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    La situación en Ucrania (II)

    Sr. Director:

    Confluyen dos vías, dos ramales: una fue la entrada de la peste en marzo del 2020 en la ciudad de Montevideo (y en todo el orbe) y los sismógrafos del alma de los pobladores encendieron su clamor de alerta mundial. Dos años después, en el año siguiente, en el 2022 que vamos iniciando lentamente, se produce la invasión de Putin en Ucrania, llevando a cabo un cerco y anunciando que no habrá de aflojar la ligadura hasta vencer toda resistencia. Acá la alerta consiguiente dio lugar a una reflexión destacada en la que se afirmaba la tensión dialéctica que semblanteaba, como espejos enfrentados, el avance ruso de hoy con aquel avance hitleriano y su “guerra relámpago” como si procedieran de las mismas tiendas. El avance de las tropas alemanas en marcha tipo blitzkrieg de otrora apareándose con el cerco de Putin, que estrangula un territorio, ciudades, multitudes que marchan a la guerra, a la resistencia, a la muerte, al exilio. No fue poca la gente que hizo esa articulación. La Federación Rusa que se echa a andar en 1991 después de que la URSS cayera en ese año, como castillo de naipes, hizo “implosión”, y acuñó una escritura bárbara que alcanzó su exterioridad y se detuvo y pareciera no poder pensarse ya más, sino así. La exterioridad a la que aludo no es estética, ni rítmica ni sintáctica, sino barrosa, empobrecedora y de exterminio, como fue la de Hitler en 1939, cuando Alemania anexa Austria, sigue a Polonia y va por más. Así se da un parecido que testimonia una reculada tópica y que parece que dos espejos bárbaros se confrontan, se reúnen, se conjugan y se juntan en hechos que documentan cómo la guerra forma parte del coloide humano, en una cima el ser y la abundancia, como sostenía Heidegger (con resmas de Platón y de Liturgia), y en “el fondo del saco” el abismo, ¡en tantos adherentes, en tantos afiliados a esta operación filistea, “farisaica”, procedente de una Federación Rusa que no encuentra ni su identidad democrática ni soviética, cómo consiguió forjar durante un largo tiempo ese acero, que luego se arqueó, se ablandó, ni tampoco un Estado social regulado por el debate, la política de consenso, sustituir el misil por el diálogo, ley que sella el nacimiento de la civilización!, como bien sostuvo Freud y lo documentó en El malestar en la cultura. La historia reciente chorrea sangre, derrama multitudes de exiliados, muerte de hombres, mujeres, niños, resistencia con botellas de “cócteles Molotov”, contra columna de tanques. Putin arguye como veterano espía y pirata saqueador con los argumentos imperiales de rigor: ellos arguyen sobre los espacios vitales imprescindibles, sobre los cercos amenazantes que todo justifican. Un avance putinesco asimilado a un avance hitleriano es un parecer, una especulación conceptual, pero también parece un buen flash que registra cómo esta hora histórica, este minuto de verdad, se cuartea y desprende un miembro, que cae como una rama sin savia y sin democracia, sin libertad y sin humanismo. Hitler anexó Austria en 1939 y sembró la semilla de maldad de la Segunda Gran Guerra con su cosecha de miembros judíos que marcharon en alrededor de 6 millones a las cámaras del gas, (operación exterminio: Shoa) y soterradamente por otro lado se difunde menos los 20 millones de miembros del lado soviético que murieron en la resistencia al invasor (que tuvo lugar en San Petersburgo, luego Stalingrado) y detuvo a Hitler en su fallida conquista de la URSS.

    Si el “fondo de saco” lo habrán de tener, es una especulación, un interrogante, un reclamo angustiado de muchas conciencias, de muchas mentalidades, de muchas sensibilidades, un redivivo en la memoria del ¿Qué hacer? leniniano. ¿Es justo lo que hace Putin? Los millones de adherentes a la causa del internacionalismo proletario que hacen la vista gorda y claman por la paz, en reclamo inane, cuando lo que se precisa es un pronunciamiento hondo que llegue hasta el fondo de saco de la ley y de la angustia, donde algunos podrán oír que “tendréis oídos, pero no oiréis”, como dicen las Escrituras, y el dictamen resuena hiriente y brutal en esta hora de incertidumbre y pavor mundial.

    Juan C. Capo