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    La investigación científica se consolida en la Antártida uruguaya con “una estructura funcionando”, pero aún “falta una estrategia”

    El “investigador antártico” es diferente a otros investigadores. “Una cosa es ser investigador acá —en Uruguay— y otra cosa es ser investigador allá”, dijo a Búsqueda Juan José Abdala, coordinador científico del Instituto Antártico Uruguayo (IAU). Desde el traslado y el alojamiento hasta los requisitos, procedimientos y condiciones para tomar muestras y analizar, en la Antártida todo es distinto. Además, realizar investigación allí es un “mandato legal” para Uruguay por pertenecer al Tratado Antártico, que toma valor de ley y lo exige a quienes están presentes en este continente.

    Por varios motivos es que Abdala opina que es necesario formar investigadores antárticos uruguayos, contar con una cátedra, con más incentivos económicos y de procedimiento para hacer crecer la ciencia antártica, que hasta el momento tiene una estructura pero carece de “estrategia” clara a largo plazo.

    El IAU tiene un presupuesto anual que ronda los 1.3 millones de dólares y entre 10% y 15% es destinado a la ciencia cada año, informó Abdala, quien explicó que los gastos en logística se llevan gran parte del dinero. Viajar a la Base Artigas, alojarse por aproximadamente 10 días y regresar luego a Uruguay tiene un costo que ronda los 4.500 dólares por persona.

    “El presupuesto, el monto que manejamos, es adecuado para las capacidades que Uruguay tiene —en la Antártida—”, dijo el brigadier general Ismael Alonzo, presidente del IAU, quien habló con Búsqueda desde la Base Artigas en la Antártida.

    Allí las actividades que se realicen “necesitan planificación” de visitas y traslados y las investigaciones deben tomar en cuenta el impacto ambiental. “Tenemos que ser absolutamente transparentes”, dijo Abdala. Según el Protocolo de Protección Ambiental, el motivo de establecerse en la Antártida es la investigación y la conservación.

    Investigación.

    En la Base Científica Antártica Artigas se realizan actividades de recolección de datos meteorológicos con dos estaciones automáticas de Meteorología y también mediciones de ozono y radiación como parte de un proyecto financiado por la empresa Dermur. Además, el Servicio de Oceanografía de la Armada lleva a cabo trabajos de registro y monitoreo en las aguas y el Servicio Geográfico Militar en tierra “cumple un rol muy importante” en la toma de datos y conocimiento del área porque hace un trabajo “ordenado y perfecto” y luego envía los resultados a Alemania como parte de un proyecto del Comité Científico sobre Investigación Antártica (Scar).

    Pero “estas actividades no son investigación científica” sino “actividades de investigación”, destacó Abdala. La información que se genera no es aprovechada por la academia para su análisis y el posterior planteo de proyectos e hipótesis de trabajo.

    “Hay que trabajar para que esa información que se genera se conecte con el sistema académico y se transforme en un proyecto científico. La ciencia antártica tiene que dar el paso”, opinó el coordinador científico del IAU.

    A la Antártida acuden equipos de investigación de la Universidad de la República que realizan sus trabajos de recolección de datos, como los grupos de Microbiología, de Medioambiente, Atmósfera y Ciencias de la Tierra del Instituto Clemente Estable y de las Facultades de Química, Ingeniería y Ciencias.

    “Esta foto hace 10 años no estaba. Además, mejoraron las condiciones de alojamiento” para que los científicos puedan hospedarse, aunque aún resta equipar a los laboratorios, reconoció Abdala. “Uruguay está en su mejor momento de la investigación en la Antártida”, declaró Abdala, pero reconoció que si bien “hay una estructura funcionando”, aún “falta una estrategia” a largo plazo para poder desarrollar la “ciencia antártica” y tener “investigadores antárticos”.

    Escuela de Verano.

    El próximo martes 4 saldrán en un vuelo del Hércules científicos, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias para participar de la Primera Escuela de Verano de Introducción a la Investigación Antártica.

    “Lo relevante de esta acción de Facultad de Ciencias (FCien) es que se trata de un instrumento para capacitar recursos humanos que es un déficit que tenemos”, opinó Abdala.

