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    La situación en Ucrania (I)

    Sr. Director:

    Finalmente, y tal como se venía adelantando que sucedería, Rusia decidió violar el derecho internacional y procedió a invadir Ucrania. Argumentó tratarse de una operación militar de defensa, no una invasión, para resguardar a compatriotas perseguidos y asesinados en la región del Donbas, y previo reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas de Lugansk y Donetsk, envió a sus fuerzas militares a territorio ucraniano sin que todavía la comunidad internacional sepa a ciencia cierta cuál es el objetivo de la invasión producida. De ser cierto su fundamento, la “operación” debería terminar en cirugía: penetración y toma del poder. Solo así podría proteger a los “suyos”.

    Francamente hubiera preferido continuar hablando del coronavirus y no de una guerra en la que un gigante militar, territorial, económica y poblacionalmente, y que jamás tuvo vida democrática alguna en toda su historia, ataca a un Estado libre, independiente, soberano, respetuoso y militarmente de condición cualitativa y cuantitativa muy inferior a la de su agresor.

    Pero las cosas son como son y no como uno quisiese que fueran. Y los hechos son: un Estado invasor (Rusia), un Estado invadido (Ucrania) y una comunidad internacional (fundamentalmente, Europa y Estados Unidos) que condena muy mayoritariamente la acción invasora. Digo esto porque, aun cuando parezca obvio, he leído y escuchado a algunos que dicen que no hay que confundirse y que lo que hay aquí es un invasor, Estados Unidos, contra un invadido, Ucrania. En dicho razonamiento, Rusia no ha tenido opción de hacer lo que ha hecho, pues el imperio yanqui la ha obligado a ello. La sola enunciación de tal postulado confrontado con la realidad de los hechos echa por tierra cualquier apoyatura de tal “teoría”.

    Y cuando ya pensábamos que la evolución de la conciencia social del hombre había llegado a un grado tal que no volveríamos a ver lo que estamos viendo, otra vez la realidad nos da el mazazo. Como siempre sucede.

    Decíamos que toda la comunidad internacional —menos algunos países tan impresentables en su apoyo al invasor ruso como en su constante violación de derechos humanos y ausencia democrática— ha condenado a Rusia y apoyan a Ucrania no solo con su solidaridad moral, sino también con el envío de armamento defensivo y la realización de gestiones diplomáticas que tratan de disuadir, sin éxito, a Putin.

    Pero además y también anunciaron que lo harían la Unión Europea y Estados Unidos —esto es: el primer mundo—, que ha resuelto instrumentar una serie de sanciones económicas al invasor. Los analistas han expresado que tales medidas no aparejarán ni una eliminación ni una disminución bélica de Putin. Y sí: es altamente probable que el líder ruso persista en lo suyo porque retroceder no está contemplado en una personalidad como la de Putin.

    Pero ¿qué otra cosa razonable podrían haber hecho? Los extremos hubieran sido extremadamente peligrosos. No tomar medidas no era una opción, pues en tal caso: ¿para qué tendríamos una comunidad internacional y un ordenamiento internacional? Ahora: ¿podría haber ido a la refriega militar en apoyo de Ucrania? Hubiera sido inevitablemente el inicio de una nueva guerra mundial, pero ahora con armas con que no se contaban hace 80 años. Hubiera sido una actitud imprudente y lo que sí ha aprendido la comunidad internacional es que ante todo se debe ser cauto. Se dirá: cauto, pero la gente muere en Ucrania y quienes no mueren se ven obligados al exilio. Y sí, es cierto. Pero, si se hubiese combatido militarmente contra Rusia, las consecuencias no solo serían peores para Ucrania, sino para toda Europa y para todo el planeta tierra.

    Esto no significa que se descarte que igualmente tengamos una nueva conflagración bélica universal, pero al menos estamos intentando evitarla, con lo que estamos intentando evitar la muerte de los de aquí y los de allá.

    Las sanciones económicas molestan enormemente a Rusia. Si bien, antes de su acto agresor, Rusia expresó que no había sanciones que pudiesen inquietarla, los hechos han demostrado —y continuarán haciéndolo— lo contrario. Tanto que Putin manifestó que Rusia podría considerar estas sanciones como una declaración de guerra. Si dichas sanciones no le importaran, si no le afectaran, ¿para qué molestarse en interpretar como declaración de guerra a aquello que no ofende ni lastima ni hiere? Invoca tomarla como declaración de guerra porque en un mundo tan inmensamente interconectado comercial y tecnológicamente como el actual quedar fuera de los circuitos comerciales (que nadie le compre y nadie le venda), quedar fuera de los circuitos financieros (que no pueda recibir transferencias bancarias y quede al margen del crédito internacional), quedar con enormes sumas ultramillonarias en euros y dólares embargadas en todas las jurisdicciones de primer mundo (hasta Suiza avisó que congelará dichos activos) es generarle una situación interna muy compleja. Situación que eventualmente podrá sobrellevar en los primeros tiempos, pero a la larga traerá aparejado enorme descontento y disconformidad interna en el seno de la sociedad rusa, por decenas de miles de puestos de trabajo que se perderán, por carencia de bienes de consumo que dejarán de existir y por presiones de los llamados oligarcas, dueños de enormes fortunas radicadas en el exterior que de la noche a la mañana entienden que sus miles de millones de dólares en activos bancarios y propiedades suntuosas han escapado de sus manos. Ello con la notable presión que desplegará sobre el gobierno. Y aunque con mano dura y autoritaria el presidente ruso obligue a todos al silencio, esa olla a presión terminará explotándole en la cara.

    Como medida de represalia, ¿Rusia dejará de vender el gas del que se aprovisionan los países europeos provocándoles enormes problemas para calefacción, producción y transporte? En tal escenario: ¿qué hará Rusia con ese gas? ¿Dónde lo almacenará? ¿Cuándo cesará su producción? ¿Qué hará con la producción paralizada y con el personal desocupado? ¿Cómo sustituirá sus pérdidas por falta de ingresos por la falta de venta de dicho gas: otra pérdida económica más a las que ya tiene encima?

    A mi juicio, el bloque occidental está actuando con la mesura y cautela que la hora requiere. Presionando por donde puede y duele, sin llegar a la guerra. El presidente ucraniano desea más, y es razonable desde su punto de vista. Pero la comunidad internacional debe mirar el bien general más preciado: la tranquilidad y paz en todo el planeta tierra.

    Monty Fain Ajdelman

    Abogado y escribano