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    La senadora Sanguinetti y la libertad de expresión

    Sr. Director:

    El 6 de abril la senadora Sanguinetti hizo una exposición en la media hora previa del Senado, relacionando el cambio climático con la igualdad de género. La difusión de las palabras de la senadora vía Twitter motivó una catarata de críticas, fundamentalmente dentro de los votantes de su partido, dentro los que me incluyo.

    Las opiniones sobre este asunto, tanto de la senadora como la de sus votantes o exvotantes, dejaron de ser importantes, en el momento en que la senadora Sanguinetti en una entrevista en Azul FM expreso lo siguiente: “En este caso una legisladora, con estos niveles de violencia, pero eso tiene que ser denunciado, tenemos un vacío legal terrible. Tengo justamente uno de mis asesores estudiando este tema. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que puedan libremente decir este tipo de cuestiones?” (sic). La negrita es mía.

    Ya no está en juego el rol del cambio climático y su supuesta relación con la igualdad de género, está en juego la libertad de expresión. Unas horas después de la entrevista en la radio, el diputado Juan Moreno de Ciudadanos, presento una ley para incluir un nuevo artículo en el Código Penal, inflación penal aparte, que reza: “Será castigado con pena de 1(uno) a 3(tres) meses de prestación de trabajo comunitario: el que, a través del uso de cualquier medio digital incurre(sic) en ridiculizaciones, amenazas chantajes (sic nuevamente), discriminaciones, difamaciones y/o injurias hacia otra persona física o jurídica y/o instituciones públicas o privadas (sic, aunque no lo puedan creer)”. Mal escrito y peor justificado, todo a las apuradas.

    La senadora piensa en sus expresiones que el hecho de discrepar en las redes con una representante ciudadana debería ser agravante, olvidándose que en Uruguay no hay diferencias entre los ciudadanos, ni siquiera en las monarquías parlamentarias europeas las hay, democracias perfectas como nuestra república. Las marquesas diputadas no cuentan con un fuero especial, aparte del que le otorga la Constitución por su rol de legisladora, en Uruguay es igual, todos iguales ante ley y ella además tiene fueros. Pero continúa siendo una persona pasible de ser criticada y juzgada incluso si eso le amarga la tarde, el día o la Semana Santa. Los políticos están expuestos a que los ciudadanos en el ejercicio de su libertad los critiquen incluso cruelmente, los ridiculicen y los caricaturicen, como en una revista de humor hace cualquier dibujante.

    Cualquier distraído podría pensar que esta senadora representa un partido con profundas raíces totalitarias como el Partido Comunista o cualquier partido de extrema derecha facistoide, que en la práctica resultan siendo exactamente lo mismo. Mas no, Carmen Sanguinetti, es senadora suplente de Ernesto Talvi, por el sector Ciudadanos que hasta hace poco se hacía llamar liberal progresista. Un sector dentro del partido del presidente Rivera, que ya en 1838 por decreto estableció que “la absoluta libertad de opinar y publicar debe ser un derecho tan sagrado como la libertad y la seguridad de las personas” y además “los ataques de cualquier género que se dirijan por la imprenta, sea contra mi persona, las de mis secretarios o contra los actos administrativos no quedan sujetos a responsabilidad alguna...”. Apuesto que hubiera incluido Twitter u otras redes sociales si en su momento hubiesen existido.

    El mismo partido de Batlle y Ordóñez, que proclamaba lo siguiente: “En una democracia de verdad, el pueblo no debe conformarse con elegir a sus gobernantes, debe gobernar a sus elegidos”, y elegidas, imagino. La senadora Sanguinetti debería en vez de arrastrar a la dirigencia de su sector, incluidos ministros y legisladores en esta deriva reaccionaría más propia de Encarnación Ezcurra y su Mazorca que de un partido liberal y escudo de los débiles, reflexionar, dar un paso atrás, olvidar sus pequeñas venganzas contra sus críticos, liberar de las lealtades a los que han puesto en juego su buen nombre y juicio para defenderla de lo que ella pensaba un injusto ataque machista y pedir disculpas por su exabrupto en Azul FM. Y si no está lista para la vida democrática y sus agridulces recompensas, simplemente debería renunciar y volver al sector privado donde ella se reconoce eficiente y exitosa, y dejar la vida y el servicio público para quienes puedan lidiar con las críticas con mayor elegancia, entereza y dignidad.

    La simpatía en las redes es más volátil que en la vida real. Un político profesional no debería exponer su salud mental (como expresa la exposición de motivos de Juan Moreno) o su paz emocional a lo que conocidos o desconocidos expresen en las redes. En la más famosa de las arias de la ópera Carmen de Bizet, la Habanera, la protagonista canta “L’amour est un oiseau rebelle”, el amor en un pájaro rebelde. El amor en el marco del pajarito de Twitter parece ser aun más rebelde que en la vida, a cierta edad esas cosas ya deberían ser sabidas.

    Ec. Rodrigo Vera

    CI 2.619.436-4