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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDijo el presidente que nos tenemos que preparar para la “nueva normalidad”. Creo que en materia sanitaria tenemos más o menos claro qué significa la adopción de nuevas conductas sociales, ahora en asuntos económicos y laborales es más difícil prever la deriva.
Políticos y economistas convergen bastante que en presente y futuro la salida al problema socioeconómico del Covid-19 inevitablemente será con más déficit y por lo tanto con endeudamiento y emisión y su consecuente inflación. En cambio en materia de relaciones laborales no está tan claro si va a haber una deriva o no. Es obvio que si partimos de mantener el statu quo actual no hay muchas alternativas a esas dos posibilidades en lo económico y en lo laboral el desempleo se disparará y no volverá a su eje que de por sí ya era malo a fines de febrero.
Es evidente que en lo económico los paradigmas están cambiando y aunque estamos aún en la mitad de la tormenta y no sabemos cuán intenso va a terminar siendo el avance del Estado en las economías privadas, sí sabemos que va ser mucho más de lo que cualquier liberal admitiría en situaciones normales. La pandemia pasará pero la resaca que va a quedar va ser mucha. Aunque imaginemos en un futuro una economía como la anterior a la del 13/3 el desempleo no va a volver a su situación anterior y el invitado de emergencia que es el Estado se va a quedar más tiempo de lo deseado en otra circunstancia. No solo tendrá que hacerse cargo de los que ya se venía haciendo sino de las decenas de miles que no van a volver a sus trabajos, ya que muchos de esos puestos se mantenían más por una inercia que por real necesidad de la demanda laboral, y tanto los precarios o los de poco valor agregado no van a volver, por lo menos a la formalidad.
También el Estado tendrá que lidiar y arbitrar con las consecuencias de la rupturas tanto de la cadena de pagos como la de los contratos. La retirada del Estado de su intervención económica no va ser ni corta ni mucho menos fácil, la distorsión provocada es inmedible y su intervención es como un arpón, entra fácil pero sacarlo es difícil. No es una crítica, es la inevitable consecuencia de una solución primaria a la emergencia.
Así como este gobierno de convicciones liberales abdicó de ellas para implementar soluciones de neto corte “keynesiano”, ya que dado las circunstancias no hubo otra opción, si el mundo laboral pretende salir de esta crisis con las rigideces actuales, vendrá la recuperación económica pero el desempleo seguirá siendo muy alto y estructural. Entonces, así como las posiciones liberales tuvieron que renunciar para enfrentar esta crisis económica, las posiciones sociomarxista van a tener que aceptar las libertades de los contratos de trabajo para que sobre todo los sectores más vulnerables no caigan en una desocupación endémica. Así como también los empleados públicos se van a tener que avenir a las leyes del mercado porque la sociedad no va a tolerar más sus privilegios y su precaria productividad, los cuales han quedado harto evidenciados en esta pandemia.
Ahora bien, ya sabemos que el Uruguay no ahorró en tiempos de vacas gordas y que malgastó etc., ya ni vale la pena abundar en el tema. ¿Qué otras alternativas tiene para no recurrir al endeudamiento o la emisión? ¡¡¡¡Tiene activos!!!!
Tiene empresas públicas y SA satélites de derecho privado no estratégicas así como cientos o tal vez miles de inmuebles improductivos e innecesarios de altísimo valor. Pensemos que solo el INdeC tiene 600.000 hectáreas de las cuales puede disponer en un proceso relativo de tiempo de unas 450.000.
Que, por ejemplo, el Ministerio de Defensa tiene inmuebles enormes de altísimo valor en los mejores lugares de la ciudad y tantos otros en el interior del país. Las intendencias también tienen cientos y cientos de inmuebles improductivos, la flota de autos se multiplicó por 15 en 15 años y así se podría seguir sumando. ¡¡¡¡Y todo eso no son cientos… son miles de millones de dólares!!!!
En definitiva, en lo laboral la libertad y la flexibilidad es el camino inevitable para la recuperación del mismo y en lo económico tenemos un Estado rico pero sin liquidez y con ciudadanos pobres. ¿No será la hora de ir por otros caminos y no repetir las malas soluciones de siempre? Abruptamente la sociedad ha tomado conciencia tanto de sus fragilidades como de sus fortalezas y privilegios. Ha tomado conciencia de sus obligaciones y la palabra derechos salió del radar.
Si no es en esta circunstancia, ¿¿¿en cuál va a ser???
Martin Otero
CI 1.684.646-0