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    La sombra de Dios

    Sr. Director:

    La Sanación de los Recuerdos es un camino seguro hacia la armonía interior que lleva al creyente por el camino del nuevo nacimiento. Es una experiencia transformadora del ser que le permite al alma humana alcanzar la certeza del perdón y la justificación de Dios, iniciando en ella el proceso de santificación personal.

    Pero empecemos por el comienzo.

    Cada mujer y cada hombre tiene secretos muy íntimos que llenándolo de dolor y/o vergüenza lo lastiman y aprietan por dentro, clausurando sus labios, ahogando en cada uno de ellos riquísimas posibilidades de ser y hacer para Gloria de Dios y bendición personal.

    En realidad no es que tengamos secretos inconfesables, sino que somos esos secretos. Es en esa zona de sombra interior donde se juega lo esencial de nuestro ser. Por eso, si viviésemos la vida huyendo de nosotros mismos, corriendo lo más rápido que podamos intentando dejar atrás nuestro pasado lleno de secretos, sería algo trágicamente vano. Y sin embargo esa es la historia más común en este mundo.

    Había una vez un hombre a quien ver su propia sombra lo contrariaba tanto y era tan infeliz de sus propios pasos que decidió dejarlos atrás. Se dijo a sí mismo: desde hoy los dejaré atrás de mí. Convirtiendo sus palabras en hechos se levantó y comenzó a caminar. Pero cada vez que daba un paso su sombra lo seguía de cerca. Fue entonces que pensó que debería caminar más rápido si quería cumplir su deseo. Y caminó más y más rápido cada vez e incluso de pronto, desesperado de ver que su sombra no se despegaba detrás de sus pasos, echó a correr. Tanto corrió que terminó cayendo exhausto. La sabiduría oriental remata esta alegoría con una enseñanza inolvidable: si simplemente hubiera caminado hacia la sombra de un árbol, él se habría deshecho de su sombra y si allí se hubiera sentado, habría podido descansar y su fuga hubiese terminado.

    Todos necesitamos encontrar ese árbol debajo del cual podamos descansar sin ser atemorizados por nuestra sombra. Por supuesto que hablo de Dios, ese frondoso e infinitamente acogedor árbol capaz de aceptarnos, protegernos y darnos descanso, sin poner ninguna condición para ello. A la sombra de sus ramas podremos siempre encontrar la paz que sobrepasa todo entendimiento.

    Pues bien, la Sanación de los Recuerdos significa la inefable oportunidad de ser guiados por el Espíritu de Cristo en compañía de otro creyente, hacia esa Sombra protectora debajo de la cual no podremos mostrar temor alguno de ser rechazados toda la oscuridad que está en nosotros y que nos espanta mirar, y escuchar la palabra de consuelo y restauración que dicha en voz alta por el hermano o la hermana que está a nuestro lado, se hace Palabra venida de lo Alto.

    La vida humana está diseñada por Dios de tal modo que nuestra historia con su sombra, tarde o temprano termina alcanzándonos para nuestro bien y el de nuestros prójimos aunque cada vez que esto sucede nos parezca que ocurre para nuestra desgracia. Nuestra propia historia nos alcanza para darnos descanso. Mostrándonos — el verbo más adecuado sería revelándonos— la futilidad de esa loca carrera en la que estábamos.

    Entiendo que la Sanación de los Recuerdos es el modo más natural, menos invasivo y más acorde al diseño original de detener voluntariamente nuestra esquizofrénica maratón para apropiarnos de nuestra historia —esa que es única e intransferible— para después seguir delante caminando junto a ella.

    Permitirle al Espíritu Santo sanar nuestros recuerdos es disponernos a superar en nuestro presente aquel pasado que queríamos desechar, asumiéndolo y disfrutando de la Gracia Divina de verlo reciclado para nuestro bien.

    La Sanación de los Recuerdos es una forma mas profunda, focalizada y específica de la confesión cristiana en el espíritu de oración e invocando la Sagrada Presencia. En general no consiste en la confesión de un pecado cometido recientemente (aunque pudiera serlo) sino de situaciones que dejaron huellas profundas de vergüenza y/o dolor en nuestra vida. Cuando revelamos los secretos escondidos en lo profundo del corazón y comenzamos a creer sinceramente que en la Cruz de Cristo hubo provisión para todo eso, el proceso de sanación ha comenzado.

    La Sanación de los Recuerdos exige del creyente la disposición a viajar hacia adentro de sí mismo, para volver a visitar lugares, momentos y situaciones que conscientemente preferiría olvidar y que, de hecho lo ha intentado vanamente, barriéndolos debajo de la alfombra de su conciencia a través de días y años, o al lo mejor una vida entera. Por supuesto que estamos hablando de heridas profundas abiertas en el alma a través de las cuales, sin saberlo, la persona ha estado mirando el mundo, a los demás y a sí misma. Heridas que solamente el Espíritu Santo tiene poder para sanar, y está siempre dispuesto a hacerlo.

    Rodolfo Míguez