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    La importancia de la política

    Sr. Director:

    En Favor de la Política. Uruguay siempre se caracterizó por tener un sistema político consolidado, ejemplo en la región. Se observa en el mundo un debilitamiento de los partidos políticos. En nuestro Uruguay por ahora no es así, aunque los ciudadanos son cada vez más independientes al ejercer su derecho al voto y la pertenencia sólida a los partidos ha disminuido. Eso no es malo en sí mismo. Pero es un síntoma peligroso. 

    Los partidos políticos son los que canalizan las expectativas de los ciudadanos y son, además, la garantía republicana que puede evitar los desbordes que atenten contra la calidad de las democracias. Alcanza con observar lo que ha pasado y pasa en Brasil con un complejo sistema de pequeñas organizaciones políticas que un día están aliadas, pero al otro día pueden estar enfrentados todos contra todos. O como en Argentina, donde se forman grupos hasta provinciales que giran en torno a figuras que aparecen por encima de las estructuras, al estilo mesiánico. O la realidad anárquica que viven los españoles. Esto lleva a que se generen liderazgos que muchas veces son circunstanciales, de popularidad y éxitos efímeros basados en campañas de comunicación potentes y fuertes inversiones económicas. Hay sobrados ejemplos en el mundo y, generalmente, la consecuencia es un debilitamiento de las instituciones cuando no problemas de gobernabilidad

    En Uruguay, hubo intentos de crear movimientos sin estructura orgánica partidaria. Fracasaron en el pasado y la actual realidad política también en cierta medida habla de ello.

    Según el último sondeo del Latinobarómetro de 2018, el apoyo de los uruguayos a la democracia cayó nueve puntos y es el nivel más bajo desde 1995. Pese a la baja en el apoyo a la democracia, solo un 18% se muestra indiferente a tener un régimen democrático o no democrático ubicándose Uruguay entre los países menos indiferentes. El régimen autoritario, en tanto, es apoyado por un 16%, según la última encuesta realizada por equipos consultores para el estudio.

    Son datos a tener en cuenta, sin duda; más si existe cierta prédica desde sectores sociales en contra de la política de la que se hacen eco varios políticos o ciudadanos que incursionan en la política, pretendiendo arrimar agua para su molino electoral sin darse cuenta que esto lleva a posiciones que radicalizan a la ciudadanía y abonan cierto sentir antipolítica.

    Mientras escribía este artículo, entre rato y rato, tuve la oportunidad de leer una muy buena columna de Pablo da Silveira publicada en el diario El País el 2 de abril que recuerda una fecha histórica. Dice que nada menos “se cumplieron 34 años y 32 días de funcionamiento continuo de las instituciones democráticas (el cómputo empieza el primero de marzo de 1985, cuando Julio María Sanguinetti asume su primera presidencia tras ganar las elecciones de noviembre de 1984). Esto significa que desde ayer estamos viviendo el período más largo de continuidad democrática que hemos conocido los uruguayos. Nunca antes hubo tanto tiempo de democracia sin interrupciones”.

    Vaya dato en función de lo que estamos escribiendo. Muchas veces las personas no valoramos las cosas buenas que se tienen hasta que se pierden. Y, además, las cosas buenas para que perduren deben no solamente cuidarse, sino también, como a las plantas, regarlas para que sigan vivas.

    Es notorio que hay responsabilidad del sistema político que debe hacer su importante autocrítica y correcciones. Pero no hay que dejar de tener en cuenta que la política es un extracto de la vida en sociedad y, como en todas las ocupaciones, hay buenos y malos empleados, buenos y malos ciudadanos. Hay que exigirle claro está al sistema político, pero también hay que tomar en cuenta que sin política y un sistema de partidos fuerte, los riesgos de gozar vivir en democracia son enormes.

    Por eso el dato que recuerda Pablo da Silveira es muy importante para reflexionar todos. Más si en ese período hubo alternancia y gobernaron los tres principales partidos del país. Con sus improntas, pensamientos ideológicos, virtudes y defectos. Y en ocasiones con gobiernos de acuerdo o coalición, lo que habla de la existencia de madurez política. En definitiva, siempre define la gente, lo que es una gran cosa.

    Uruguay históricamente fue reconocido mundialmente por su calidad democrática y por la fortaleza y vigencia de sus partidos políticos. Con ciertos datos que pueden preocupar, igual lo sigue siendo en comparación con una enorme cantidad de países de la región y el mundo. Y deberíamos valorarlo.

    Cuidado que a veces la prédica antipolítica dentro y fuera de la política y las aventuras electorales son las que allanan el camino para debilitar la democracia y abonan los quiebres institucionales.

    Luis Hierro Freigedo