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    Las Fuerzas Armadas

    Sr. Director:

    Desobediencia debida. Otra más (y van…) de estos últimos gobiernos, que se han empeñado en “borrar del mapa” todo vestigio de nuestra identidad nacional de orientales, desde cualquier rol que nos toque desempeñar.

    Mucho se ha hablado de la “obediencia debida” por quienes nada saben de su alcance.

    Aquellos que nunca hicieron nada por su patria y sus connacionales opinan sobre esto, basados en argumentos que fluctúan según el momento histórico.

    Y si bien es una figura controversial por sus derivaciones, desde el punto de vista del Derecho sabemos que hay muy pocos (como el primer ministro de Corea del Sur) que están dispuestos a responsabilizarse de las consecuencias de una acción fallida (o mal procesada) en escalones subalternos.

    Así se ha contado nuestra historia… en especial la más reciente.

    Hoy, parece que las Fuerzas Armadas no hubieran recibido suficientes vejámenes por lo que (mal o bien) hayan hecho durante la última guerra interna, contra quienes hoy (rogamos se termine) están en el trono.

    Las denigraron, achacándoles toda la culpa de lo sucedido.

    Además de culparlas (no tienen coraje para señalar a quienes verdaderamente iniciaron lo que desencadenó el golpe de Estado), también les han asignado la responsabilidad por las consecuencias de lo que ellos mismos provocaron, rotulando de “derechos humanos” todo lo que haya generado irreparables consecuencias… en los guerrilleros-terroristas de entonces, en sus militantes que apoyaron —escondidos— esa guerra, en los otros delincuentes de plaza (tengan la peligrosidad que tengan) y, en general, en cualquier descendiente de los secuaces con su mismo signo ideológico.

    Habilitaron la excarcelación de los delincuentes a cambio de encerrar a sus víctimas, con la cooperación incondicional (?) del Poder Judicial.

    Encerraron a todos los que —ellos creen— fueron sus principales enemigos.

    Desterraron (por primera vez en la historia del mundo) a tres militares en actividad para que los sometan en una jurisdicción extranjera ante la imposibilidad de enjuiciarlos en la nuestra.

    En una de tantas maniobras distractivas, promovieron el ingreso de homosexuales a sus filas.

    Las hicieron limpiar la ciudad de Montevideo, cuando sus súbditos no cumplieron sus obligaciones.

    Les asignaron deberes —como las guardias de cárceles— que ellos no saben cumplir.

    Las someten a la indignidad de tener que funcionar con menor retribución económica que la Policía, aun exigiéndoles desempeñar ciertos deberes de aquella.

    Pero no satisfechos con todo esto, hoy introducen terroristas de Guantánamo. ¿Los traerán para formar a nuestra gente, como lo pretendieron hacer ellos mismos en el pasado?

    Pero, más grave aún, les están programando otra tarea adicional: cultivar droga. ¿Será nuestro negocio del futuro? ¿Estarán contratando narcotraficantes en las FFAA? ¿Tendrán éstas un marco legal-constitucional para hacerlo o mañana también las harán comparecer ante el Poder Judicial por ello, achacándoles la ejecución del narcotráfico interno? ¿Y, por qué no, del externo?

    ¿Desde cuándo las FFAA (o cualquier institución del Estado) debe cumplir los trasnochados caprichos del que está a cargo de su Administración? ¿No es acaso un empleado del soberano? ¿No debe cumplir todo lo que éste le ordena a través de las normas transcriptas en el contrato social: la Constitución de la República y sus leyes? ¿No tiene escritas sus obligaciones y sus (únicas) atribuciones en estas normas? Si las transgrede (como ésta y tantas otras veces), ¿hay que cumplir lo que a él se le antoje?

    ¿Ellos se harán responsables cuando el consumo aumente y el caos en la sociedad, la educación y la familia, no permitan el retorno? ¿O, de nuevo, ordenarán ejecutar al mensajero?

    ¡Cuidado! Creo que es hora de decirles ¡basta!

    Después no se harán cargo de tanta prepotencia y despilfarro mafioso. Nuevamente veremos al operador de turno, buscando algún “cabeza de turco” (adivinen quién), para encerrar y condenarlos, ya que no les dará el valor para responsabilizar a los verdaderos culpables.

    Es hora de cumplir nuestra verdadera obligación con la nación y con la patria.

    Es momento de aplicar la debida obediencia al soberano, no a cualquiera con ínfulas de serlo.

    Habrá que ajustarse a la “desobediencia debida” o pagar las consecuencias.

    Cnel. (Av) Luis B. Alvariza Igarzábal

    CI 1.880.499-5