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    La voz más oscura del grunge

    Mark Lanegan, 1964-2022
    Columnista de Búsqueda

    La sala está casi a oscuras salvo por un puñado de luces rojas en el centro del escenario. La gente está sentada y tiene prohibido usar el celular o levantarse de su asiento. Durante una hora y media, con apenas ese puñado de luces flotando en medio de la atmósfera densa de la sala Apolo de Barcelona, los Gutter Twins, el dúo integrado por Mark Lanegan y Greg Dulli, desgranan las canciones de su único disco, Saturnalia. A eso suman temas de cada uno de ellos en solitario. Contrastando con la movilidad de su compañero, Lanegan pasa todo el concierto sentado, sin apenas moverse, las manos siempre sobre las rodillas de sus piernas largas y huesudas, sacudiendo al público con su cavernosa y atormentada voz de barítono. Y esa voz es una de las razones por las que en cada uno de los proyectos de los que fue parte Lanegan fue capaz de crear la clase de experiencia artística de la que no se sale igual que al entrar. Para alcanzar esa potencia, esa condición absoluta, a veces se paga un precio.

    Nacido en Ellensburg, estado de Washington, en 1964, Lanegan fue uno de los artistas originales de la generación que crearía el grunge y que pondría a la ciudad de Seattle en el mapa del rock a comienzos de los 90. A diferencia de varios de sus compañeros de generación, artísticamente Lanegan se mantuvo siempre cerca de los bordes y lejos del mainstream. Cierta vocación por la oscuridad lírica y diversos problemas de adicciones, le permitieron labrarse una carrera rica aunque alejada de las luces más brillantes. Su apodo Dark Mark no era casual ni ajeno a sus intereses artísticos, unos que siempre ejerció sin concesiones a un eventual “gran público”.

    Unos años antes de que el grunge se llamara así y el mundo fuera tomado por asalto por la distorsión, no eran pocas las bandas ruidosas que pululaban en el under de la ciudad de Seattle. Mezclando punk, heavy metal y rock alternativo, grupos como Soundgarden, The Melvins y Mudhoney copaban la escena local. Allí, tan temprano como en 1984, Lanegan ya había formado los Screaming Trees, uno de los grupos pioneros de esa movida, aún sin etiquetar por la industria. En aquel entonces Lanegan era el baterista pero, como él mismo comentaba años más tarde, “era tan malo que me pidieron que cantara”. Ya en el primer disco de la banda, Clairvoyance, de 1985, estaban presentes los elementos que un lustro más tarde llevarían a Nirvana a la fama: distorsión, pesadez, calidad melódica, con letras sobre la duda y la autodestrucción.

    Pese a ser de las bandas pioneras del género, los Screaming Trees nunca lograron la proyección de otros grupos de su era. Esto no impidió que editaran ocho álbumes y cuatro EP entre aquel 1985 de su debut y 2011, cuando salió su Last Words: the Final Recordings, grabado más de una década antes. Al mismo tiempo, Lanegan se prodigaba como invitado en distintos proyectos de la escena de Seattle, entre ellos, y junto con el baterista Barrett Martin, también miembro de los Screaming Trees, como parte de la superbanda del grunge, Mad Season. Integrados además por Layne Staley de Alice in Chains, Mike McCready de Pearl Jam y el bajista John Baker Saunders, los Mad Season editaron un único disco que es considerado uno de los puntos altos del género. Allí Lanegan aportó su distintiva voz en los temas I´m Above y Long Gone Day, de los que también fue coautor. En la edición de luxe de ese disco clave aparecen además tres temas extra, cuyas letras son de Lanegan.

    Desde que era prácticamente un niño tuvo una relación complicada con el alcohol y después con las drogas, especialmente la heroína. Estas adicciones, que solo logró superar en 2010, explican en parte su dificultad para abandonar el under a pesar de su innegable calidad como artista y como intérprete. Tan bueno era cantando que los Queens Of The Stone Age (QOTSA) lo integraron como vocalista entre los años 2000 y 2014. La colaboración con Josh Homme, líder de los QOTSA, venía desde mediados de los 90, cuando este ingresó a los Screaming Trees como guitarrista rítmico. Lanegan aparece en un par de canciones de Rated R, el segundo disco de QOSTA, y se integra como cantante full time en el exitoso Songs From The Deaf, de 2002.

    A lo largo de su carrera artística, y pesar de tener una docena de discos solista, Dark Mark fue siempre un hombre de trabajos colectivos. Varios de los mejores discos que editó bajo su nombre son de hecho resultado de haber logrado reunir a excelentes artistas de su entorno, quienes admiraban su arte y estaban siempre dispuestos a colaborar con él. Es así que para Bubblegum, de 2004, colabora gente tan relevante como PJ Harvey, Duff McKagan e Izzy Stradlin de los Guns’N’Roses y Greg Dulli, quien en los 90 liderara a los estupendos The Afghan Wigs.

    Precisamente con este último haría uno de sus proyectos más relevantes y con cuyo concierto comenzó esta nota: The Gutter Twins. Bajo ese nombre, en 2008 Lanegan y Dulli editarían el album Saturnalia y el EP Adorata, en donde versionan artistas tan dispares como Scott Walker, los británicos Primal Scream o el sueco José González. La voz grave y cascada de Lanegan se complementa a la perfección con la más nasal de Dulli, quien además escribe en una clave más sensual y lúdica, sin que esto implique el menor coqueteo con el pop o alguna clase de felicidad musical. Quizá por su pasado lejano (ambos lideraron bandas importantes en los 90) o por sus colaboraciones parciales más recientes en aquel entonces (Lanegan era invitado reincidente en The Twilight Singers, la banda de Dulli), el hecho es que el único disco del dúo es uno de los ejemplos más sólidos del rock alternativo que se derivó del grunge.

    Mención aparte merece la colaboración de Lanegan con Isobel Campbell, excantante de los escoceses Belle & Sebastian. Su disco Ballad of the Broken Seas es considerado uno de los mejores de 2006 por la prensa especializada y fue el primer álbum de una comunión que se extendería hasta 2011 e incluiría los discos Sunday at Devil Dirt y Hawk.

    Más allá de su variada y extensa carrera musical, en sus últimos años Lanegan se había prodigado como escritor. En una entrevista realizada cuando salió su libro de memorias Devil in a Coma, el artista declaraba: “Realmente no hago nada a menos que haya un proyecto en el que esté trabajando. Realmente no escribo canciones a menos que sea por una razón. No soy alguien que simplemente se sienta por diversión y escribe, aunque lo disfruto. Como generalmente tengo más de una cosa en la que estoy trabajando a la vez, tengo que concentrarme en lo que sea que esté frente a mí y trabajar en ello”.

    A pesar de haber fallecido el pasado 22 de febrero a unos jóvenes 57 años, la formidable trayectoria de Mark Lanegan parece hablar de un artista que no solo fue admirado y respetado por el público, sino también uno que logró que ese respeto y admiración se extendieran a toda una escena musical que, cada vez que pudo, se sintió honrada y fascinada de poder involucrarse en sus proyectos. No parece poca cosa.

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