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En la actualidad casi todos los productos agrícolas de los países desarrollados son comercializados en base a estándares oficiales establecidos por leyes nacionales o internacionales, señala la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) de Naciones Unidas, en un “Manual para el mejoramiento del manejo pos cosecha” de esas mercaderías.
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Dichos estándares de calidad constituyen el “primer paso en un mercado ordenado, al proporcionar un lenguaje común para productores, empacadores, compradores y consumidores”, agrega. Según la FAO, son útiles para hacer más “transparente” el mercado, lo que es beneficioso para los productores, comerciantes y consumidores.
Los países de Europa, junto a otros que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), empezaron a discutir categorías para frutas y hortalizas a mediados del siglo pasado.
En el manual se pone como ejemplo el estándar establecido para el tomate en 1981: dice que deben estar “enteros”, “sanos”, “limpios” de toda traza de productos químicos” y de “olor o sabor extraño”. El estado de madurez debe ser tal que permita a la mercadería resistir el transporte y manipulación.
Como categorías, define una “extra” (calidad suprema), la “clase 1” (de buena calidad, sin defectos serios) y la “clase 2” (calidad comercial que no puede ser categorizada en las dos clases anteriores). También se fijan tamaños mínimos de 30 milímetros para los tomates alargados y de 35 para los redondos y apostillados para todas estas categorías.
Este estándar admite ciertas tolerancias (en porcentaje de las partidas de tomates) que puedan no cumplir con las características definidas para cada clase.
Además, se establecen requisitos en materia de empaque y presentación, así como de identificación del empacador, el origen de la mercadería y la especificación comercial.
Un tomate de “clase 3” para el mercado europeo es aquel que cumple con los requisitos establecidos para la categoría que la precede, pero puede tener partiduras cicatrizadas de más de tres centímetros de largo. El diámetro mínimo en este caso es de 20 milímetros para los alargados, miniaturas y cultivados en invernaderos, y de 35 para los demás.
El “fracaso experimentado por la mayoría de los países en desarrollo que han intentado poner en práctica la estandarización de productos frescos, se ha debido en su mayor parte a la falta de desarrollo o infraestructura en áreas de transporte, comunicación y organización social”, explica en ese documento.