Risueño y pesimista, planteó el problema europeo con la siguiente metáfora: todos los socios del euro fueron a un restaurante y acordaron pagar todos juntos, pero todos piden filete, y varios piden incluso dos, aun siendo más de lo que pueden comer, aprovechando que la cuenta la pagan todos. Según dijo, los países hicieron la promesa de no salirse de la unión monetaria y la van a cumplir, por eso a Europa le espera “un proceso de unos cinco o diez años más” para recuperarse.
Luego de Dooley siguió la charla acerca de los “Desafíos de la economía global” en la que hablaron Hans Timmer (Banco Mundial) y Eduardo Fernández Arias (Banco Interamericano de Desarrollo).
Timmer felicitó a los uruguayos “por su fuerte economía” y luego entró en tema: aseguró que la solución a los problemas que enfrentan algunos países desarrollados no pasa exclusivamente por la política fiscal y monetaria, asociadas al corto plazo. “Hay que ver qué se puede hacer pensando en el largo plazo”. Y planteó: “Si tenemos hace cuatro años una crisis, en algún momento hay que frenar” y pensar: “¿No habrá razones estructurales?”.
Advirtió que los países emergentes están peor preparados desde lado fiscal para enfrentar esta crisis.
Fernández Arias coincidió en ese último punto y aseguró que en la región “no se dio una consolidación fiscal que se corresponda con la reversión del ciclo económico”.
Sobre Europa, dijo que su crisis “no se trata de un problema de liquidez”, por lo que la ayuda financiera que están recibiendo algunos países puede estar “agudizando” la situación al atacar “los síntomas” y no los fundamentos.
Hubo varias preguntas, comentarios y desacuerdos entre los expositores, el público y algunos funcionarios del BCU.
Umberto Della Mea, gerente de la Asesoría Económica del BCU, intervino y dijo que “es mejor poner el dinero en el sistema financiero que pagar el bailout (rescate)”. Alegó que eso es lo que puede permitir recomponer el gasto y la inversión.
A su vez, el presidente del Central, Mario Bergara, opinó que si bien puede haber temas estructurales a atender, en Europa “primero hay que cortar la hemorragia para luego hacer el trasplante”. En otras palabras, controlar la crisis financiera viene primero que implantar medidas de reforma estructural, según su punto de vista.
En otra mesa se completó el cuadro de la economía actual con la visión de Pablo Roselli (Deloitte), Juan Rubio Ramírez (Universidad de Duke) y Claudio Raddatz (Banco Central de Chile) sobre los impactos posibles de la crisis europea en la región.
Rubio Ramírez planteó una mirada algo pesimista sobre la realidad económica española y cómo se la está enfrentando. En diez años España “deja de ser un país”, aventuró.
Raddatz señaló que el impacto europeo sobre América Latina va a darse más en los países exportadores de manufacturas que en los de commodities a través del “canal real”. Al analizar el “canal financiero”, puso en duda si es “justificada la preocupación por los flujos de capital” hacia la región.
Argentina.
Los ánimos de discusión volvieron a surgir en la mesa redonda que cerró la primera jornada, donde los consultores privados Aldo Lema y Javier de Haedo, y el director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Andrés Masoller, se sacaron chispas en un estrado que compartieron con el economista argentino Fernando Navajas. Si se lo hubieran permitido, los tres uruguayos se hubieran quedado discutiendo otro buen rato.
Navajas describió un panorama complicado de la economía de su país. “El 6% y 8% de crecimiento quedo atrás”, dijo.
Agregó que “el esquema actual va a continuar y con chances de mantenerse hasta 2015”, sin entrar en una crisis. Eso con “ayuda” de las “Olimpiadas” y el Mundial de Fútbol de Brasil, que ese país no devalúe su moneda, y que sigan “altos los precios” de los commodities. Eso se traducirá en Argentina en “un rebote suave en 2013, sin crecimiento y con alta inflación”, concluyó.
Más tarde, los otros tres integrantes de la mesa destacaron el riesgo que significa la economía de Argentina, pero descartaron una “crisis inminente”.
Al analizar la situación de Uruguay se produjo el momento de más discrepancia entre los expositores: gesticulaban, hacían caras y negaban con la cabeza algunas afirmaciones de sus colegas, anotaban cosas y sonreían irónicamente. Más allá de eso, bromearon y rieron en varias oportunidades; un partido sin incidentes.
De Haedo alertó que “si se cae Argentina” se “cae la estantería” para Uruguay. Aun así, “la crisis no es inminente” en el país vecino, aclaró. “El problema es que Argentina detone antes de que se arregle el mundo”, comentó. En ese caso ve probable en Uruguay la ocurrencia de una crisis “similar a la de los años 80”.
También se refirió a los acuerdos de precios que propició el gobierno con los supermercados como medida antiinflacionaria: “Está bien, vamo‘ arriba. ¿Pero por qué en vez de corregir con una cosa no tan bien hecha no aprovechar para liberalizar los mercados?”, dijo en alusión a los rubros subsidiados por el sector público.
Lema se refirió a China y Brasil como los países a los que se debe prestar más atención desde la perspectiva de Uruguay. Descartó un panorama similar al que provocó la crisis de 1982, dado que esas dos economías dan señales de retomar su crecimiento, lo que hace “poco probable un escenario de caída de los precios” internacionales de las materias primas y de una “apreciación del dólar”.
Ese economista visualiza perspectivas aun favorables para Uruguay en los próximos dos o tres años, aunque dijo que finalizó una etapa de crecimiento elevado para dar lugar a otra con expansión de entre 3,5% y 4% anual. “El principal objetivo tiene que ser evitar una crisis como las anteriores”, enfatizó.
“Te defendí”.
Masoller analizó los riesgos y fortalezas de Uruguay frente a la coyuntura de la economía de los países vecinos, y luego defendió las políticas salarial y fiscal del gobierno, y los esfuerzos por controlar la inflación.
Sostuvo que los salarios “no son inflacionarios”, aunque luego criticó a los sectores de la bebida y la construcción que acordaron ajustes por encima de los lineamientos que fijó el gobierno. Según su punto de vista, la desaceleración que atraviesa actualmente la economía “puede reducir las presiones” sobre la inflación.
Luego el jerarca mostró sus cálculos sobre el déficit, los ingresos y egresos estructurales y sostuvo que “crecen a tasas similares”. Y agregó que si hay mayores ingresos “genuinos”, “no está mal que se gasten”. La mesa empezó a caldearse.
De Haedo cuestionó duramente y con argumentos los cálculos sobre el déficit “ajustado” o “estructural” que expuso Masoller. Por su parte, Lema llamó una y otra vez a ser “cautelosos”. “No puedo desde mi posición como economista impulsar un mayor gasto público”, aseveró.
“Desde la academia es muy fácil”, replicó Masoller. Y preguntó, molesto: “¿En qué hay que bajar el gasto?”.
“Viste cómo te defendí ahí arriba”, dijo Masoller al salir de la sala. Bergara, que estaba sentado entre el público en el fondo de la sala le respondió: “A capa y espada”, mientras lo saludaba, ambos riendo.