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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de largos días llenos de dudas, concluyo que debo expresar lo que pienso a quienes han sido hasta ahora mis compañeros de estudios. Son preocupaciones que se agolpan y me hacen pensar qué ocurrirá en nuestro país.
Ya pasó más de medio siglo que nos encontramos por primera vez y nos fuimos conociendo.
Ocurre que pensando en el tiempo transitado han acaecido diversos e importantes eventos, entre ellos sociales y políticos, que nos han afectado hondamente en nuestra carrera y nuestras vidas, a los que me quiero referir porque, desde mi punto de vista, tengo responsabilidad ante la sociedad que me permitió estudiar y avanzar en Medicina.
Recordemos los acontecimientos vividos, desde el fin de una despiadada y lejana II Guerra Mundial que nos influyó hasta ahora.
Desde la niñez supe lo que era una guerra, el destierro, las revoluciones y el odio que rodea ese ambiente y, luego, la política. Lo viví en mi casa.
Los hechos sociopolíticos internos de los años 50 y 60: discusión, división, partidismo, caudillismo, repartijas y estancamiento de la Nación.
La creación de la autonomía y Ley Orgánica universitarias y sus resultados.
La Revolución cubana y su efecto sobre una sociedad uruguaya dividida por intereses foráneos que apenas entendíamos pero que influyeron intensamente favoreciendo divergencias; más guerras en el mundo (el gran negocio). Hungría, su revolución e invasión cruenta. París 1968. La caída del Muro de Berlín.
Realmente no nos trajeron ningún beneficio sino aislamiento y pérdida de valores esenciales. Solo positivos para los grandes intereses, los aprovechadores y serviles.
En este contexto de desconfianza entre nosotros, ansias de poder, el germen para crecer en libertad nacional e internacional culmina en el deterioro social interno, gracias a gobiernos debilitados por rencillas partidarias, amiguismos para seguir en el poder. Un Estado que crece al vaivén de los votos. La creciente inestabilidad social sin crecimiento en todos los órdenes de la vida y revolucionaria para quebrantar el orden institucional, nos arrastra al militarismo, situación que no tuvo otro resultado que ahondar las disidencias sin ninguna solución positiva. Sin contar con un espectro político ni social firme que tuviese que ver con los principios de Nación libre y soberana sino que se ofrecían favores políticos externos e internos y el desinterés característico que envuelve nuestra historia cívica y social, donde lo venido de afuera en general trajo grandes problemas en lugar de ayudar. Un país sin rumbo ni políticas claras.
Seguimos como en los inicios de la patria. Ahora, no arrasando los campos sino las mentes. No se obtuvo nada positivo; lo contrario, odio y rencor, que fue aprovechado y propagado por los extremos para su eterno beneficio.
No escapó nuestra Facultad de estos avatares. Fue pasto de experimentación junto con el resto de la Universidad para la creación de un engendro irracional.
El quietismo con nuestra anuencia; dejamos que los intereses políticos personales, grupales y extranjeros campearan a los principios universitarios verdaderos y propios.
Miremos un poco lo que heredamos, lo que fuimos, lo que somos y lo que dejamos.
Recibimos una gran Facultad, orgullo no solo del país, inaugurada su casa a inicios del siglo XX, creada con la intención de ser mejores. Una trayectoria de logros en el conocimiento médico que hizo que nuestra pequeñez y corta vida en libertad no fueran obstáculo para la ciencia y el progreso.
Cada uno de nosotros contamos con vivencias de esos momentos: respeto a nuestros mayores y reconocimiento a los ilustres que nos guiaban y orgullosos de tenerlos. Varios de ellos padres o familiares de nuestros compañeros. Había nacido el germen para crecer en libertad y cumplir con los principios de ciencia e investigación en una casa de la que nos sentíamos orgullosos, hechos que se fueron perdiendo en la tormenta de disidencias políticas que nunca tendríamos que haber permitido en el ámbito universitario de la ciencia médica, estando ese espacio político en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Perdimos el norte, nos metieron los agitadores y la política por delante y los intereses de grupos que nada tenían que ver con Medicina. Pero que fueron el combustible aprovechado por los mediocres para crecer y echar leña al fuego: divide y gobernarás; más bien, dominarás.
