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    La historia “no oficial”: el atraso cambiario causó crisis de 2002

    La crisis de 2002, tanto en sus orígenes como en sus efectos, “fue una réplica casi perfecta de la padecida en 1982”. La “causa principal” estuvo en el régimen de tipo de cambio predeterminado o “tablita” que operó en esos años.

    Esa es la teoría que desarrolla el contador Carlos Luppi en su libro “2002-2012. La historia no oficial de la crisis y una lección pendiente”.

    Su hipótesis “contraviene la ‘historia oficial’: la crisis del 2002 se originó en Uruguay (...) por problemas endógenos y no exógenos. La causa fundamental fue la debilidad de la economía, provocada por el atraso cambiario (desfase entre el valor del dólar y de la moneda nacional, que al disminuir la competitividad de la economía produjo un escenario de recesión y desocupación largamente incubados) y por el privilegio descontrolado concedido al sistema financiero” con el propósito de convertir a Uruguay en una “plaza financiera internacional”.

    “Esa fue la raíz de la crisis y los responsables en abonarla fueron uruguayos, si bien es cierto que esa catástrofe socioeconómica” estuvo enmarcada en algunos fenómenos de alcance mundial, como las “políticas económicas neoliberales”, la “decadencia de las elites gobernantes” y la “degradación de valores”, agrega el autor.

    “La crisis no hubiera tenido lugar si hubiera terminado la recesión defendiendo la competitividad, devaluando, como lo indicaba el sentido común, en 1999” cuando lo hizo Brasil, afirma el autor.

    ¿Nueva crisis?

    La posibilidad de una nueva crisis como la de 2002 no es inverosímil, dice Luppi, porque la “bonanza” que vive la economía del país “depende de variables externas que están cambiando aceleradamente en contra” y dado que se va “empedrando (otra vez, como en 1980 y en 1990) el camino” con medidas “contraproducentes (como el mantenimiento del atraso cambiario, las altas tasas de interés, apostar a la inversión extranjera y a proyectos con impacto negativo en el medioambiente)”. Eso al mismo tiempo que es posible una “gran crisis financiera en la Argentina”, opina.

    El autor identifica varias “vulnerabilidades” del actual modelo económico.

    Por un lado, la inseguridad pública, que “tiene una relación directa con la economía”, según afirma. En una línea similar se refiere a la distribución de la riqueza. También el origen esencialmente primario de la mayor parte de las exportaciones del país (más del 65% son materias primas), el proteccionismo en la región, el “constante aumento de la deuda externa y su nivel”, y una “eventual ‘burbuja de plástico’” relacionada con el aumento del crédito.

    “O sea que una crisis como la de 2002 (a pesar de la ‘bonanza’ actual, que también hubo en 1998) sería posible, aun cuando se crezca al 5,7% y se vendan miles de autos. (...) Quien diga lo contrario, o que afirme que ‘estamos blindados’, (....) por decir lo menos, peca de soberbia”, señala.

    Se refiere además a la “acción permanente de grupos conservadores (muy poderosos entre el empresariado), que apuestan a una crisis económica para retornar al poder”.