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    La economía mundial “depende” del uso de químicos y “es amenazada” por sus desechos; abordar el problema requiere un trabajo “eficiente”

    Computadora, celular, desinfectantes, repelente, pintura; los productos que contienen químicos no se encuentran solo en las industrias. Son parte de lo cotidiano, pese a que muchos no lo noten, comentó a Búsqueda Rolph Payet, secretario ejecutivo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los Convenios de Estocolmo, Rotterdam y Basilea para al control de los productos y desechos químicos.

    Experto en política internacional e investigador, el ex ministro de Ambiente y Energía es originario de la República de Seychelles, en el océano Índico.

    En el siglo XX se comenzaron a utilizar químicos en grandes cantidades, tanto para la industria como la agricultura. Algunos probaron ser, luego de años de uso, muy peligrosos para la salud humana y ambiental. Así fue que sobre finales del siglo los países comenzaron a tomar medidas al respecto mediante una serie de convenios de ONU. El de Basilea, que entró en vigor en 1992, aborda el problema de la eliminación de los químicos luego de utilizados. Aprobó un protocolo sobre la responsabilidad e indemnización por daños resultantes de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos e incluso abarca los crecientes residuos electrónicos, que tienen una gran cantidad de químicos.

    El Convenio de Estocolmo, que rige desde 2004, trata sobre la restricción de la producción y el uso de químicos, como el DDT, y plantea el correcto tratamiento y disposición de los residuos químicos para evitar la contaminación. El Convenio de Rotterdam —en vigor en 2004— es un acuerdo internacional para proteger la salud humana de químicos peligrosos que incluyen pesticidas y sustancias que se usan en la industria. Promueve responsabilidades compartidas y esfuerzos cooperativos para lidiar con el problema del comercio internacional de los químicos y apunta a favorecer el intercambio de información sobre los químicos prohibidos o restringidos en distintos países.

    Estos acuerdos tienen desafíos por delante: el comercio ilegal de desechos, el uso indiscriminado de algunos de estos productos en la industria y el agro (pesticidas), que contaminan tierra agua y aire y pueden afectar la salud humana.

    Payet viajó a Uruguay para participar esta semana en la reunión regional del Grupo de América Latina y el Caribe (Grulac), que se está realizando en Montevideo con el objetivo de encontrar una postura común de cara a la triple COP (Conferencia de las Partes de estos tres convenios) sobre productos y desechos químicos que se hará en mayo en Ginebra. Durante su estadía mantuvo una entrevista con Búsqueda.

    —Por primera vez se están realizando reuniones regionales para hablar sobre el control de los productos y desechos químicos de cara a un encuentro mundial. Las regiones buscan llevar sus posturas a esta reunión sobre el uso y descarte de químicos. ¿Por qué el cambio?

    —Los tres convenios (de Basilea, Rotterdam y Estocolmo) antes estaban separados. Surgieron en distintos tiempos y con diferentes objetivos, aunque todos tratan sobre químicos, que es el tema común. Los químicos están en el día a día de la gente, pese a que muchos no se den cuenta. La economía mundial depende del uso de los químicos y es amenazada por su desechos, por decirlo de manera sintética.

    Fue en 2013 que los países solicitaron tener reuniones regionales para estudiar cómo implementar las medidas planteadas y con el apoyo de Suiza y la Unión Europea ahora lo hemos logrado. Es una historia de éxito desde mi punto de vista, los países me han dicho que querían esto y aquí está. Querían tener una instancia para conversar entre ellos en vez de verse abrumados en instancias mundiales. En la gran reunión internacional a veces sienten que no se pueden hacer oír o que lo que digan no va a ser considerado importante. Ahora los países van a llegar a ella con una voz más potente, con una estrategia delineada que refleje sus necesidades regionales. Es muy importante.

    —En las negociaciones internacionales las alianzas juegan un papel clave para que los países pequeños puedan hacerse oír.

    —Así sus voces se hacen más fuertes. Es importante para el éxito de los convenios. No hay éxito sin la participación de todas las partes. Es lindo escribir todo lo que se debería hacer, pero los países deben hacerlo realidad. Debemos facilitar mecanismos en la ONU para ayudar a implementarlos.

    Las partes acordaron que sería beneficioso que los tres convenios sobre químicos trabajaran juntos, sinérgicamente. Tenía sentido, sus temas están conectados. Esta postura fue bienvenida por muchos países. Algunos a la interna estaban desarrollando tres instituciones distintas, cada una para tratar un distinto convenio. Hemos trabajado mucho para que a nivel internacional haya una sola secretaría con el mismo personal para las tres, pero no hemos podido hacerlo en el terreno nacional. Ahora trabajan juntas y separadas a la vez. Es como si todas pertenecieran a una sola fábrica y cada una cumpliera roles distintos adentro.

    —Ahora se sumó un convenio más, el de Minamata sobre mercurio, que está en etapa de ratificación. ¿Debería unirse?

    —La gran pregunta que todos se están haciendo es si Minamata será el siguiente. Eso lo decidirán las partes.

    —¿Es necesario ir creando nuevos convenios o debería recurrirse a los ya existentes?

    —Su consulta está perfectamente alineada con la ola. Es la pregunta clave que muchos países se han estado haciendo desde que comenzaron a hablar de metales pesados. El Abordaje Internacional para el Manejo de Químicos (SAICM por sus siglas en inglés) ha servido. En vez de que proliferen convenios cada pocos años, tenemos que volver a observar SAICM con una mirada a largo plazo, para guiar en el manejo y en las políticas de químicos que se llevarán a cabo. Estos convenios vienen de la mano de nuevas secretarías, burocracia y necesidad de financiamiento. A los países se les hace difícil hacer los reportes. Hay que dar un paso atrás para mirar las cosas de manera integrada, pensar en un marco para el manejo de químicos y sus desechos. Ya se está pensando a nivel internacional entre la ONU y otras organizaciones. Los países tendrán que negociar este abordaje. Hoy nos falta ese marco integrado. Una jeringa permite colocar adentro diferentes medicamentos, necesitamos la herramienta.

    —El peligro es engordar la burocracia pero otros lo ven como oportunidad para hacer énfasis en lidiar con un problema puntual.

    —Sí. En muchos países el sector privado no está listo para esto. El mercurio afecta a menos industrias, pero imagina lo que sería un convenio de metales pesados. La manera integrada lleva más tiempo pero es la mejor.

    —Negociaciones ambientales como la de cambio climático no han obtenido los logros esperados hasta el momento. ¿La forma sinérgica de trabajar los tres convenios sobre químicos podría servir como un ejemplo exitoso de gobernanza ambiental?

    —Sí, lo creo así. Hay mucho trabajo por delante.

    —Entonces no le teme a las diferencias mientras logren trabajar conectados.

    —Exactamente. Necesitamos desarrollar los mecanismos más eficientes. Tenemos distintas partes de una máquina, ahora hay que ensamblarla. Hemos estado haciendo eso. Es como fusionar grandes empresas. Tenemos buenos ejemplos y fracasos también. Llegaremos a un modelo útil para la gobernanza ambiental internacional. Otros convenios ambientales ya nos miran y nos piden compartir la experiencia.

    Los países están lidiando con un gran número de problemas ambientales desde el uso de pesticidas, contaminación del aire y el agua, desastres naturales, exposición a químicos insalubres, el cambio climático. Tiene sentido abordar estos temas de manera integrada, sinérgica. Muchos de estos temas ya están integrados a nivel nacional. Hemos visto que aislarlos es menos eficiente y menos productivo.

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