    La FCien en su primera edición contará con cinco talleres en varias áreas pero no incluye todas las que el Comité Científico sobre Investigación Antártica (Scar) establece como relevantes, reconoció Abdala, y opinó que hay mucho trabajo por delante para hacer crecer la ciencia antártica. Además, proponer una nueva línea de investigación en el continente helado implica mucho dinero y tiempo de trabajo, con el que no todos los grupos de investigación cuentan.

    Forzar o formar.

    “La gran mayoría de los investigadores que hay trabajando en la Antártida en proyectos vinculados con la Base Artigas son ‘prestados’ —no son científicos antárticos sino que han trabajado en otras áreas en Uruguay—. Pasan a ser investigadores antárticos por experiencia, porque no hay una cátedra de estudios antárticos”, una carencia que, a largo plazo, “pone en peligro” la continuidad de este perfil de investigadores, según Abdala. Si faltan incentivos “mañana pueden dedicarse a otra cosa”, agregó.

    “Para que la investigación antártica continúe hay que formar recursos humanos. Como ocurre en Microbiología. Hay estudiantes que están haciendo tesis de grado, otros tesis de maestría y de doctorado sobre temas de la Antártida. Se está consolidando un área del conocimiento”, opinó Abdala, que además es delegado del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) en el Consejo Directivo del IAU.

    “Forzar la investigación antártica generando recursos humanos de abajo —como comenzará a hacer la FCien capacitando a un grupo de 16 estudiantes— es un mecanismo”, una de las opciones para fortalecer esta área, agregó.

    Muchos de los investigadores que están participando se fueron formando en sus trabajos con sus profesores y asesores internacionales o con su propio esfuerzo. “Es un camino lento, desordenado, y su éxito está. Necesita formalizarse en una cátedra de estudios antárticos, interdisciplinaria, interinstitucional, dentro de la cual la Escuela de FCien sea uno de los puntos. Es necesario que los participantes se junten”, opinó Abdala.

    Otra forma es a través de becas a investigadores para que se capaciten afuera, en sitios como Brasil, aunque esa no es la mejor, según Abdala, quien apoya la idea de desarrollar una cátedra en Uruguay.

    “Fondo de investigación”.

    El decano de Facultad de Ciencias, Juan Cristina, el ex presidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) Rodolfo Silveira y Abdala prepararon un documento que entregaron a las autoridades del MEC en el que proponen cambios para incentivar la continuidad de la investigación antártica y la estabilidad del sistema científico con mayor aporte de dinero para poder financiar nuevos proyectos de estudio, por ejemplo, a través de ANII. Esa propuesta hasta el momento no obtuvo ningún resultado concreto.

    “Tiene que haber un fondo de investigación antártica que hasta ahora no hay”, indicó el coordinador científico del IAU. De todos modos, aclaró que “hoy todos los buenos proyectos tienen fondos”.

    Hace cinco años se firmó un convenio entre el Ministerio de Defensa y la ANII mediante el cual la Agencia se compromete a destinar 350.000 dólares como máximo para financiar estudios estratégicos. El único instituto del Ministerio que podía aplicar era el IAU porque tenía dinero para destinar a la contrapartida exigida. Sin embargo, el “mecanismo no se ha puesto en aplicación”, admitió Abdala y reconoció que la demora es en parte su responsabilidad junto con otras personas dentro del Ministerio y de la ANII.

    En 2013 se realizó un llamado a proyectos en ejecución que ya el IAU estaba financiando para extender el plazo y se lanzó una convocatoria a proyectos piloto, que incluía una ida a la Antártida para explorar nuevas posibilidades de investigación allí. Se presentaron 20 propuestas. Abdala informó que los proyectos han sido evaluados y ahora esperan la decisión del Consejo Directivo para asignar y comunicar los ganadores.

    De todos modos, hace falta mejorar “el sistema de premios y convocatorias”, comentó. Las actividades de investigación que se realicen en el continente antártico deben estar aprobadas por el IAU y su impacto ambiental evaluado.

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