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    La hipocresía como política de Estado

    Sr. Director:

    El jueves 1° de diciembre de 2022 el Senado dedicó una sesión a legislar la hipocresía como una política de Estado. Desde las 17.30 hasta pasadas las 22.00 se abordó el tema de los supuestos actos de espionaje contra dos legisladores del Frente Amplio.

    La Cámara se llenó de discursos emotivos, declamados como un altisonante anatema contra la dictadura, un desafío ardoroso a la fuerza y un conmovedor himno a la libertad, no exentos de amenazas trágicas que, seguramente, convencieron a quienes con decantada maestría los recitaron (y también sensibilizaron a la abundante barra brava del FA que asistió a presenciar el evento para dar respaldo a sus legisladores y también a hacer sentir presencia y presión a los coaligados). Esta fue la puesta en escena de una de las payasadas mayores de las 31 personas que conforman el cuerpo, cobrando unos sueldos enormes y disfrutando de prebendas que no tienen los trabajadores de a pie (por ejemplo: su particular seguro de paro).

    La mayor hipocresía residió en oficializar la sesión en sí. Parece ser que los actuales legisladores tomaron enormes dosis de Asombrol y se horrorizaron ante la posibilidad de ser espiados por alguien ajeno a sus propias filas. Descubrieron la pólvora, porque parece ser que esa práctica nunca antes había existido. ¿Acaso no se han espiado siempre los políticos entre ellos? Quizá creyeron que el camarada Vivian Trías hacía promoción turística de nuestro país para Checoeslovaquia; el PCU otro tanto para la URSS/Rusia; que la extinta ministra del Interior Daisy Tournée obtuvo un equipo de escuchas telefónicas de China (que nunca estuvo sometido a control de juez alguno) para adornar un despacho; que el compañero Augusto Gregory se dedicaba a vender chocolatines desde la Dirección de Inteligencia del Estado, y otros tantos ejemplos que nos regala la historia (la antigua y la reciente).

    A veces los legisladores parecen creer que el soberano es tonto, y así fabrican cortinas de humo tras las que esconderse para no enfrentar sus verdaderas obligaciones. La sesión del Senado de ayer fue una de las demostraciones más representativas que revelan cómo muchos legisladores se han ido alejando de la realidad, mostrando que ya largó la carrera electoral y prepararan la captación de simpatías que se traducirán en votos. Basta ver los rostros de Beatriz Argimón, Mario Bergara y Carolina Cosse (por mencionar solo tres casos) en declaraciones ante cámaras para percibir la falsedad y la hipocresía.

    Dijo un viejo pensador sumerio: “Los perros ladran, los burros rebuznan, los hombres se justifican. En este mundo cada animal hace su ruido…” (Guddea de Lagash, 2501 a. C). Pues bien, con la sesión de ayer los senadores no hicieron más que justificarse y tratar de echar las culpas en carro ajeno. Me trajo a la memoria la sesión del 26 de junio de 1973 (Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, T. 286, sesión del 26/27 de junio de 1973), cargada de emotividad pero hueca de contenido, que solo trató de justificar las pasividades personales y las desidias de años anteriores.

    Personalmente estoy muy decepcionado de nuestra clase política, de todos los partidos. En 2019 el soberano votó por un cambio, que no se concretó, como no se produjo antes la madre de todas las reformas ni la que haría temblar las raíces de los árboles. Votó por la promesa de auditorías que nunca se definieron. Votó por orden y el sindicalismo anarquista sigue imponiendo su agenda desestabilizadora. Votó por la promesa de un gobierno de mejores para ver cómo los inútiles rechazados en urnas obtenían empleos públicos muy bien remunerados (Alem García, Julio Luis Sanguinetti, Edgardo Ortuño, por mencionar solo tres casos). Y no se vislumbra una luz de esperanza, en 2024 volveremos a encontrar las listas sábanas con casi los mismos candidatos (porque como bien dijo metafóricamente Esteban Valenti, los políticos nacen con un taco fisher en el culo para atornillarse al sillón del poder).

    Yo ya he vivido más de siete décadas y no debería amargarme por estos avatares políticos, en los hechos he presenciado casos parecidos. Pero me duele dejar a mis hijos y mis nietos un país que en vez de mejorar, empeora, que nada aprende de errores pasados. Y me avergüenza presenciar cómo la hipocresía se convirtió en política de Estado.

    Sóstrato