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    La posición del diputado Amado (II)

    Sr. Director:

    Tengo la impresión de que Fernando Amado está perdiendo la brújula. Se asemeja a una confusión que suelen padecer quienes de pronto se sienten líderes (?). No ubican su norte. A veces quieren pescar en distintos lugares simultáneamente; pero en fin: es cosa de cada uno. De repente asiste al acto del día del Ejército y dos días después en la marcha por los desaparecidos. Tiene todo su derecho a hacerlo y a pensar que obra correctamente. También es cosa de él.

    Pero cuando dice que hay pocas posibilidades de alcanzar la verdad sobre los acontecimientos de entonces, y es posible que así sea, su participación en los reclamos de la marcha empieza a carecer de sentido como no sea el de la protesta. Cuando acompaña el acto de los militares, será porque se solidariza con las expresiones del comandante del Ejército que no se corresponden con los objetivos de la marcha. Son actitudes que no resulta fácil de entender por las contradicciones que encierran. Pero en fin: también tiene derecho a confundirse. No a confundir.

    Pero lo de “no dar vuelta la página”, esto ya es un poco más discutible. Para empezar, digamos que este rosario de situaciones lo iniciaron en 1962, gobierno colegiado, plena democracia, una sociedad en calma y en pleno ejercicio de la democracia, un grupo de irresponsables que alentaban una revolución a la cubana para los uruguayos —y su padre podrá contarle mejor la historia— cuando para armarse asaltaron El Tiro Suizo, en Nueva Helvecia. Lo que siguió después costó vidas a la Policía y a civiles de entonces, y tales actos revolucionarios no fueron más que asaltos, secuestros, asesinatos dignos de dementes sanguinarios.

    Sobre la historia de la subversión no está informado sólo quien no quiso enterarse; y cuando el Ejército debió hacerse cargo de la situación, tales “revolucionarios” fueron derrotados y la mayoría terminaron presos. ¿Qué hubiera ocurrido en el país si no hubieran terminado con esa aventura? Lo que vino después tal vez sea a lo que Amado se refiere: fue el golpe de estado y ni el Partido Colorado ni el Partido Nacional como tales estuvieron de acuerdo. Es más: lo enfrentaron como pudieron y tanto uno como otro tuvieron sus propios presos políticos. Por lo tanto, las responsabilidades que imputa Amado a los partidos no son de recibo.

    La dictadura trajo dolores, injusticias, odios a muchos ciudadanos; no hay que negarlo. Eso fue la continuación de aquellos inicios de los años sesenta. Y si afinamos el lápiz, digamos de paso que esa cuenta tampoco fue saldada porque hubo en 1985 una ley de amnistía para quienes se alzaron contra un gobierno democrático.

    Es cierto que durante el período de dictadura ocurrieron cosas que nadie puede justificar por parte de algunos mandos del Ejército. Tampoco se pueden justificar las que cometieron los subversivos. ¿Y entonces qué hacemos?

    ¿Después de sesenta años de las primeras acciones subversivas y de casi cuarenta años del golpe de estado nos seguimos pasando las cuentas? Muchos de los responsables de los desvíos de uno y otro lado están muertos, otros están presos, otros se habrán arrepentido de estas locuras y la sociedad uruguaya en el medio como empantanada en los odios de unos y otros, y las generaciones que llegan siguen sin entender nada, y creo que además ya no les importa porque no pueden sentirlo sino como hechos históricos.

    ¿Hasta cuándo hay que seguir en esta guerrita que sólo está en la mente de —con todo respeto de mi parte— reclaman por el paradero de sus familiares pero cuando tuvieron la oportunidad de acordar con quienes tenían la información prefirieron primero mandarlos presos y después pedirles la información? ¿Se olvidaron de que después de los desgraciados actos de una guerra, o como quiera llamársele, hay que hablar de amnistía como forma de reconciliación de una sociedad y cicatrización de sus heridas?

    La rendición incondicional no suele ser la mejor solución en estos casos. Ahí están los resultados: ¿quién gana? ¿Cuánto tiempo perdieron? ¿Qué piensan obtener de aquí en mas? ¿Qué tienen para perder los militares que siguen encerrados y posiblemente seguirán? ¿Tendrán información para entregar? ¿Por qué no averiguarlo por otros métodos?

    Yo no creo que el presidente del Centro Militar esté tan equivocado. Si se quiere obtener algo, lo que él dice tiene sentido. Claro que no gusta. Pero y entonces, ¿qué hacemos? ¿Seguir como hasta ahora? Históricamente en el Uruguay han sucedido conflictos armados y mucho más graves que este; y siempre se resolvieron por la negociación, la amnistía y la reconciliación. Y después, dar vuelta la página.

    Claro que no faltan los oportunistas a quienes no les importa un rábano la angustia de la gente si pueden obtener ventajas políticas poniendo sal en la herida. Eso también deberían saberlo los familiares.

    Este es un tema que se politizó excesiva e intencionalmente. Y lo seguirán haciendo en la medida que la ideología no los deje escuchar. Recuerdo a Wilson allá por 1960 y pico, contestándole a un periodista creo que del semanario “Época”, Eduardo Galeano: “la historia siempre está compuesta por hechos gloriosos y hechos repugnantes”.

    Yo también creo que es así. Ojalá haya un poco de serenidad en los espíritus que permita arrojar luz en nuestro entendimiento.

    Y ahora, después de haber dicho lo que pienso, me apresto a recibir las maldiciones.

    Luis Francisco Buscarons