Para el coordinador del PIT-CNT, ni el gobierno ni los gremios del sector público entienden cómo funciona la negociación colectiva; el primero porque negocia de manera “desprolija” y “segmentadamente”, y los sindicatos porque no actúan de manera unitaria. Así, ambos terminan “negociando en los descuentos y perdiendo uno a cero” y “tirando centros a la olla” para ver si “alguna medida satisface al otro”.
Durante una entrevista con Búsqueda, Pereira sostuvo que en varios conflictos, entre ellos el que hoy vive la enseñanza, hubo “varios casos” donde un reclamo “totalmente válido” como la mejora salarial, fue “destrozado” por un grupo de dirigentes que “distorsionan el mensaje” con ocupaciones.
La decisión de la filial montevideana de la FUM, la Asociación de Maestros (Ademu-Montevideo), de expulsar del gremio a varios jerarcas del gobierno “es un claro ejemplo de este tipo de accionar totalitario” que “destruye toda reinvindicación justa que puedan tener los sindicatos”.
Pereira advirtió que de seguir en estos procesos de atomización y decisiones ajustadas “se corre el riesgo de perder afiliados”, algo que “ya está pasando en algunos sectores”.
—¿Cómo analiza la conflictividad sindical actual?
—Los conflictos no deberían asustarnos. Estamos en una etapa donde se votará la última Rendición de Cuentas y es natural que esto pase, es parte de la realidad política. Lo que preocupa es que ni el gobierno ni varios de los sindicatos del sector público han comprendido que la negociación colectiva es un proceso que se inicia y se finaliza. En términos futboleros es como los centros a la olla: todos tiran una propuesta, hacen una medida a ver si eso puede llegar a satisfacer las necesidades del otro. Una negociación seria y equilibrada debería haber estado terminada hace semanas.
El gobierno negocia segmentadamente, desprolijamente, no convoca al Consejo Superior en forma ordenada. Por lo tanto se discute un tema tan importante como la Rendición en los descuentos y perdiendo uno a cero. También me preocupan acciones que no respetan las decisiones sindicales generales. Está pasando que los sindicatos resuelven algo, como la movilización de los gremios de la educación hacia el Ministerio de Economía, y un grupo entiende que está por encima de las organizaciones y se mete al Ministerio con cánticos preparados y destrozan, dinamitan, lo que fue una preparación de una organización sindical.
Estas actitudes hacen daño. Quienes las hacen deben reflexionar que están dañando la principal herramienta del movimiento sindical uruguayo: la movilización.
—¿Es un ejemplo de esta destrucción la ocupación del Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad por el sindicato del Hospital de Clínicas?
—En este caso hay una legitimidad porque fue una decisión orgánica del sindicato. Pero claramente no ayuda ni a la imagen del sindicato ni del PIT-CNT, que es el receptor de estas quejas aunque no organiza ninguna. No fue una medida inteligente, la respeto, pero eso no le deja grandes dividendos al sindicato, porque ocupan un centro autogobernado, algo que fue una lucha permanente del movimiento popular uruguayo.
Los planteos de los sindicatos de la enseñanza son compartibles y totalmente válidos. Lamentablemente no fue lo que quedó en el imaginario popular; lo que quedó fue la ocupación del Ministerio o del CDC. Estos son procedimientos absolutamente inadecuados que generan daños mayores a lo que la medida puede dar. Nos plantea un dilema que nunca tuvimos antes, que fue el de la no unidad de acción: ahora hay un puñado que se arroga el derecho de desacatar decisiones sindicales.
Además hay otra enfermedad: sea usted famoso por cinco minutos, aun cuando no haya nada para transmitir. No puede ser que estemos en una reunión fundamental para el movimiento sindical apurados por salir a agarrar un micrófono. La ansiedad por decir algo nos coloca en falsa escuadra.
—Los sindicatos de la educación concentran miles de afiliados, pero los paros y ocupaciones actuales las decidieron apenas unos cientos. ¿Que tan representativas son estas medidas?
—Decisiones de esta envergadura, que compromenten a miles, no se pueden tomar por decenas. Esto debería ser reflexionado por todo el movimiento sindical y ser un tema de agenda de un plenario de direcciones sindicales. Nunca creímos que decenas puedan superar la opinión de miles.
