diversos instrumentos, como la nueva ordenanza de estudios de grado.
—También se ha criticado la falta de evaluación de ciertas políticas.
—Algunos compañeros exigen rectificaciones desde un pedido de evaluación. No piden evaluar para rectificar, ya parten de la base de que hay que rectificar y la evaluación va a demostrarlo. Es como un poco temprano. Nosotros en Humanidades acabamos en este semestre de implementar los nuevos planes de estudio. Una evaluación ahora es engañosa, hay que dar un tiempo. Lo mismo sucede en el interior, que recién se está en el proceso de los llamados. Entonces evaluar ahora hay que hacerlo, pero concluir terminantemente me parece que es un apresuramiento que ya tiene un prejuzgamiento con relación a que ese desarrollo se hizo en dirección al rebajamiento del nivel, y eso hay que demostrarlo.
—¿Cambia la gestión del próximo rector según quién sea Presidente de la República?
—No debería modificar, porque el sistema político ha hecho un gran esfuerzo por colocar en la agenda con una gran centralidad el tema educativo. Es cierto que tenemos mejores y peores experiencias de ese vínculo con el sistema político, pero esas experiencias son respecto al pasado y no necesariamente determinan respecto al futuro la repetición de las mismas. Debemos hacer una solicitud presupuestal con la suficiente convicción y demostración de que lo que nosotros pedimos es también para logros del país y por consiguiente más allá del resultado en las elecciones nacionales.
—¿En los últimos dos períodos ha sido la Udelar suficientemente autónoma del Poder Ejecutivo?
—Sí, lo fue. Hemos demostrado una responsabilidad para ubicar nuestras demandas sin crear conflictos artificiales pero manteniendo el señalamiento de los errores que el poder político pudo haber cometido, como fue el caso en su momento de la forma en que se creó la Utec. Siendo responsables pero al mismo tiempo no yéndonos a las cuchillas.