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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl comandante en jefe del Ejército, teniente general Guido Manini, no fue destituido porque el MPP se opuso a esa medida. El movimiento de Mujica sigue la línea estratégica de Eleuterio Fernández Huidobro. El MPP amparó el desborde.
Supongo que todos los antifrenteamplistas pensarán dos veces antes de seguir aplaudiendo la actitud de Manini: no lo destituyeron porque el MPP lo protegió.
Ahora, con semejante amparo y escudo político, el comandante en jefe, según comentarios en la prensa, “cuenta con el apoyo de todos los generales”. Es decir, Manini suma también el apoyo corporativo al ya manifiesto apoyo del MPP. Si se confirma su continuidad en el cargo, uno se pregunta qué confianza puede tener el presidente Tabaré Vázquez en él después de aplicarle semejante sanción. ¿Qué convivencia puede haber? Por no decir nada del ministro de Defensa, relegado entonces al papel de mero oficinista.
Mientras esto pasa y la democracia entra en triste debacle institucional, la oposición se sume en un pantano de mediocridad y silencio. Peor aún: vimos a Larrañaga arrastrar la institucionalidad en la búsqueda de unas firmitas para su reforma de la Constitución, que incorpora este lío a la misma. Vemos al intendente blanco de Cerro Largo, Sergio Botana, convocando al aeropuerto para recibir al oficial sancionado como si se tratará de Perón. Y quizás mucho peor todavía: nadie en el Parlamento pide la renuncia de Jorge Menéndez, que está pintado al óleo en todo este problema.
Cuando la guerra de las Malvinas, mucha gente se enfervorizó apoyando la reivindicación argentina con las encendidas arengas de Germán Araujo. Por su parte, el inolvidable Dr. Enrique Tarigo no se amilanó ante la gritería de la turba, la cuestión era clara: “Entre una democracia y una dictadura, siempre estaré con la democracia”. Finalmente tuvo razón. Los partidos políticos no pueden ser tibios en su defensa de las instituciones y la democracia. Mucho menos deben caer en la tentación demagógica de auspiciarlos.
Hoy, parecería que Uruguay puja por parir su propio Chávez.
Este 11 de setiembre no tuvimos a un Tarigo, ni tampoco a un Vasconcellos. Se los extrañó demasiado.
Ya no da criollos el tiempo.
Aníbal Gloodtdofsky
CI 1.559.699-1