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    La derrota de Evo Morales y sus implicaciones uruguayas

    N° 1856 - 25 de Febrero al 02 de Marzo de 2016

    El domingo 21 los bolivianos votaron en un referéndum constitucional para decidir si su presidente, Evo Morales, podía volver a ser candidato presidencial en las elecciones de 2019. El voto era obligatorio para los ciudadanos residentes en el país. Las cifras oficiales del Tribunal Supremo Electoral difundidas ayer miércoles 24, con el 99,72% de las actas ya escrutadas, muestran 51,3% por el “No” y 48,7% por el “Sí”. Esto es una derrota ajustada pero ya irreversible para Morales; los números todavía pueden variar ligeramente en alguna décima de punto porcentual, sin modificar el resultado. Por lo tanto, Morales dejaría la Presidencia en 2020. Habiendo sido presidente desde 2006, en esa fecha sumará tres presidencias consecutivas durante 14 años.

    Esto significa que los resultados públicos de las encuestas preelectorales de las firmas profesionales más conocidas, Ipsos y Equipos MORI, anticiparon muy bien el escenario del domingo 21: relativa paridad en los números (para Ipsos, 41% al “No” y 40% al “Sí”; para Equipos MORI, empate en 40%), pero en el marco de una tendencia favorable al “No” (según todas las encuestas). Por eso resultó también correcto el análisis (basado en ellas) presentado la semana pasada en esta misma columna: “la tendencia es negativa para el “Sí”. El presidente Morales, claramente, puede perder (…) podría perder, o ganar por poco” (Búsqueda, Nº 1.855).

    Los “conteos rápidos” de esas dos firmas, difundidos en la noche del domingo 21, confirmaron los resultados preelectorales y anticiparon la derrota de Morales con cifras semejantes: 52,3% al “No” y 47,7% al “Sí” según IPSOS; 51 y 49%, respectivamente, según Equipos MORI. Los resultados ratificaron la historia de aciertos de las dos firmas en materia de conteos rápidos (mejores que los aciertos de las encuestas preelectorales, como en Uruguay).

    Morales perdió. Teniendo en cuenta su desempeño electoral anterior, obtener menos de la mitad de los votos es una caída considerable (en las dos últimas elecciones presidenciales obtuvo más del 60%). Como ya se observó en la columna anterior, en términos absolutos y relativos el desempeño económico boliviano bajo las presidencias de Morales (la segunda tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto más alta de la región; la segunda inflación más baja) fue excelente. Por lo tanto, el famoso “es la economía, estúpido” no puede explicar el resultado de este referéndum ni la pérdida de apoyo de Morales. Si no fue la economía, ¿qué fue?

    La columna anterior mencionó dos probables familias de causas que seguramente se potencian entre sí. Por un lado, aunque en los años de gobierno de Morales los indicadores económicos básicos muestran un excelente desempeño (el segundo mejor entre los 17 países de América Latina continental), el desempeño social está entre los cuatro peores de la región y el desempeño político entre los dos peores. Los éxitos económicos no cambiaron significativamente ni la sociedad ni la política bolivianas. Para la oposición, “en estos diez años de Evo, con precios espectaculares de materias primas, Bolivia tuvo ‘una inmensa oportunidad perdida’ (…) desatendiendo (…) la creación de empleo y las necesidades más básicas de las familias, como (son) la salud y (la) educación”. Desde tiendas muy diferentes, la Defensoría del Pueblo alertó que los problemas del gobierno, “entre otros factores, ‘está(n) generando un debilitamiento progresivo y sistemático de la calidad de la democracia’”. (Todas las citas de un informe de AFP, “Una década de Evo en el poder”, “El Observador”, 24 de enero).

    Por otro lado, durante los años de gobierno de Morales muchos han registrado la persistencia de problemas serios que la población considera importantes. La columna anterior señaló la soberbia (BBC Mundo, 25 de agosto de 2015, “La sorpresa de los bolivianos al ver a Evo Morales pedirle a un escolta que le ate los cordones”) y sobre todo la corrupción (“Empresa que gerenta madre de hijo de Evo Morales tiene contratos con el Estado”, “Correo del Sur”, 5 de febrero). En este plano las críticas vienen también desde la izquierda: “el diputado opositor campesino, Rafael Quispe, opinó que ‘lo malo es la corrupción generalizada. Hemos botado a los neoliberales corruptos y ahora se repite la corrupción’”. (Informe ya citado de AFP).

    Esta convergencia de muchos críticos, incluyendo sectores más cercanos al oficialismo que a las oposiciones (la Defensoría del Pueblo) y de izquierda (Rafael Quispe), sugiere que esas dos familias de factores efectivamente contribuyen a explicar las pérdidas electorales del presidente. Un poquito de perspectiva histórica fortalece esta idea: la votación de Morales fue 54% en su primera elección presidencial, 64% en 2009 (la segunda) y 61% en 2014 (la última). Esto significa que el mejor momento electoral de Morales fue en 2009; para 2014 ya había caído tres puntos porcentuales, descenso que se aceleró en apenas dos años (aunque, en rigor, la elección presidencial no es estrictamente comparable a un referéndum como el del domingo 21).

    Puesto que Bolivia es muy diferente al Uruguay (económica, social, cultural y políticamente), ¿se puede decir que esta historia “es ilustrativa para los uruguayos, porque se puede argumentar que también acá el famoso dicho de que ‘es la economía, estúpido’, no funciona (o funciona mal) desde 2009,” como se afirmó en la columna anterior? Sí, se puede. El desempeño económico de los primeros dos gobiernos del Frente Amplio, según los mismos indicadores, también fue excelente. Sin embargo, el mejor momento electoral del Frente Amplio fue en 2004; en 2009 ya había caído un poco y en 2014 votó casi igual que en 2009, pero por debajo. Como en Bolivia, la explicación debe ser necesariamente política; como en Bolivia, la gradualidad del proceso muestra de qué manera se vincula a la fatiga del ejercicio del gobierno.

    La enumeración de los principales puntos comunes a las dos historias, la boliviana y la uruguaya, es ilustrativa. En Uruguay, a pesar de los progresos económicos, para muchos críticos hubo oportunidades perdidas, como en Bolivia. Las expectativas iniciales no se cumplieron; la educación ha sido un frente especialmente problemático. Algunos problemas centrales, como la corrupción, reaparecieron. El tratamiento de los temas institucionales, también como en Bolivia, ha sido objeto de polémicas. En estos y otros debates las críticas provienen de un abanico muy amplio de actores, incluyendo parte del oficialismo.

    En 2019 Evo habrá culminado sus tres períodos, como los Kirchner en Argentina (2003, 2011 y 2015). Ni los Kirchner ni Evo lograron llegar a su cuarto período de gobierno. En Uruguay, las elecciones de 2019 decidirán si el Frente Amplio gana su cuarto período consecutivo de gobierno o si repite la historia de los Kirchner y de Morales.

    El oficialismo y las oposiciones uruguayas tal vez deberían prestar alguna atención a la dimensión política de estas historias paralelas.