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    La pintura, la escena y la cámara

    Sobre un piso de parqué yace el cuerpo sin vida de una mujer joven, vestido con un camisón blanco y con los brazos hacia atrás. A un lado, una estufa a gas, y al otro una taza y una cuchara tiradas. Su piel, sudorosa, luce ese inefable y cadavérico tono cercano al ocre. En la puerta de la habitación, dos médicos (o enfermeros) cubiertos con mamelucos sanitarios blancos de fibra TNT y tapabocas naranjas. Uno de ellos se quita el sombrero en señal de reverencia ante la presencia de la muerte. Al fondo, un hombre reposa en la cama. Tiene muy mal aspecto, ojos cerrados y torso descubierto. Una mujer joven, descalza, posiblemente familiar, mira azorada a los hombres de blanco. Detrás del marco de la puerta, dos personas aprecian la escena. Una mujer, con un celular en la mano, trata de sacar una foto de la muerta, a través del reducido espacio entre los médicos. Abajo, agachado, un hombre de traje, peinado a la gomina, y con una banda a franjas azules y blancas cruzada en el pecho, y el codo apoyado en un maletín, mira en silencio. Como en la obra original, la luz viene de la calle y genera una tétrica escena en claroscuros.

    La imagen es una versión fotográfica de Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, la icónica pintura al óleo de Juan Manuel Blanes, que data de 1871, una de las obras de arte más representativas del pintor, y también una de las más emblemáticas de las artes plásticas uruguayas, a tal punto que el original, expuesto en forma permanente, es lo primero que uno ve al ingresar al Museo Nacional de Artes Visuales. El autor de la instantánea, y de todas las piezas de esta saga, es Alejandro Persichetti, fotógrafo consagrado a la producción de imágenes para los elencos teatrales. Buena parte de los afiches, programas de mano e imágenes promocionales de los estrenos montevideanos llevan su firma. El elenco de intérpretes retratados por Persichetti pertenece al colectivo escénico Primer Ensayo, grupo formado en 2020 que ha desarrollado una serie de escenas callejeras con un claro tono de protesta ante las restricciones a la actividad cultural.

    La foto, titulada #1 La fiebre amarilla y enmarcada en la serie Uruguay: ensayo de una pandemia fue publicada el domingo 18 a las 20 h en los perfiles de Instagram, Facebook y Twitter de Persichetti, Primer Ensayo y sus integrantes. Lo hicieron con la siguiente leyenda: “¿Qué nos devuelve un espejo? La realidad que queremos, buscando el mejor perfil. Actuar y fotografiar interpelan la mirada del espectador. A falta de espectadores en las plateas, salimos a interpretar nuestra dura realidad. No somos números. Abril 2021. Persichetti / Primer Ensayo”. En las horas y días siguientes se replicó con intensidad viral. Solo en la cuenta de Twitter del fotógrafo tuvo más de 170.000 visualizaciones.

    El domingo 25, a la misma hora que el anterior, subieron la segunda pieza de la serie. Se trata de #2 Comedores de papas, una versión de Los comedores de patatas, de Vincent Van Gogh. Ahora hay mate en vez de café, el mantel es de hule a cuadros, una de las mujeres porta tapabocas y el retrato que cuelga en la pared es de José Batlle y Ordóñez. Lo demás es igual: la misma mesa, la misma luz cenital, la misma penumbra, el mismo gesto sombrío en los rostros. “Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Las promesas son ahora, la gente tiene hambre y se impacienta comiendo papas crudas. No queremos otra vez la misma foto. Cuando las papas queman. Abril 2021”, reza la leyenda.

    El grupo trabaja en la sede de Implosivo Artes Escénicas, escuela y sala enclavadas en una casa del barrio Palermo, dirigida por Germán Weimberg y Ximena Echevarría. En la amplia sala que ocupa el sótano de la casa, donde también se montan representaciones, conciben y producen esta serie, de la cual ya tienen producidas las próximas cuatro entregas. Este domingo 2 de mayo se subirá la tercera. Prefieren no adelantar el contenido, aunque es obvio que tendrá el mismo concepto imitativo de una obra preexistente, el mismo carácter de protesta, el mismo balance entre expresión artística y muestra de activismo político. “Esto surgió de la angustia de no poder trabajar en lo que nos formamos, en lo que nos especializamos y en lo que amamos hacer. Y va más allá de lo económico. Reivindicamos la posibilidad de hacer arte, que es nuestro trabajo y nuestra pasión. Y encontramos esa posibilidad a través de esta acción de imitación que propone un cambio de mirada sobre una obra conocida, con el filtro de la situación actual”, dijo Persichetti a Búsqueda.

    El artista visual —y también docente en Foto Club— heredó su especialidad de su padre, Amílcar, quien retrató la escena teatral uruguaya durante décadas, y desarrolla su mismo método de trabajo, cuyo principal insumo es el tiempo, pues se basa en acompañar al elenco durante el proceso de ensayos para desarrollar una propuesta gráfica para cada obra. Esa simbiosis entre el fotógrafo y los intérpretes se plasmó desde el día uno. “Dialogamos mucho, sobre la composición de estas fotografías teatrales y sobre lo que queremos decir. Estamos alineados en ambas cosas, por lo que no ha sido complicado. La diferencia es que ahora también puedo tomar decisiones que en una obra normal corresponden al director”, contó el artista.

    Tanto el fotógrafo como los actores ratifican la explícita vocación contestataria que moviliza el proyecto: “Estamos convencidos de que la actividad cultural no debió ser cerrada. Todos los protocolos y cuidados que tuvimos hicieron de las salas un espacio muy seguro, donde no hubo focos de contagio. Y nos provoca mucha impotencia ver que las iglesias y los centros comerciales siguen abiertos. Allí hay todos los días muchas personas aglomeradas y no pasa nada. Entonces no me cierra la decisión. Es contra la cultura, y si además ves el tema de la falta de apoyos, está clarísimo”.

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