Hace poco más de una década el cuero era el segundo rubro más importante en la canasta exportadora de Uruguay. Pero hoy se ubica trece escalones más abajo.
Hace poco más de una década el cuero era el segundo rubro más importante en la canasta exportadora de Uruguay. Pero hoy se ubica trece escalones más abajo.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn los últimos años las curtiembres redujeron la plantilla de trabajadores y ajustaron la jornada laboral, pero aun así tienen una importante capacidad operativa ociosa.
Un estudio reciente elaborado por la Cámara de Industrias (CIU) al que accedió Búsqueda señala que el sector curtidor “no ha podido revertir” el declive en su actividad que viene registrando en los últimos años y enfrenta un “desvío en el costo laboral” en relación al de los competidores, que explica el “deterioro” y la “desindustrialización” del rubro.
Asimismo, directivos de la Cámara de la Industria Curtidora Uruguaya dijeron a Búsqueda que la situación en el corto plazo “no parece ser mejor”, ya que “no hay condiciones” para recuperar el nivel de actividad en un horizonte de “seis meses o un año”. En este contexto y de cara a la actual ronda de Consejos de Salarios, consideran proponer “topear” los ajustes al aumento del tipo de cambio o incluso “si es posible, bajar el costo en dólares de las remuneraciones”.
En 2001 el cuero fue el segundo rubro de exportaciones por su monto, con envíos por U$S 231,8 millones (U$S 27 millones menos que las ventas de carne, que entonces lideraba el ranking y que se mantiene entre los principales productos de exportación), según las cifras oficiales. Diez años después, en 2011, la industria curtidora exportó una cifra ligeramente mayor en dólares corrientes: U$S 245,8 millones. Durante ese lapso, el mejor año fue 2006 con ventas por U$S 306 millones y el peor 2009, cuando las exportaciones se desplomaron (U$S 170 millones) debido al impacto de la crisis económica internacional.
Las ventas de las principales empresas del sector, que datan de 1890 (ex curtiembre Branáa, hoy Zenda) y de 1948 (Paycueros) están en declive. En 2001 Paycueros exportó U$S 92 millones y en 2011 colocó cueros por U$S 66 millones. En tanto, los negocios de Zenda pasaron de U$S 70 millones a U$S 59 el año pasado.
Al comparecer semanas atrás ante la Comisión de Presupuesto integrada con la de Hacienda de la Cámara de Diputados, directivos de la gremial de empresarios del rubro cuestionaron los artículos del proyecto de Rendición de Cuentas a estudio en el Parlamento, que grava con una tasa de 0,21% las ventas al exterior de “cueros y pieles en bruto o curtidos, terminados y semiterminados de las especies bovina, ovina y equina”.
En ese ámbito, el empresario Arman Chamyan, de Curtifrance, enumeró los problemas de competitividad que atraviesa el sector, la escasez de acceso a la materia prima y los altos costos de mano de obra, además de las asimetrías en el tratamiento de la industria en la región.
Se refirió a la “desindustrialización” del sector y opinó que el Poder Ejecutivo “debería pensar en una tasa compensatoria”, ya que los cueros crudos son exportados desde Uruguay a países “que están pagando mano de obra tres o cuatro veces inferior” que las curtiembres locales.
Diego Stein, de Paycueros, dijo que la primera etapa de procesamiento se hace en Uruguay y “después, todo el valor agregado es realizado en el exterior”. Por eso el país se está “quedando con la contaminación y perdiendo el valor agregado y mano de obra”.
La CIU indica en su análisis que el sector curtidor sufrió en los últimos años un “proceso de deterioro” que se profundizó a partir del 2007 con motivo del estallido de la crisis internacional: cayó el valor bruto de producción, se redujo el personal ocupado y las horas trabajadas, disminuyó su participación en las exportaciones totales y descendieron las ventas al exterior con más elaboración.
En 2005 el valor bruto de producción del sector ascendía a U$S 330 millones y representaba el 5,4% de la industria (sin considerar la refinación de petróleo). En 2011, en tanto, produjo por U$S 253 millones y esa participación cayó a 1,8%.
La tendencia recesiva siguió al inicio de 2012: en enero-mayo la producción de las curtiembres y talleres de acabado disminuyó 4,2% frente a igual período del año previo, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística.
De acuerdo con el estudio de la CIU, el empleo pasó de 3.600 trabajadores en 2005 a 2.700 obreros el año pasado.
También advierte un cambio en la composición de las exportaciones, ya que creció la participación del cuero sin procesar —wet blue— (pasó de 15% en 2005 a 22% en 2011) y semiprocesados (de 18% a 32%). Mientras, las ventas de cueros preparados disminuyeron de 67% a 46% del total de las exportaciones del sector.
El costo salarial es otro de los problemas que enfrentan las curtiembres, dicen los empresarios.
Al respecto, la CIU afirma que existe un “desvío en el costo laboral” del rubro en relación a los países competidores y que eso “explica en buena medida la desindustrialización que viene sufriendo” hace varios años, puesto que los procesos de manufactura del cuero que generan más mano de obra y valor agregado “son desplazados hacia otras regiones”, provocando que las ventas uruguayas del rubro tengan cada vez menos grado de industrialización.
Entre 2005-2011 el salario en dólares en las curtiembres uruguayas aumentó 185%, mientras que los precios de venta se incrementaron a un ritmo “considerablemente menor (34%)”, profundiza el estudio.
Agrega que el peso de los salarios “fue significativamente tan elevado que generó un importante deterioro en los precios relativos del sector”. Señala que no hubo un “cambio en la productividad que compensara” la situación, por lo cual la “afectación de la rentabilidad y el desempleo se tornó inevitable”.
En ese contexto, afirma la CIU, la renta empresarial está “actualmente en niveles casi nulos”.
Según los datos aportados por las empresas, indica en su informe que el costo promedio de un trabajador en 2011 ascendió a aproximadamente U$S 1.600 mensuales. En base a eso afirma que Uruguay es el país con “mayores costos laborales unitarios en relación a sus competidores” y compara: U$S 1.200 en Brasil, U$S 900 en Sudáfrica, U$S 841 en Rumania, U$S 546 en Bulgaria, U$S 500 en México, U$S 410 en China, U$S 350 en Tailandia y U$S 300 en Ucrania.