Esto tiene que ser así desde un paro del PIT-CNT hasta un paro de una filial. No es que gano una mesa 16 a 15 y decreto un paro general; así no se acumula, se acumula si logramos que la mayor parte de los sindicatos comprendan cuándo es el mejor momento de la movilización.
Uno no hace un paro general porque sí, lo hace cuando hay una catástrofe. Hay que ser muy cuidadoso con los paros porque es una herramienta poderosa. Los hacíamos con más frecuencia cuando primaba en el Uruguay un modelo neoliberal o nos querían privatizar las empresas públicas.
Es incomprensible pensar solo en “quiero ganar más”, hay mucho más que eso en juego y cuando eso se pierde de vista pasamos a ser una organización más de las que se denominan corporativas. Es uno de los golpes más duros que nos podemos pegar.
—Usted hablaba de sindicatos que no entendieron la negociación colectiva. ¿No entender es reclamar luego de haber firmado un convenio?
—Ese es un problema. Hay un acuerdo de cinco años con una recuperaión del 28,5%. Pero en ninguna parte del convenio se planteó que no se podían realizar medidas sindicales tendientes a mejorar esa situación establecida. La lucha entonces es claramente legítima porque no hay nada que lo inhabilite. No obstante ello, un proceso de negociación en el que todas las partes tenemos que comprender con cuáles garantías y con cuáles márgenes se discute. Son procesos que no se han contenido y por eso todos los sindicatos van a estar en el Parlamento planteando mejoras para su sector. Faltó una discusión global del proyecto país que contiene la Rendición.
Tiene que entenderse que nadie podrá obtener un mejor desarrollo si no tiene altos niveles de educación y que por ello tiene que haber la mayor cantidad de gente que acceda y termine su educación. Este es el mensaje a transmitir y no solo que queremos salario para los docentes.
—¿Qué opina acerca de las decisiones de ocupar liceos adoptadas por los profesores de esos centros?
—Eso es lo que no puede pasar. Veo ahí nuestro gran problema: la atomización del movimiento sindical. No podemos dejar que las medidas pasen por cada centro o por cada oficina en base a su poder de movilización y presión. Eso atomiza y debilita al movimiento sindical y le puede causar una herida muy grave. No se pueden sustituir las herramientas colectivas por herramientas de pequeños lugares de poder. Esto es dramático para el movimiento sindical.
No me quiero quedar solo con el sector educativo, uno lo ha visto en todos los sectores. Uno ve movilizaciones en un lugar de trabajo y luego el sindicato madre tiene que ir a tratar de contribuir. No se puede discutir empresa por empresa cuando nuestro planteo histórico es que la rama protege al débil.
No entender esto nos genera un problema terrible. El dirigente sindical que se está formando tiene que saber que le tiene que decir a sus trabajadores lo que no quieren oír, y eso es en parte explicarles este mecanismo. Nos acostumbramos a hablar para la tribuna, entonces la tribuna empieza a ser más importante que el objetivo general del movimiento sindical.
—Si el proceso de atomización continúa, ¿dónde estará el PIT-CNT en cinco años?
—Esa estrategia puede llevar a la desacumulación, podemos perder afiliados. De hecho hay algunos sectores donde ya ha sucedido, hay sindicatos que multiplicaron su afilicación pero otros ahora han perdido.
—¿Cómo cuales?
—Prefiero reservarme la particularización, pero hay indicios de las primeras desacumulaciones, y yo se las atribuyo a este proceso de atomización y a no comprender que se trabaja como un todo donde el más fuerte protege al sector más débil.
En los últimos tiempos hubo cantidad de ejemplos de sindicatos que inician un conflicto por su cuenta, se cortan por la suya, y luego llaman al PIT-CNT cuando están heridos de muerte para que interceda y en realidad deberían participar en toda la estructura de la negociación.
—¿Qué opina acerca de la decisión de Ademu de expulsar a jerarcas del gobierno y pedir que el cargo que usted ocupa por la FUM sea rotativo?
—Es otro claro ejemplo de estas decisiones aisladas, sin pensar en la táctica. Esta en particular es totalitaria, no da lugar a réplica ni descargos, no comulga con la mejor tradición del sindicalismo. Es un claro ejemplo de este tipo de accionar totalitario que destruye toda reinvindicación justa que puedan tener los sindicatos.