Miremos el estado en que quedó la Medicina actual.
Me da vergüenza ya hace mucho.
Echar una mirada al edificio de 1908: ¿qué queda de él? Su esqueleto y suciedad, un club político de poca monta. Rememoremos cuando pisamos por primera vez su atrio y su Salón de Actos que nos recibió; miremos lo que es hoy.
Nuestra moral, por el suelo. Es un edificio vacío de conocimientos y esperanzas. Carecemos de gente.
El resultado en el pueblo: no se respeta a los médicos porque se han perdido los valores éticos del Hombre y dejamos que eso ocurriera amén del deterioro intelectual y científico.
Se habla de medicina como si fuera un comercio cualquiera.
El principio de medicina como ciencia e investigación quedó por el camino de los tiempos.
No existe el respeto por el desarrollo y mirar adelante. Solo interesa cuánto se gana hoy y no importa el ser que se entrega en sufrimiento. Esto lo vivimos a diario en los últimos 40 años, calladitos: dejar pasar, dejar hacer…y ¿qué les espera a los que nos siguen?
Por lo tanto, si hubiera humildad, tendríamos que aceptar la culpa de lo ocurrido, vivido, y aprovechar que somos los restos de una escuela que tuvo principios, fines muy claros y tenemos los resabios para poder reconstruir la Facultad que fue.
Para ello hay que primero aceptar lo ocurrido y la realidad actual.
El sistema no sirvió ni sirve, tiene que cambiar, claro, simple y conocido.
Las ideas que nos injertaron hay que extirparlas para no facilitar el éxodo que nuestra patria conoce: salvar los principios y quienes lo detentan sin considerar la política en el ámbito de Medicina.
Los sindicatos y otros inventos creados como salvavidas del sistema imperante o con fines distorsionados tienen que dejar de funcionar para que los médicos que tienen años, conocimientos, experiencia y deseos de ver progresar la Medicina, hagan algo por ella. Es decir, no persistir en obstruir las brechas sino crear los caminos con gente de respeto y experiencia, que la tenemos.
Sabemos cómo se tiene que actuar y comenzar como se hizo al inicio; solo los valores reales, no los creados por el sistema.
Esta es la propuesta: somos portadores de un bagaje de experiencia ganado en tantos años. Ya somos viejos para que nos interesen los llamados méritos que tanto mal nos hicieron al valorar lo que no es ciencia sino intereses personales y grupales. Salvemos a nuestra casa y a la sociedad.
Ciencia es lo que se necesita con gente con principios y donde el futuro es necesario para los demás a corto y largo plazo. Porque no nos vamos a quedar sino que debemos transmitir primero seriedad como personas, seriedad como médicos. Tenemos poco tiempo; así es la vida que nos resta. Apostemos lo que nos queda para tener una Facultad de Medicina como supimos heredarla.
Entender que la investigación en Medicina crece con la gente que la hace grande en el terreno de las ciencias para beneficio del pueblo.
Si no lo entendemos así, la globalización hará que quienes puedan, como a políticos y otros individuos a quienes nada les importa de este tema, se vayan a centros del exterior para su atención personal médica. Lo mismo quienes tienen poder económico: parten a donde se hacen las cosas mejor mientras el oscurantismo y la desazón se perpetúen en nuestra patria.
Recordemos la historia nacional, cómo nacimos, cómo se luchó, en ocasiones por influencias que no enaltecían; nunca tuvimos apoyo de los vecinos, solo interés en conquistarnos o aprovecharse.
Quien lo considere una utopía, no lo tome. Pero dejamos que ocurriera. Sabemos que hay que cambiar, mas nada se hace.
Pensemos, recordemos nuestra historia, luego nuestras vivencias y veamos fríamente la realidad a la que llegamos. ¿Quiénes somos? ¿Qué esperamos para los que nos siguen? ¿Nos importa en algo la patria?
Carlos Sarroca
CI 1.790.459-8