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    Las clases sociales en Uruguay mejoraron su bienestar: más hogares tienen coche y vivienda, y se redujo el hacinamiento

    Según un estudio sobre progreso multidimensional hecho para el programa para el desarrollo de ONU

    La reducción de la pobreza y la expansión de la clase media en los últimos años en Uruguay estuvo asociada a un “vigoroso” incremento del ingreso de las familias. Pero también hubo mejoras en dimensiones del bienestar, como la disminución del hacinamiento y una mayor tenencia de automóvil por parte de los hogares, aunque no la propiedad de la vivienda y el terreno.

    Esa temática fue abordada por los investigadores Marco Colafranceschi, Martín Leites y Gonzalo Salas en el estudio Progreso multidimensional en Uruguay: dinámica del bienestar de las clases sociales en los últimos años, encargado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con el apoyo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. El documento fue difundido públicamente el jueves 16.

    Los investigadores hallaron que, en 2016-2017, los individuos que tenían un mayor índice de bienes durables —como calefón, microondas, heladera, estufa, plancha, aspiradora, teléfono celular y fijo, automóvil, entre otros—mostraban más capacidad de resiliencia a la vulnerabilidad. Dicho de otro modo, los cambios relevantes en las probabilidades de entrar y salir de la pobreza se asocian al acceso a estos activos y a la capacidad de acumulación que tienen los hogares.

    La investigación tomó como insumo básico un estudio longitudinal del bienestar (ELBU, referido a hogares con niños que asistían a primer año de escuela pública) elaborado por el Instituto de Economía de la Universidad de la República para tres períodos (2004, 2011-2012 y 2016-2017).

    El ELBU muestra que hubo un incremento del ingreso medio per cápita de 7,5% anual entre 2004 y 2016, un lapso caracterizado por un “fuerte patrón redistributivo”, según los investigadores.

    Los hogares pobres disminuyeron de 60% en 2004 a 21,3% en 2016, a la vez que el porcentaje de aquellos “vulnerables” —con riesgo de caer en la pobreza— creció de 29,8% a 39,4% en esos años. Mientras, la clase media “consolidada” lo hizo de 10,2% a 38,6%. El estrato alto aumentó a 0,7% en 2016.

    La autopercepción de las familias acerca de la clase a la cual pertenece difiere de la clasificación según criterios objetivos: en 2016 se distribuía en partes casi iguales entre quienes se veían como de estrato medio (51%) o bajo (48%). Dicha discordancia podría estar asociada a dimensiones no monetarias no consideradas al categorizar los estratos, así como a diferencias al interior de los mismos, debido a factores como los gustos, el acceso a información o los umbrales de referencia que toma en cuenta cada individuo.

    Multidimensión.

    La investigación aborda el progreso social desde otras dimensiones del bienestar objetivo, más allá del nivel de ingreso.

    El porcentaje de hogares en situación de hacinamiento bajó de 31,4% en 2004 a 15,3% en 2016 (aunque con diferencias marcadas entre clases sociales). Eso obedeció al aumento en el número de habitaciones de la vivienda y, fundamentalmente, a que se redujo la cantidad de personas en el hogar debido posiblemente al incremento de las separaciones o emancipaciones de jóvenes, por ejemplo.

    Por otro lado, si bien el promedio de años de educación aumentó de 8,1 en 2004 a 8,6 en 2016-2017, la evolución según clases sociales muestra un estancamiento para el grupo en situación de pobreza, y una caída para los vulnerables y de clase media.

    Las diferencias también son notorias en cuanto a la informalidad laboral, con porcentajes para 2016-2017 de 13% en la clase media, 28,4% en el grupo vulnerable y 47,4% entre los pobres.

    En el caso de los indicadores vinculados a la tenencia de activos, si bien para el conjunto de los hogares hubo una mejora en la tenencia de automóvil (de 18% a 29,8%), bajó tanto la propiedad de la vivienda (45,3% a 38%) como de terreno a lo largo del período analizado.

    Por clases sociales, sin embargo, en 2016-2017 el porcentaje de hogares con coche propio era de 14,5% entre los pobres, de 22,3% para los vulnerables y de 51,8% en el estrato medio (29%, 37,6% y 46% en la tenencia de vivienda).

    “Humillación”.

    En el ELBU se consultó a los entrevistados sobre el nivel de ingresos que una familia compuesta por una pareja de adultos y dos niños necesita tener para evitar una situación de pobreza, un umbral conocido como “línea de pobreza subjetiva”. Las personas pobres sobreestiman su posición, mientras que los que están en el estrato superior la subestiman, según el estudio efectuado para el PNUD.

    Por otro lado, en 2016-2017 el 11% declaró haber recibido algún tipo de discriminación asociada a su situación económica en los tres meses previos a la entrevista (frente a 13% en 2011-2012). Las personas que sintieron haber sido discriminadas o “humilladas” por esa razón tienen una alta participación entre los hogares pobres, donde casi duplican al promedio de la población relevada.

    Cuando se consultó acerca de la posibilidad de aumentarles los impuestos a la clase alta con propósitos redistributivos, la proporción a favor creció conforme sube la clase a la que pertenecía el entrevistado, aunque solo alcanzó a 50% en el estrato medio.

    En torno a 35% del total de entrevistados opinó que se debe ayudar a los pobres con dinero y más del doble indicó que hay que hacerlo dándoles comida, surge también de la investigación.