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    La gente se merece que le canten la justa

    Sr. Director:

    El Dr. Batlle no lo hace cuando le consultan en los medios de comunicación sobre el autor del hallazgo que lo resucitó, (Jorge Batlle, le canta la justa), cuando es requerido al respecto,  por ser su ya obvia e inamovible “cédula de identidad”. La semana pasada, por un canal de aire, tiró una vez más la pelota para afuera, aludiendo a un “equipo”, vaguedades inconsistentes; al respecto conozco bien los afectos amistosos, políticos y sociales del Dr. Batlle, tenían décadas junto a él al momento de mi oportunidad y doy fe de que jamás aportaron ni ideas, ni votos.

    ¿Desmemoria del Dr. Batlle o prisionero de una vanidad que no acepta acreedores para su sueño presidencial, finalmente logrado?

    Sin duda me inclino por la segunda hipótesis, sin reparar para su alivio que la definición la generó su carrera y es deber del publicista sintetizarlo con “gancho”, esa es nuestra profesión.

    Revisitemos los hechos ampliamente documentados en la prensa de la época. Cuando de manera totalmente casual me encontré con el Dr. Jorge Batlle, en abril de 1994, registrándonos en la conserjería del Hotel Dorá de Buenos Aires, nuestro conocimiento recíproco me habilitó a invitarlo a tomar un café.

    La primera observación que le formulo refería a su habitual y peculiar índole apocalíptica, que lo llevó a afirmar en decenas de oportunidades mediáticas que sin la Reforma Constitucional no era candidato a nada; “sale” —me contestó—... “y si no sale” —le repliqué.

    Luego fundamentamos que su frase emblema de la campaña del 89, “Para volver a vivir”, era de una grandilocuencia absoluta, inútil por aplicable a decenas de situaciones y por ende a ninguna con vigor y precisión.

    Si el eslogan es, cuando tiene fundamento, una idea fuerza, un concepto que se vierte con gracia, para “que toque pueblo”. “Batlle presidente, para volver a vivir” era de supina inconsistencia, máxime para enfrentar a la de su contendiente, el Dr. Lacalle, “Un presidente cerca de la gente”.

    Dentro de las múltiples aristas de la actividad publicitaria, la redacción es mi área por vocación y formación, por lo que al día siguiente al regreso por avión, habiéndole dado tan duro a su volver a vivir, durante los 40 minutos del cruce del río me autoimpuse el desafío de bucear en la trayectoria de Batlle y rescatar la esencialidad virtuosa de la misma.

    Nací en 1945, presencié el tramo final de la trayectoria de su padre don Luis Batlle, un caudillo, también la apertura de su hijo Jorge hacia corrientes claramente liberales en lo económico, quien las asumió, noble es decirlo, con valentía y sin mirar jamás de reojo su costo en las urnas, virtud que se aunaba a una impecable trayectoria en el credo republicano y democrático, antes del quiebre institucional, durante el mismo y después de finalizada la dictadura.

    Sobre esa revisión curricular (agregado al hecho de que la liberalización de la economía, posible para Uruguay, había quedado en su techo, “no había más justas para cantar”, en lo que se pudo lograr, Batlle acompañó a sus gestores, particularmente al Dr. Lacalle, de potente gestión en ese terreno), concluimos que la franqueza que había definido a Batlle en defensa de sus convicciones liberales durante cuatro décadas, pasaban de ser un riesgo en la taquilla electoral a ser un filón sólido. Antes de aterrizar en Carrasco, el cimiento conceptual referido alimentó a la obligatoria síntesis del eslogan: Jorge Batlle le canta la justa. Guardé la hoja, con la fórmula hasta el mes de julio, en su transcurso lo llamo para almorzar, lo paso a buscar por su apartamento en el Buceo, en el semáforo de la rambla y Larrañaga, nos detiene la luz roja, previo a ello minutos de silencio y clima enigmático, mientras espero la verde le digo “tengo lo tuyo”, que es lo mío, “tu eslogan, tu identidad; vos podés concebir el colosal suceso de la cerveza Pilsen sin su frase de lanzamiento “el champagne de las cervezas”, algo de eso y no agregué más nada hasta que llegamos a la mesa de la parrillada La Azotea que agonizaba en la rambla y Massini, en un mediodía invernal.

    El suspenso no lo prolongué mucho y antes de almorzar extraje una hoja A4, que aún conservo, en la que con trazos grueso de drypen rojo escribí Jorge Batlle le canta la justa. Esbozó una sonrisa y dijo textualmente no puede ser ninguna otra. A fin de agosto, se hunde la mini. reforma, lo que obliga al Dr. Batlle a renunciar en la Casa del Partido Colorado a su carrera política y a una campaña intriga que teníamos pronta para agosto-setiembre: “el 28 de noviembre elegimos presidente... hay un solo candidato que siempre le cantó la justa”.

    En setiembre, se prepara el regreso con la certeza de que aun incumpliendo su compromiso público no desaparecía la Lista 15, que fue el énfasis institucional de respaldo, con su gloriosa historia, de un sector que luego de Luis Batlle estuvo signado por un cerrado individualismo. Acomodada la situación, con “un puñado de dólares” para prensa, radio y tv, durante 6 semanas, se obtuvieron los 101.000 votos que torcieron el triunfo de Alberto Volonté, en juicio unánime de todos los politólogos, pero más que eso, lo dejaron al Dr. Batlle resucitado, bien puesto en la gateras para 1999.

    Luego vinieron las internas “La gente dice que gana Batlle”, las nacionales de octubre “Con la 15 Batlle presidente” y la del balotaje “Llegó la hora de votar juntos”, ninguna de las tres surgió de un equipo, fueron de quien suscribe y ya se sabe que los partidos se ganan con goles, ni más ni menos que los que se necesitan para sortear cada instancia competitiva. El Dr. Batlle pisa los 90, yo pasé los 70, estamos en la tercera juventud, a tiempo de seguir cantando la justa, por ética y por estética en esta sociedad culturalmente desolada.

    José María Reyes Delgado

    CI 1.006.359-7