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    La arrogancia sobre la libertad

    Sr. Director:

    Jean Paul Sartre dijo: “Mi libertad termina donde comienza la de los demás”. Esta frase es la primera que se me vino a la mente en dos episodios ocurridos en Punta del Este durante estos días.

    El primero de ellos ocurre a diario y es reiterativo temporada tras temporada. Cualquier turista que llegue a la playa a las 10 h se va a encontrar con una larga fila de sombrillas y reposeras que descansan vacías sobre la arena. Pertenecen a los edificios que se encuentran tanto en la rambla Williman, sobre la Mansa, como también en la rambla Batlle Pacheco, sobre la Brava. El fin es muy loable pues se trata de un servicio para los ocupantes de esos edificios que decidan renunciar a la piscina y bajen a la playa y tengan comodidad a mano. Pero ¿qué pasa con el resto de los turistas, la mayoría, que pese a llegar temprano se ven privados en su libertad de colocarse donde les plazca? Hace muchos años que esta práctica es normal, han pasado diferentes administraciones sin resolver el tema hasta que en el año 2015 se reglamentó la colocación de sillas y sombrillas. Se determina que hasta las 9 h podrán colocarse tres sombrillas y seis reposeras que, de no ser utilizadas, deberán retirarse. Solo podrán colocarse más si surgen usuarios para instalarse en forma inmediata.

    Esta es la parte medular de la resolución que afecta en forma directa a quienes no son habitantes de los edificios y no se cumple en ninguna de las decenas de torres que se encuentran en ambas ramblas. Si algún turista osado solicita a los funcionarios que colocan estos implementos retirarlos para tener lugar, le contestan que ellos solo cumplen órdenes. Si entonces uno se dirige a los administradores de los edificios, responden en forma irónica y socarrona. A mí me sucedió en la Parada 1 de la Mansa, edificio Malecón III, donde el encargado luego de verificar que yo no era de la IMdM me respondió: “Andá a escribir sobre esto, ahí tenés un tema interesante”. La última vez que la IMdM les hizo un llamado a los administradores de los edificios fue en el año 2016: concurrieron 160 representantes y escucharon las quejas presentadas, pero todo siguió igual y al día de hoy nada ha cambiado. Como ocurre con varias situaciones que se dan en nuestro país, las disposiciones existen pero no se cumplen.

    El segundo episodio se dio el martes al mediodía frente al Hotel Enjoy sobre la rambla Williman. Ahí un grupo de unos 30 funcionarios de la DGI, no más, cortó el transito ubicándose con pancartas donde expresaban sus reclamos sindicales impidiendo la libre circulación de quienes andaban por la zona. Incluso a los pocos minutos aparecieron inspectores municipales intentando ordenar el caos, pero faltaron autoridades que hicieran valer el derecho constitucional que existe a “la libre circulación”. En varias oportunidades, representantes del PIT-CNT han dicho que no se realizan piquetes, no se cortan calles o rutas, pero estas prácticas ya son más que frecuentes y, al igual que en el caso de las playas, las disposiciones existen pero no se cumplen.

    Cuando muchos actores políticos y ciudadanos le reclaman al gobierno ejercer la autoridad y hacer cumplir las leyes, el presidente y su cuerpo de ministros contestan que todo está bien, que prefieren no actuar para evitar males mayores.

    ¿Cuál es el mal considerado mayor a nuestra libertad? ¿Dónde termina la libertad de quienes no cumplen las normas y comienza la de los ciudadanos libres? Las resoluciones municipales son desatendidas a la vista de todos y si todos vemos cientos de sombrillas en infracción, ¿dónde están los inspectores? Si se corta la libre circulación en las calles, ¿dónde está la autoridad que debe restablecerla? Y estos son solo dos ejemplos de los muchos que a diario padecen quienes sí respetan las libertades ajenas. Ni el Ministerio del Interior ni la Intendencia de Maldonado actúan como corresponde. Si pretendemos ocupar los lugares de los edificios en las playas o circular donde se forma un piquete, seguramente las autoridades actuarán contra nosotros y seremos sancionados, mientras los que no cumplen las leyes se sonreirán socarronamente delante nuestro.

    Libertades ausentes, libertinaje presente, es lo que hoy vemos en nuestro horizonte. Por suerte, el último domingo de octubre estaremos solos a la hora de ejercer la mayor de nuestras libertades: el voto.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    CI 1.978.723-5