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    La reina del Carnaval

    Sr. Director:

    ¿Cómo son las uñas de un varón y las de una mujer? ¿Cómo son las manos de un varón y las de una mujer? ¿Cómo son los pies de un varón? ¿Cómo los de una mujer? Así podríamos seguir con todas las partes de cuerpo, “externas” e “internas”.

    Hay personas que nacen en un cuerpo de varón pero se sienten mujeres y viven su sexo y una identidad distintos a los de los varones y las mujeres. Sucede lo mismo con mujeres a la inversa.

    La sociedad, o mejor dicho los hombres y mujeres que son mayoría, todavía no terminaron de incorporar en lo cotidiano, en el ámbito laboral, educativo, en la salud, en un bar, una plaza pública, esta diversidad, diferencias, o como se le diga por ahora. Ya se vivirá una convivencia en la que no tengamos que usar esos conceptos y todo será sin sorpresas, rechazos, temores, etcétera. Llegará un día en que todo será sin problemas. (I have a dream).

    Todos los experimentos, pruebas, ensayos, cambios, como el feminismo, el no a la doble moral, a la mentira, al engaño en las relaciones entre sexos, la igual consideración entre transexuales, lesbianas, hombres, mujeres, demás opciones, primero se aplicaron en los usos y costumbres. Pequeños cambios —como terminar con la obligación de que el hombre pague en la mesa de un bar, cuando está con una mujer, y muchos más— se gestaron primero en la sociedad en la forma de movimientos, de cambio de usos y costumbres, de nuevas incorporaciones morales. Primero en las experiencias, en las vivencias, en las costumbres, luego en las instituciones tanto del Estado, como en el universo privado, se integraron las consecuencias.

    Uruguay no tiene conciencia de un concurso de “bellas reinas” donde personas que nacieron en un cuerpo de hombre y se sienten mujeres compitan con mujeres. Imponerlo desde el Estado significa:

    * Dar por hecho que son lo mismo tanto las uñas de las mujeres que las de los hombres como todo el resto del cuerpo, externo e interno, así como los sentimientos, las emociones y demás.

    * Que la identidad femenina, emocional y demás de quien nació en cuerpo de hombre y se siente mujer es igual a la de quien nació mujer y se siente como tal.

    Con esta propuesta de este novedoso concurso de reinas, desde el punto de vista institucional estamos ante las situación en que el Estado se vuelve promotor de un experimento que no está en la sociedad. No tiene asidero alguno, pues no cuenta con antecedentes en la experiencia de usos y costumbres, y tampoco con una sostenida elaboración pública, de intercambios, para llegar a instalarlo desde el Estado.

    Se trata de un puñado de personas, con marcados perfiles de conducta y militancia hacia las nuevas posibilidades, sexuales, culturales, etcétera, que se pusieron a crear una más que discutible institución —el nuevo concurso de reinas de carnaval— para imponérnosla a todos los ciudadanos. Lo tradicional y moralmente aceptable es desde los usos, las costumbres, los comportamientos primero y luego las consecuencias institucionales en el Estado y en lo privado. Como es el caso del matrimonio igualitario. Primero la experiencia de la convivencia de personas del mismo sexo, luego la institución.

    En forma incipiente unas normas y métodos “educativos”, desde el Estado, pretenden configurar una nueva realidad en la conducta y relación en el ámbito de la sexualidad, fuera de cualquier antecedente en los usos, costumbres y elaboraciones puestas a consideración en el ágora pública.

    Para recordar: un señor “antiguo” —como muchísimos— detuvo y expulsó a una pareja de mujeres que bailaban en una milonga de una plaza pública. El señor estuvo contemporáneamente incorrecto. El hecho mereció un tratamiento público en el que claramente predominó la censura o simplemente hacer notar que se equivocó. Ahora, las personas “militantes de lo diferente” y que estaban en El Estado, con poco tino o sentido común, lo enviaron de manera coactiva a realizar unos cursos de “género e igualdad” y temas por el estilo.

    Ante estos comportamientos desde el Estado, ¿no estaremos avalando una nueva forma que pretende “higienizar” las almas de todos?

    Si lo que no se quiere es un concurso entre mujeres para decidir quién es reina del carnaval, ¿por qué el Estado no organiza más nada y deja librado a manos de la sociedad civil, a los usos y costumbres, a ver qué sucede? Para llegar a esta determinación se puede aducir que dadas las nuevas formas de sexualidad y convivencia que se están gestando y alcanzando en la vida cotidiana y los correspondientes reconocimientos logrados institucionalmente, el Estado quiere y decide permanecer ausente hasta que los propios usos y costumbres den señales claras de las nuevas orientaciones de cómo debe ser un concurso de reinas del carnaval en estas épocas.

    Fiodora