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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl día 2 de mayo, el diario “El País” publicó una nota titulada: “En el FA alertan por ‘empuje’ de Iglesias que afecta laicidad”. En la misma, dos diputados frenteamplistas (R. Chiazzaro y P. González) dan su opinión al respecto.
El diputado González manifestó estar en desacuerdo con que el Estado laico otorgue “un montón de exoneraciones tributarias” a las iglesias. Para él, no todos los templos que existen en el país, deberían estar exonerados de la contribución inmobiliaria. Hay, sin embargo, un pequeño problema: el Artículo 5º de la Constitución, que declara “exentos de toda clase de impuestos a los templos consagrados al culto de las diversas religiones”. No se trata por tanto de revisar la legislación tributaria, sino de “revisar”, nada más y nada menos, que la Constitución de la República.
Por su parte, el diputado Chiazzaro señaló que “hay un empuje de la Iglesia católica y de las Iglesias pentecostales que creo que es malo para el laicismo en la medida en que invaden el espacio público”. A nuestro juicio, el “empuje” de las religiones puede ser malo para el laicismo…, pero es excelente para la laicidad, que es algo muy distinto. En nuestra opinión, solo en la medida en que todos puedan manifestar abiertamente sus creencias religiosas, en un clima de libertad, respeto y aceptación del que piensa distinto, se podrá ir construyendo convivencia en la diversidad. Y se podrá ir reconstruyendo el tejido social tan maltrecho hoy día, gracias —entre otras cosas— a un manifiesto y exacerbado odio de clase. Porque como es natural, es en las iglesias y en los templos de las distintas religiones, donde más y mejor conviven hoy personas de las más diversas clases sociales. Esa es una lección de la que tanto políticos como sociólogos deberían tomar nota.
Por otra parte, si hay espacios que son públicos, no es lógico decir que esos espacios son “invadidos” por grupos de ciudadanos de una religión determinada, ya que estas personas forman parte del pueblo. Y son tan dueños de esos espacios como el resto de los ciudadanos. Por eso se permite la peregrinación de Corpus Christi por la principal avenida. Por eso se permite que católicos y anglicanos juntos revivan el Vía Crucis por las calles de la Ciudad Vieja cada Viernes Santo. Por eso se permite a los umbandistas venerar a Iemanjá cada 2 de febrero en la rambla. En todo caso, los laicistas deberían referirse a “espacios dedicados al ateísmo público”, donde la colocación de imágenes de cualquier tipo esté prohibida. El problema es que esos espacios, hasta donde sabemos, no existen en ninguna parte del territorio nacional. La experiencia es más bien la contraria: los cementerios, espacios públicos secularizados en 1861 y administrados por la IM, están llenos de cruces y demás símbolos religiosos…
Es importante hacer notar que el Artículo 5º de la Constitución de la República, antes de declarar que “el Estado no sostiene religión alguna”, dice que “todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay”. Muy peculiar concepto del término libertad deben tener quienes se oponen a que ese culto se rinda públicamente. Tal interpretación del texto constitucional no obedece a la realidad, sino a una lectura ideologizada, batllista y jacobina de la misma, a la que “demasiada” libertad, preocupa… Por lo demás, prohibir imágenes en espacios públicos no es una medida tendiente a construir convivencia desde la diversidad, sino a imponer un pensamiento hegemónico, para el cual algunos temas no deberían tocarse, porque hay quienes los consideran “tabú”. Aparte de atentar contra la libertad, esa forma de pensar y de vivir, al menos a nosotros, nos parece muy aburrida…
Más adelante, el diputado Chiazzaro cae en una asombrosa contradicción al afirmar por un lado que la Iglesia católica “abandonó el contacto que tenía con los pobres”, para luego sostener que, para recuperar el espacio ganado por los evangélicos, los católicos pretendemos instalar una imagen de la Virgen María en la rambla del Buceo. Solo a este señor se le puede ocurrir que para incrementar el contacto con los pobres la estrategia ideal sea instalar una imagen en un barrio de ricos (los carritos tienen prohibido circular por la rambla…). La intención de instalar una imagen de la Virgen en la Aduana de Oribe obedece, como es sabido, a que tras cinco años de incremento constante en el número de fieles que se congregan a rezar el Rosario cada último sábado de enero, parece lógico dejar a la Virgen establecida de forma permanentemente en el lugar, del mismo modo que Iemanjá está establecida de forma permanente para quienes —con todo derecho— le rinden culto cada 2 de febrero.
Merece aclararse, además, que la mayoría de las ONG que trabajan en los barrios que quedan de Aparicio Saravia al norte son de inspiración católica. Entre ellas, una de las más conocidas es la Obra San Vicente, u “Obra del Padre Cacho”, cuyo proceso de canonización acaba de comenzar. Habría que preguntarle a la gente que conoció al Padre Cacho, y a las decenas de miles de montevideanos que se benefician del trabajo de las más diversas obras sociales impulsadas por católicos, si consideran que la Iglesia católica está lejos o cerca de ellos. Hay algo que es seguro…, y es que la Iglesia está bastante más cerca de los pobres que quienes trabajan en el Palacio Legislativo.
Tampoco parece estar clara la realidad sociológica de la religión en Uruguay: a diferencia de lo que ocurre en otros países de América, quienes abandonan la Iglesia católica no se van, por lo general, a Iglesias evangélicas: directamente pasan a ser “no creyentes” o a creer en Dios sin adherir a religión alguna. El porcentaje de católicos, desde el año 2000 a la fecha, cayó del 60% al 40%, mientras que el de no creyentes creció en el mismo porcentaje. La evolución de las curvas es en forma de espejo. Los evangélicos, por su parte, se mantienen desde hace décadas más o menos en los mismos guarismos. En síntesis, no parece para nada cuestionable que un grupo religioso —sea cual sea— procure recuperar a las “ovejas perdidas” de su rebaño. En situaciones similares, los políticos hacen lo posible y lo imposible por recuperar a sus votantes. Algunos hasta llegan a contratar propaganda de empresas estatales monopólicas para hacer gala de los logros de su gobierno…
Para terminar, pensamos que para hablar de estos temas como es debido es necesario basarse en datos estadísticos y sociológicos serios, tomados de la realidad, y no del “Manual del Perfecto Dialéctico”. No pretendemos que todos piensen como nosotros, sino que quienes piensen distinto sean capaces de razonar con un mínimo de coherencia y lógica, con fundamento en la realidad. Porque así como el laicismo es una caricatura de la laicidad, la falta de fundamentación en la argumentación es la vía más segura para caer en el peor de los fundamentalismos.
Álvaro Fernández Texeira Nunes
CI 1.772.474-4