Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Caracterizo algunas de sus ideas que hay en el movimiento de oportunismo de izquierda (…). No tienen el más mínimo cuidado de qué tipo de síntesis política y organizativa construyen los trabajadores (…). Se mueve pegándole permanentemente a la acumulación de fuerzas del pueblo, le pega a la unidad y las herramientas que hemos venido construyendo para avanzar…”.
Cuando leí estas declaraciones vinieron a mi memoria conceptos sustancialmente idénticos escuchados a mis 17 años, allá por 1971, cuando era militante del Partido Socialista, con relación a los “compañeros” del 26 de Marzo, cercanos a la estrategia del MLN.
En ese tiempo el Partido Socialista se definía como marxista-leninista y de alguna manera intentaba vanamente “competir” con el Partido Comunista por la posición de “vanguardia” de la clase obrera en el inexorable camino hacia la revolución.
Este tipo de conceptos podían haber sido atribuidos en aquel momento histórico a líderes como Rodney Arismendi, como a otras figuras de menor nivel de responsabilidad en ese partido tales como Estaban Valenti o Jaime Pérez, integrantes en su momento del Comité Central del Partido Comunista.
Tales conceptos, por tanto, no son nuevos. Son la respuesta sistemática y compulsiva de un partido marxista leninista a todo aquel movimiento, igualmente revolucionario, pero que no procede de acuerdo con su estrategia de “acumulación de fuerzas del pueblo”. Esta actitud convierte en funcional a la derecha a cualquier otro movimiento que asuma una estrategia diferente al diseñado por el partido.
Las declaraciones del secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala, que transcribo al inicio, están dirigidas a Asamblea Popular, en el marco de las movilizaciones llevadas a cabo durante esta fase del conflicto de la enseñanza. Nada nuevo entonces. El Partido Comunista califica, como siempre lo ha hecho, de oportunista de izquierda a todo aquel movimiento que se desvíe de la praxis política que considera oportuna frente a cada situación.
Sin embargo, si se pretende darle sentido a esas declaraciones en forma aislada, sin tener conocimiento de los pilares ideológicos de los cuales se deriva, seguramente serán absolutamente ininteligibles.
Nos preguntaríamos seguramente: ¿qué quiere expresar cuando dice “no tienen el más mínimo cuidado de qué tipo de síntesis política y organizativa construyen los trabajadores” o “se mueve pegándole permanentemente a la acumulación de fuerzas del pueblo, le pega a la unidad y las herramientas que hemos venido construyendo para avanzar”?
Estos conceptos que pueden parecer crípticos hoy día no lo eran en aquel tiempo, por el simple hecho de que para poder llegar a ellos era (es) necesario tener claro la base ideológica de la cual derivan. Y, en aquel momento, no sólo no era vergonzante ser marxista leninista, sino que se exhibía y trasmitía la doctrina en forma integral.
Proclamábamos y tratábamos de convencer a la sociedad de que la cosmovisión basada en el materialismo dialéctico constituía el destino inexorable de la humanidad; que la lucha de los trabajadores contra los dueños de los medios de producción y la superestructura por ellos creada, finalizaría indefectiblemente en la victoria por medios revolucionarios. Cuando ese evento sucediera, el proletariado tomaría el poder y conduciría al pueblo primero al socialismo y luego al comunismo; estado social en el cual el hombre alcanzaría su pleno desarrollo y felicidad.
Ese era nuestro honestísimo convencimiento y considerábamos que era nuestro deber difundir y convencer al pueblo de que se plegara a nuestra lucha, en la búsqueda de una sociedad justa, sin explotados y explotadores.
Como coralario de esas ideas, veíamos al Estado de Derecho, a la democracia liberal, etc., como instrumentos generados por la clase dominante para asegurar la explotación del hombre por el hombre y contra los que había que luchar para alcanzar la liberación.
Hoy día, aun compartiendo al pie de la letra estos principios, el Partido Comunista los oculta por una razón puramente estratégica. Es difícil sostener y sobre todo convencer de la certeza de esos principios, luego de las nefastas experiencias resultantes derivadas de la aplicación práctica de los mismos.
En este contexto ideológico en que se amputa la teoría en que se sustenta y se habla sólo a puertas entrecerradas sobre la praxis para lograr ese objetivo, resulta muy difícil interpretar las palabras de Abdala, aunque las mismas trasmitan un concepto absolutamente obvio: aquellos que se definen de “izquierda” pero no comparten la estrategia del partido vanguardia de la clase obrera, no son más que oportunistas que obstruyen el proceso revolucionario. Como antes lo fue el MLN y sus aliados, ahora es la Unidad Popular y los otros grupos de izquierda ideologizados.
La totalidad de los conceptos manejados por Abdala son básicamente leninistas, pero cabe preguntarse: hoy día, ¿cuáles serían los sectores sobre los que habría que trabajar prioritariamente para continuar “el proceso de acumulación de fuerzas del pueblo”?
En principio todos, pero claramente aparecen como prioridades, en lo que tiene que ver con lo social, las organizaciones de todo tipo: desde sindicatos, organizaciones de pasivos, ONGs, etc., y en lo político captar, arrastrar, neutralizar o manipular a sus accidentales aliados en la interna del Frente Amplio.
Creo entonces que esto es lo verdaderamente importante. Desde la visión del Partido Comunista, el Frente Amplio es nada más que una herramienta idónea para la acumulación de fuerzas y sobre todo para jugar dentro del Estado de Derecho, en tanto la sociedad se maneje dentro de las reglas de esta construcción ideológica burguesa.
Esa estrategia de acumulación de fuerzas claramente está dando los resultados deseados, por lo menos en lo que tiene que ver con los sectores democráticos del Frente. La decisión del presidente acatando la resolución del Congreso del Frente Amplio en lo referente al TiSA constituye un ejemplo cercano. La concepción de la unidad como un valor en sí mismo, y la convicción de que todo puede sacrificarse en aras de su mantenimiento, señalada una y otra vez por Astori, coadyuva claramente a fortalecer la convicción en el acierto estratégico del Partido Comunista y sus aliados cercanos.
Sin perjuicio del incidente del TiSA han venido sucediendo una serie de eventos que han menoscabado la autoridad del presidente y sobre todo su imagen pública. Es sabido que una de las virtudes de Vázquez ha sido evitar su exposición en circunstancias en que esa imagen pudiera resultar, de alguna forma, menoscabada.
Esa ubicuidad para hablar de lo que quiere, de callarse aquello sobre lo cual no desea ser preguntado, de aparecer públicamente sólo cuando lo entiende necesario y de abstenerse de hacerlo en caso contrario, ha sido una de sus principales características. Todo esto falló estrepitosamente en la celebración del 25 de agosto. No sólo se expuso a una multitud que en ese momento le mostraba su hostilidad, sino que en un gesto incomprensible tomó la iniciativa de intentar conversar con ellos, recibiendo no sólo el rechazo sino incluso el insulto. Cuesta entender este enorme error de apreciación en una persona de las características del presidente.
En definitiva y volviendo al punto central: con un presidente debilitado, una oposición inexistente y el sector democrático del Frente Amplio abrazado con quienes comulgan una ideología autoritaria, en un escenario económico complicado, “la acumulación de fuerzas” a que hace referencia Abdala tenderá a aumentar dramáticamente y con ella el peligro de la estabilidad de un sistema democrático que hasta hace no poco tiempo parecía definitivamente asentado.
Alfredo Daniel Blanc Luzuriaga
CI 1.286.272-3