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    La situación en Ucrania (III)

    Sr. Director:

    “Jamás pienses que una guerra, por necesaria o justificada que parezca, deja de ser un crimen”.?Ernest Hemingway

    Por más información que se posea, para todo uruguayo medio resulta incomprensible desde cualquier punto de vista la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Que a esta altura del siglo XXI se sea testigo de estos actos de violencia premeditada es de difícil explicación y por tanto se debe focalizar directamente en las decisiones que toman los hombres en determinados círculos de poder.

    Se debe pensar en cerebros formateados en la “guerra fría”, con tendencia a ignorar lo evidente. Por tanto, se convierten en un difundido autoengaño conocido como “pensamiento de grupo”. La inconfesada necesidad de proteger una opinión (desestimando datos que la cuestionan) que conduce a una ceguera compartida que produce malas decisiones (Goleman, Daniel. 2013. FOCUS, El motor oculto de la excelencia. Ediciones B Argentina S.A., pág. 99).

    “El pensamiento de grupo” se presenta cuando los miembros de un grupo (Vladimir Putin y su equipo) evitan la evaluación crítica de alternativas, de tal manera que puedan preservar el sentimiento de unidad y consenso del grupo. El intento de lograr el consenso a cualquier precio hace que los miembros de estos grupos eviten ser demasiado críticos al juzgar las ideas de los otros miembros. Las “víctimas del pensamiento de grupo” adquieren un sentimiento de invulnerabilidad y se sienten seguras y protegidas contra los peligros y actos ineficientes. Además, ignoran las críticas externas porque racionalizan su comportamiento y el de los otros. Los miembros tienden a creer que sus actos son inherentemente morales y éticos. Además, presionan a todos los elementos del grupo para que se ciñan a la decisión del grupo y no permiten discusión alguna sobre otras alternativas. Cuando enfrentan amenazas, los grupos probablemente hagan tiempo, pasen la cuenta o respalden los razonamientos de otros miembros en cuanto a la decisión adecuada. Este tipo de pensamiento de grupo se presenta con más frecuencia en grupos muy unidos cuando viven situaciones llenas de tensión, llegando a considerar a sus oponentes como seres malignos o estúpidos y por tanto no merecen credibilidad o son incompetentes para negociar las diferentes creencias o posiciones (Gordon, Judith. Comportamiento Organizacional. 1997. PRENTICE-HALL. México, pág. 233).

    ¿Por qué se llegó a ese pensamiento grupal?

    Rusia pierde protagonismo a nivel mundial, tanto político, económico y sobre todo, tecnológico. Entonces adopta el terrorismo, que es una estrategia militar que pretende cambiar la situación política extendiendo el terror. En general, esta estrategia la adoptan grupos muy débiles que carecen de otro tipo de armas. Piensan como productores teatrales, montan un espectáculo aterrador que se apoderan de nuestra imaginación y son juzgados por el impacto emocional que nos causan. El teatro de terror no puede tener éxito sin publicidad, por tanto su éxito o fracaso depende de si permitimos que nuestra imaginación caiga presa de los terroristas.

    Los terroristas son maestros en el control de las mentes. Matan a pocas personas pero logran aterrorizar a miles.

    Según Alexander Schmid, director del Centro de Estudios sobre Terrorismo y Violencia Política de la Universidad de St. Andrews (Manes, Facundo y Niro, Mateo. 2018. El cerebro del futuro. Grupo Editorial Planeta S.A.I.C.), “el terrorismo es un método productor de ansiedad, basado en la acción violenta cuyo motivo es idiosincrático, criminal o político, en el cual el blanco directo de la violencia, generalmente a personas elegidas al azar, no es el blanco principal, sino meros generadores de un mensaje”.

    Más allá de cualquier fundamentalismo, los atentados los llevan adelante personas, y aunque ni la biología ni la cultura expliquen por sí solos estos fenómenos, se requiere más información científica sobre estos comportamientos.

    Entonces resulta clave preguntarse: ¿por qué alguien puede llegar a ese tipo de ideas extremas o fanatismo? ¿Cómo una persona es capaz de infligir actos tan dañinos sobre otros seres humanos en nombre de una idea superior u otros imperativos políticos? ¿Cómo logran estos líderes terroristas reclutar a miles de jóvenes? ¿Qué puede hacerse para ayudar a esos jóvenes a salir de esos grupos?

    Múltiples disciplinas que estudian la conducta humana y las dinámicas de grupo buscan responder este tipo de preguntas.

    Lo que la ciencia sabe es que las personas que realizan actos terroristas son muy heterogéneas entre sí (Manes, Facundo y Niro, Mateo. Op. Cit., pág. 424), lo que determina que sea muy difícil esbozar una única teoría y, además, aunque resulte contra la razón, la mayoría de los terroristas no padece enfermedades mentales. Por tanto no se trata de psicópatas, ni sociópatas, ni sádicos, ni psicóticos, ni tienen un trastorno social de la personalidad. Por el contrario, los datos relevados en las investigaciones señalan que son personas racionales que saben y creen en lo que hacen, que evalúan los costos y beneficios de sus actos y por tanto deciden que el terrorismo es una opción (Manes, Facundo y Niro, Mateo. Op. Cit., pág. 425).

    Diferentes investigaciones sobre terrorismo señalan que las respuestas deben buscarse en las dinámicas de grupos, es decir en factores sociales sumados a los individuales. Las dinámicas de grupo juegan un rol crítico en el proceso en el que una persona adopta los valores y objetivos de un grupo terrorista y busca alcanzarlos a través de actos violentos. Los grupos terroristas brindan a sus miembros un sentimiento de identidad, de pertenencia y de empoderamiento y sus líderes constituyen una fuente de inspiración y gozan de voz autorizada y prestigio. De hecho, se ha observado que muchas veces no son los líderes los que organizan los actos violentos, sino que son los seguidores, pues así encuentran formas individuales originales de servir al grupo. Esta atomización de las iniciativas es otra de las razones por las cuales se hace tan difícil erradicar el terrorismo.

    También se observa el hecho de que en respuesta a un ataque terrorista, en un país se trate con sospecha a quienes profesan una religión o idea social o política, crea una cultura de exclusión y rechazo social y genera un espíritu de intolerancia que en definitiva contribuye a los grupos terroristas. Son las experiencias individuales y los factores culturales y sociales los que interactúan y se amplifican mutuamente, dando lugar a la radicalización extrema.

    Una investigación realizada por los neurocientíficos Sandra Báez y Agustín Ibáñez, que se publicó en la prestigiosa Nature and Human Behavior, llevada adelante con terroristas colombianos, demostró la tendencia de estos sujetos a fijarse en ideas y metas perseguidas sin reparar en el medio para hacerlo. Esto se alinea con las teorías que explican que los terroristas suprimen las barreras instintivas y aprendidas que previenen de dañar inocentes, como la empatía y la conducta prosocial, probablemente en relación con factores individuales y presiones grupales.

    La empatía, que nos permite sentir lo que siente el otro y actuar en consecuencia, es la que posibilita que una sociedad pueda desarrollarse y actuar en armonía.

    Si después reaccionamos de manera exagerada por nuestros propios temores, el terrorismo triunfará.

    Si nos liberamos de los terroristas y reaccionamos de una manera equilibrada y fría, el terrorismo fracasará.

    Los seres humanos somos el fin último de toda ideología, de toda ciencia y de toda acción política.

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8