N° 2068 - 23 al 29 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde el comienzo de la pandemia del Covid-19 hemos asistido a movimientos extraordinarios en los mercados financieros mundiales. Algunos fueron como respuesta a las consecuencias económicas de la crisis sanitaria, y otros a la también extraordinaria reacción de los bancos centrales y las autoridades económicas, que con una rapidez inusitada adoptaron medidas fiscales y monetarias para tratar de neutralizar lo más posible el impacto negativo.
Así, se calcula que a escala global se han anunciado apoyos del orden de los US$ 16 billones (algo así como 18% del Producto Bruto Interno mundial) repartidos casi en partes iguales en medidas fiscales y monetarias. Ese total va aumentando día a día porque se siguen anunciando nuevas decisiones; por ejemplo, esta semana el Congreso de Estados Unidos se encamina a aprobar un nuevo paquete por unos US$ 484.000 millones de asistencia a empresas pequeñas.
Con tantas medidas previstas, se ha empezado a comentar respecto a cómo será la recuperación una vez que la crisis sanitaria esté contenida, por más que para ello habrá que esperar a que esté disponible una vacuna efectiva, algo que difícilmente ocurra antes del segundo semestre del año que viene. Así, se especula con una recuperación en forma de “V” (el escenario más optimista, donde a la violenta caída inicial de actividad le seguiría una igualmente fuerte y rápida recuperación), en forma de “U” (donde la recuperación demoraría mucho más en materializarse), en forma de “W” (con una caída después de una recuperación inicial y antes de una recuperación más o menos definitiva), en forma de “raíz cuadrada” (recuperación menos vigorosa y, al final, una tasa de crecimiento permanentemente más baja y cercana a cero), y el escenario más pesimista de todos, de tipo “L” (el “piso” pospandemia se mantendría en el tiempo y las medidas de apoyo lo único que harían sería evitar una depresión todavía mayor en la actividad).
Los diferentes mercados financieros no tienen por qué moverse de la misma forma ante las medidas de apoyo fiscales y monetarias, ya que hay muchos factores específicos que los afectan (un ejemplo es lo que está pasando en estos días con el petróleo). Pero lo que parece claro es que en la actualidad están enviando mensajes muy contradictorios respecto a cómo se piensa que va a ser el futuro.
Por un lado, las bolsas de valores mundiales tuvieron una significativa suba en relación con los mínimos que habían alcanzado el lunes 23. Parecería que quienes invierten en acciones piensan que la forma de la recuperación será en forma de “V”.
Por otro lado, el mensaje del mercado de bonos es totalmente opuesto. Así, los “TIPS” (bonos ajustables por la inflación de Estados Unidos) están mostrando un panorama de tasas reales negativas a los distintos plazos, algo difícil de compatibilizar con una economía que vaya a tener un crecimiento vigoroso no solo en lo inmediato sino en las próximas décadas. A ello hay que sumar la cantidad cada vez mayor de deuda con rendimientos nominales negativos.
Precios negativos para el petróleo como por primera vez en la historia se observaron este lunes 20, junto a cotizaciones de los commodities que en general vienen mostrando una clara tendencia a la baja, apuntan a un panorama bastante deprimente en materia de actividad para este año, sin expectativas de una recuperación fuerte para el siguiente.
Si pronosticar el futuro siempre fue complicado, mucho más lo es en la actualidad, dada la particularidad y magnitud del shock negativo que ha afectado al mundo. Más allá de que, especialmente en el corto plazo, una cosa son los mercados financieros y otra muy distinta la economía, estos mensajes contradictorios que están enviando no se podrán sostener mucho tiempo más. Ante este panorama, desde la perspectiva de Uruguay lo que correspondería es tratar de que el ruido que reina al mundo por estos días afecte lo menos posibles en las decisiones económicas de fondo ya anunciadas en la campaña electoral. Si bien hoy urge atender a los más perjudicados por esta crisis y tratar de evitar que los daños sean permanentes, el gobierno no debe alejarse del camino de la austeridad y la apuesta por la mayor libertad económica posible a nivel interno y del comercio exterior. Además de traicionar a sus votantes, no hacerlo supondrá mantener al país postrado aun después del coronavirus.