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    La única esperanza

    Sr. Director:

    El cinismo dialéctico del siglo XX y del que corre, quedó premonitoriamente adelantado en “El Proceso” de Franz Kafka.

    Poco antes,  en términos temporales, Friedrich  Nietsz­che, en “El nacimiento de la tragedia”, aludía al respecto de esta manera,  “ ... y así, la doble esencia del Prometeo de Esquilo, su naturaleza a un tiempo apolínea y dionisíaca, podría expresarse en la siguiente fórmula conceptual: todo lo existente es justo e injusto, y en ambos casos igualmente justificado. ¡Este es tu mundo! Eso se llama mundo”.

    Cuando pasan los días, luego de las recientes explosiones sobre actos de corrupción de toda naturaleza en la Argentina que se suman a decenas de previas y años y meses ya transcurridos de los portentosos desatinos administrativos en Pluna y Ancap, respectivamente (para elegir solo dos hechos), en cifras comparables en términos relativos, al tamaño de ambos países platenses;  cuando la semana pasada vemos en los noticieros a nuestro vicepresidente el Sr. Raúl Sendic, 10 años al frente de Ancap, declarando en un foro en Rusia, con impronta magisterial, sobre temas sociales, económicos y políticos regionales, con impecable vestuario sastre y  look de modelo masculino de alta costura, o cuando cruzando el charco la TV registra a la Sra. Hebe de Bonafini, arengando en la Plaza de Mayo, pujando por  convencer que el episodio del Convento y sus bolsos son producto de un infiltrado traidor a la noble causa kirchnerista, se me vuelve imposible no hacer foco en la dialéctica perversa a la que aludo al principio.

    El dramático pronóstico de Kafka y Nietzsche no fue formulado para que sea un fatalismo inexorable.

    Entiendo que intenta ser, como señaló Borges sobre Kafka, una premonición de los dramas contemporáneos, una advertencia, un alerta a enfrentar.

    Los hombres y mujeres de a pie, son la  absoluta mayoría de los habitantes del planeta, ajenos  a las tentaciones del poder económico y político, imposibilitados de acceder a esa orgía pornográfica de billetes verdes, ni aun queriéndolo.

    Miembro del pelotón anónimo de los que habitamos en estos países sureños, hermanados por la geografía y la historia, tengo la certeza de que finalizar con este  penoso “empate” que todo lo explica y justifica, es una meta redentora.

    Si nada vale nada, si la corrupción queda parcial o totalmente impune, “los de a pie” seguiremos masticando bronca y angustia.

    La Justicia, local, regional y global, uno de los tres poderes republicanos, fue, es y será en su accionar virtuoso la única esperanza.

    José María Reyes Delgado