Atención de salud. ¿Y ahora qué? En primer lugar los hechos ocurridos son absolutamente excepcionales y no sólo provocan un inmenso y compartido dolor en las familias de las víctimas sino que, además, ponen en tela de juicio la actuación de todo el sistema de atención, con consecuencias al día de hoy imprevisibles.
Que el personal de salud actúe intencionalmente para causar daño o la muerte a los pacientes es una situación que creíamos, tal vez en forma inocente, que no podía ocurrir. En forma lamentable hemos visto que no es así.
En los años 90, a nivel internacional se empezó a conocer y reconocer que en los “hospitales” y “sanatorios” ocurrían errores, accidentes y omisiones de muy variada entidad, con efectos graves para la salud de los pacientes.
Se iniciaron entonces las acciones denominadas por la “Seguridad del Paciente” lideradas, entre otros, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se crearon distintas herramientas, una de ellas los “Objetivos Internacionales para la Seguridad del Paciente”.
Es oportuno conocer qué temas abordan los referidos “Objetivos”. Se transcriben en forma casi textual: 1) Identificar correctamente a los pacientes. 2) Mejorar la comunicación efectiva. 3) Mejorar la seguridad de los medicamentos de alto riesgo. 4) Garantizar la cirugía en el lugar correcto, con el procedimiento correcto y al paciente correcto. 5) Reducir el riesgo de infecciones. 6) Reducir el daño al paciente causado por caídas.
Estos objetivos responden a los problemas de “seguridad” que sufren o padecen los pacientes en centros de atención en el mundo entero: se cometen errores en la identificación de pacientes, se administra medicación a otro paciente que no la tenía indicada, se transcriben mal indicaciones o éstas no se entienden, se opera a pacientes por error, se contraen en la internación infecciones que no estaban presentes al ingreso o que no fueron el motivo por el que se internó al paciente, se producen caídas de pacientes por carecer las camas de las barandas adecuadas o porque los baños no cuentan con los elementos de seguridad requeridos.
Esta es la cruda y dura realidad que nos toca vivir y enfrentar a todas las personas. Más acá o más allá, prácticamente todos somos usuarios de los sistemas de atención. No hay lugar a dudas: la mayor responsabilidad nos compete y compromete a los que trabajamos en el sector salud, pero también los pacientes y sus familias pueden y deben ser sujetos activos en colaborar a la solución de los problemas de seguridad en la atención.
Como vemos en Uruguay, además de tener que enfrentar las dificultades de alcance internacional, nos afecta esta situación de insanía criminal de dos trabajadores de la salud.
En estos últimos veinte años los servicios de salud en el mundo han desarrollado y profundizado en los conceptos de “Seguridad del Paciente” y “Calidad y Acreditación”, y en ellos y en su instrumentación han basado sus avances en la mejora de los servicios de salud.
La experiencia de más largo aliento y arraigo en calidad y acreditación la tiene Estados Unidos con la Joint Commission (JC), una organización no gubernamental sin fines de lucro desde hace más de 50 años.
Existe, además, una organización internacional que reúne los diferentes sistemas de calidad y acreditación.
El 80% de los servicios de salud de Estados Unidos está acreditado por esta Comisión. La “acreditación” se puede definir como un proceso voluntario al que se somete una institución de salud, realizado por un organismo externo, que examina y audita todos los procesos asistenciales y sus resultados, según estándares de calidad aceptados internacionalmente.
Una vez obtenida la “acreditación”, ésta tiene una validez de tres años y luego hay que renovarla.
Desde 1998 existe la Joint Commission International (JCI) y al día de hoy ya hay más de 300 hospitales acreditados por la JCI. Además de los norteamericanos, se trata de hospitales europeos, asiáticos y muy pocos de América; en Centroamérica y América del Sur hay hospitales acreditados en México (12), Panamá (1), Colombia (2), Brasil (12), Chile (2) y recientemente dos en Argentina. Se trata de un grupo pequeño e incipiente de hospitales líderes. Uruguay no cuenta con ninguno, más allá de algunos esfuerzos que se están realizando con esa línea de trabajo.
No es el objetivo acá discutir a qué organismo o sistema de acreditación nos vamos a adherir, pero no queda duda de que ese es el camino.
En los últimos diez años se ha realizado una “Alianza estratégica” entre los conceptos de “Calidad y Acreditación” con la Seguridad del Paciente. En los estándares se incluye y refuerzan todos los Objetivos Internacionales para la Seguridad del Paciente.
En Uruguay se destaca y recuerda el “Manual de estándares e indicadores para Acreditación de Servicios de Salud”, publicado en 1996, producto del trabajo de un grupo de expertos y con participación pública y privada.
Lamentablemente este tema luego fue dejado de lado en la agenda de la reforma de la salud, a lo largo de los últimos 15 años.
El otro hecho a destacar es la creación de la Comisión Nacional de Seguridad del Paciente por parte del Ministerio de Salud Pública en 2008 y las Comisiones de Seguridad del Paciente (Cosepa) en cada institución prestadora de salud.
Con este contexto, ¿y ahora qué?
En mi modesta opinión debería haber acciones que, con distinto grado de responsabilidad, comprometieran a toda la sociedad en la solución.
Los médicos todos, en forma independiente de la especialidad, deberíamos interesarnos más por los temas de “Seguridad del Paciente” y tener presente que el paciente y su familia están en un ámbito que desconocen y que les puede provocar temor y angustia. Así que la mano tendida y una escucha atenta es la mejor receta y no caben excusas de ningún tipo para no hacerlo.
Las instituciones de salud y sus responsables, ya sean públicas o privadas, deben trabajar también por la “Seguridad del Paciente” y promover que estos principios guíen los objetivos de la gestión.
El sector privado-mutual (sin fines de lucro), que asiste a las dos terceras partes de la población, tendría que poder liderar las acciones por la “Seguridad del Paciente” y no debería actuar sólo reactivamente a los planteos del Ministerio de Salud Pública.
El Ministerio de Salud Pública puede y debe articular las iniciativas en el tema de “Calidad, Acreditación y Seguridad del Paciente”, con amplia participación de los distintos colectivos: gremios de la salud, prestadores de salud y usuarios.
Finalmente, los usuarios, los pacientes y sus familias deben tener un rol protagónico, conociendo y ejerciendo sus derechos a la información veraz y oportuna, siempre con el objetivo de lo mejor para el paciente y de asociarse al equipo de salud en el proceso asistencial.
La solución a esta difícil situación, creo que está en toda la sociedad y, según como la podamos encauzar, tendremos un mañana más promisorio.
Espero que esta breve reflexión se aproxime al decir del poeta Antonio Porchia: “No hables al menos que puedas mejorar el silencio”.
Dr. Elbio Paolillo
Médico General
Especialista en Administración Hospitalaria