• Cotizaciones
    martes 23 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La película Wilson

    Sr. Director:

    Se trata de un filme documental, con clara destreza técnica y de fotografía. Es de destacado acierto el despliegue de un ritmo de acción, de la misma naturaleza vertiginosa que Wilson imprimió a su vida personal y política.

    El estilo del protagonista, de líneas tan directas, condujo a afinidades firmes y antagonismos severos. Por ello al encarar su biografía resultaba fundamental —para sus realizadores— poseer suficiente distancia ideológica.

    No fue el caso, por lo que el trabajo se ve tendencioso.

    Wilson, si bien se inició en la política muy joven, logró la mayor repercusión pública con las sonoras interpelaciones a varios ministros del gobierno de Pacheco Areco. Allí se notó más su brillo y contundencia, a lo que sumó la particularidad de una de sus armas más temibles, la ironía. Aquel compendio de acción que resaltó tanto su personalidad y le dio impactante éxito público, es mentado en la película, pero casi sin mostrar imágenes; es más, ni se narra con la necesaria dilación, para facilitar al espectador su comprensión. Se oye su voz lejana y en breve lapso. Quien esto escribe, presenció esos eventos legislativos a los que acudían todas la televisoras principales, filmando largamente esos pasajes.

    ¿Habrá sido destruido todo aquel material? ¿O simplemente no se utilizó? Precisamente, esos episodios le valieron el mote de “fiscal de la nación” y edificaron el basamento de su candidatura. En este filme solo se sobrevuelan y no dan la talla de ese hito, uno de sus más relevantes de aquella carrera política.

    En otro orden, se invierte tiempo en personajes poco elocuentes de su entorno, como una prima que narra largamente con especial nadería sucesos totalmente intrascendentes. Las cámaras se detienen con largueza y sin inocencia, en las propiedades que Wilson tuvo, las estancias, una casa importante en Punta del Este, otra lujosa en Carrasco y el campo que adquiriera para pasar su exilio en Argentina, ingredientes que lo sitúan en una zona privilegiada de la sociedad, lo que da pretexto para que quienes no lo conocieron, supongan que en realidad era “otro integrante de la oligarquía”, lo que podía erosionar su figura. Sin embargo, los realizadores sabían que todo ello debió ser enajenado para costear su vida en el extranjero, mientras luchaba por el país a la distancia. La izquierda coloca estas cosas con sutileza y hasta se ofende ante su señalamiento.

    La película recogió muy buenos aportes de parte del compañero de fórmula presidencial de entonces, Carlos Julio Pereyra, quien lo define con gran claridad y estima. También los hermanos De Posadas, Juan Martín e Ignacio, intervienen esclareciendo puntos desconocidos hasta ahora, como la forma en que se tuvo que exiliar la noche del golpe de Estado. Asimismo, se internan en detalles del pensamiento y el ideario que sustentaba.

    Luis A. Lacalle surge allí con una descripción distante, aunque reconociendo aquella estatura. Recuerda que “padecía de divismo” y que durante el exilio no tuvo contactos directos con el personaje.

    Nos parece que se debió ubicar también a algún representante sencillo, rural, de pueblo, de entre los cientos de miles que lo votaron y siguieron —jóvenes que hoy serán maduros o mayores— como para prestar su colaboración testimonial. Teniendo en cuenta que aquella gente consolidó la dimensión de este caudillo moderno, se notó la falta de esas presencias.

    Otro dato de gran importancia faltó a la cita en aquel discurrir de Wilson. El discurso que la noche del 27 de junio del 73 pronunciara en la Coordinadora del Cerrito: fue allí y no en el Parlamento donde dejó su testamento de acción para el país y la militancia. No podía alertar al gobierno militar de su proyecto. Describió en ese momento la conducta de doble discurso del gremialismo vernáculo, afirmando “que en este país, los proletarios son cada vez más propietarios”; declamó a propósito del Partido Comunista: “¡Con totalitarios, nada, nada, nada!”. Esclareció que “si no fuera por la CNT y el Partido Comunista, aquí no habría golpe de Estado” y dio su línea mayor de acción a sus seguidores, con la frase que resuena hasta hoy día: “Se es blanco todo el día; se es blanco toda la noche, se es blanco en el café, en el fútbol, (…) pero además se es orgullosamente blanco, (...) que nos envidien los otros”. Todo un documento para el pueblo nacionalista que interpretó de inmediato el alcance de su pensamiento.

    Decíamos que este legado wilsonista fue cuidadosamente ignorado en su tamaño, oportunidad y contenido, por los hacedores del trabajo fílmico que venimos comentando. No fue casualidad.

    Eso sí, se trajo de los pelos a integrantes de la guerrilla tupamara, como Marenales y Mujica, que estaban detenidos desde antes del exilio de Wilson hasta su regreso en el 85, por lo que sus testimonios no podían ser de primera mano, Pruebas al canto: no dijeron nada, algún parecer personal inocuo que no vino a cuento. Luego se acarreó a escena un integrante del PIT-CNT que pretendió dar razón al Pacto del Club Naval, explicando que no hubo más remedio que pactar por la presión que causaba el importante número de presos políticos. En este caso el invitado gremial cumplió con el notable aporte de “confesar“ la existencia de dicha tranza , que el expresidente Sanguinetti sigue negando hasta nuestros días.

    Pero hubo más inserciones forzadas. Como la del conjunto de Los Olimareños, quienes no cultivaron a Wilson en el exilio, lo vieron una vez que otra, pero fueron “los indicados” para darle a toda esta obra de Gutiérrez el marco musical con letras tendenciosas de exclusivo cuño izquierdista. Ellos aportaron su mirada capciosa hacia el político blanco, incluyendo ironías en torno al proyecto de Reforma Agraria en las elecciones del 71.

    Finalmente, describen a Wilson como un “tipo que vieron solo, llorisqueando en la platea” a quien luego reconocieron, en el curso de un recital del grupo, en el extranjero.

    A integrar este trabajo fílmico fue citado además, el infaltable politólogo Caetano, hombre de la gauche que tampoco se sabe a santo de qué se le pidió expresión; no pudo haberlo conocido debido a su edad y, si era en razón de sus conocimientos, hubiera servido al propósito, también un blanco, un colorado o un independiente… pero se lo llamó a él.

    El colmo de la “colaboración” forzosa lo constituye Esteban Valenti, un comunista aventurero que anduvo por el mundo entre su Partido y los criticados negocios que emprendió, aterriza en el filme como si tuviera algún espacio para hacerlo.

    Sin embargo, algo que la película muestra con destaque importante, y debe ser reconocido, fue nada menos que el esfuerzo fantástico, coronado de éxito, que realizó y logró Wilson en el extranjero, para que los EE. UU. suspendieran la ayuda en armas que se le otorgaba a la dictadura militar.

    Su denodado esfuerzo, prestigio y contactos febriles dieron con el logro de la llamada Enmienda Edward Koch (así llamada, por ser de la autoría de ese congresista), la moción que encontró éxito en el Congreso Americano proponiendo el cese del aporte en cuestión.

    Ya, sobre el final de la película, sobreviene la penosa enfermedad que asalta al protagonista. Nos pareció muy dilatado este espacio, de mal gusto por lo hiperrealista, con ribetes morbosos e imágenes muy cercanas a la propia agonía, lo que se podía haber evitado.

    Pero eso a lo que señalamos como equívoco y amañado en el film, surge igualmente que en su vida real, la enorme grandeza de sus perfiles, de su presencia, de la imponente estatura política, de aquel espectacular caudillo nacionalista: eso no se pudo evitar.

    Raquel Trobo