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    Las mujeres en el Ejército: el “difícil” proceso de comandar hombres

    —¡Atención! —grita un oficial. Los subalternos se levantan y se cuadran, haciendo la venia y a la espera de instrucción.

    —Continúe —agrega la capitana Myriam Techera y sigue con su recorrida por la Escuela de Sub oficiales del Ejército, donde es comandante de Compañía y tiene a 120 hombres a su cargo, entre personal subalterno y oficiales.

    La capitana integra el reducido grupo de mujeres que decidieron dedicarse a la carrera militar, y al aun más selecto que logra graduarse. Techera es de la segunda generación de egresadas de la Escuela Militar (EM). Ingresó en 1999 junto con otras 14 cadetes, de las que egresaron ocho en 2002 y algunas menos continúan en actividad.

    Techera es la primera oficial en el arma de Artillería del Ejército, por lo que le ha tocado lidiar con “ser la nueva” y servir de conejillo de indias en una institución tradicionalmente integrada por hombres.

    “Después de mucho esfuerzo y sacrificio”, hoy la situación ha mejorado en comparación con sus años de cadete, cuando a las mujeres se les daba un fusil más liviano para los desfiles y se les contestaba que no podía realizar determinadas maniobras que practicaban los hombres.

    “Logramos nuestro espacio en un mundo de solo hombres”, dijo Techera a Búsqueda. “Y conseguimos el reconocimiento de que podíamos realizar las mismas tareas, que somos evaluadas en base a nuestras habilidades y capacidades y no por cuestión de género”.

    La oficial esta en su penúltimo año en el cargo y prevé tomar las pruebas para avanzar al grado de Mayor. Entrenar más, prepararse y “hacerse sentir” son algunas claves que, a juicio de la capitana, permiten tener éxito y subir la empinada escala de grados militares.

    “Hoy ya no hay tantos problemas como antes, pero igual existen tanteos para probar tu capacidad de mando. Uno siempre tiene que hacerse respetar, marcar la autoridad”, añadió.

    Mujeres combatientes.

    Una investigación sociológica reveló que dentro del Ejército existe una visión positiva sobre la inclusión de las mujeres en el ámbito castrense. El 70% de los cadetes encuestados acepta, aunque en diferente grado, la participación femenina dentro de la EM, según el estudio al que accedió Búsqueda.

    A nivel mundial, la inclusión de las mujeres en puestos de mando militar sigue siendo muy discutida. Brasil no las admite y países como Estados Unidos les permite acceder pero solo a algunos cargos y en determinadas áreas, por lo general administrativas y nunca de combate. Hace una semana, tres mujeres pasaron las pruebas de ingreso de los Marines estadounidenses y podrían llegar a ser las primeras marines de Infantería en la historia de ese país.

    En el caso del Ejército uruguayo, la inclusión plena de mujeres en todas las armas comenzó en 1998. Si bien no existe impedimento para que una mujer alcance el grado de General u otro alto cargo, en la práctica faltan décadas para que eso ocurra.

    Actualmente hay 1.230 oficiales en el Cuerpo de Comando del Ejército. Apenas 33 son mujeres. Entre los casi 13.000 miembros del personal subalterno del Cuerpo Combatiente, 1.270 son mujeres, según datos oficiales al 1º de octubre.

    Consultado al respecto, el general Marcelo Montaner, director de la EM, dijo a Búsqueda que “en aproximadamente 10 años se supone que deberían ascender las primeras oficiales femeninas a la jerarquía de coronel”.

    Techera y otras camaradas están en esa carrera, aunque aún les falta tiempo y grados. La capitana sabe lo que es ser “pionera” en su área desde antes de la EM: en 1996 ingresó junto con otras alumnas al Liceo Militar, más de 40 años después de la última mujer que pasó por ese centro.

    Feminismo por compensación.

    Para la autora de la investigación, la socióloga especialista en temas militares Silvina Brun, uno de los desafíos a enfrentar en la inclusión de género dentro de los cuadros militares “es la idea de que esto tiene que ser un feminismo por igualación”.

    “La equidad de género dentro de cualquier grupo humano, implica la aceptación de la diferencia y la implementación de mecanismos y regulaciones que permitan a las mujeres desarrollarse en las tareas que ellas elijan”, dijo Brun a Búsqueda.

    Casi la mitad de los encuestados considera que no se debe dar lugar a diferencias entre los sexos. Es que, según Brun, “para muchos, tanto hombres como mujeres, la idea de justicia vinculada al género se asocia a la capacidad que debe tener una mujer para realizar las mismas tareas, y de la misma forma, que los hombres”.

    Estas ideas remiten a un feminismo por igualación, sostiene Brun y así “se desnaturaliza al ser femenino”.

    Techera comparte esa opinión. “Para ganarse un lugar uno tiene que demostrar que es capaz, que puede hacer lo mismo que los hombres. Uno tiene que buscar que no la limiten. Tendremos que entrenar más, pero se pueden cumplir los mismo objetivos”, aseguró.

    Pero para Brun, es precisamente eso lo que se debe cambiar. “Hay que buscar un feminismo por compensación, donde se tomen en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres, que son naturales, y que se le permita a la mujer ejercer el mando y desarrollarse desde su lado femenino, y no imitando el comportamiento del hombre”.

    “Uno no puede poner a una mujer en su período menstrual a hacer maniobras, pero claramente la capacidad de mando es tan buena en hombres como en mujeres. En un oficial lo importante no es tanto hacer sino dirigir, y eso una mujer lo puede hacer perfectamente”, añadió.

    Los números.

    Brun encuestó a 212 cadetes de un total de 268 alumnos de la EM. El 70% opina a favor acerca del desempeño académico femenino en el centro.

    Los números se invierten cuando se les preguntó por el rendimiento físico: el 41% lo consideró regular y el 32% desfavorable. El 3% considera que las mujeres son malas o muy malas en ambos desempeños. Ese grupo está integrado, dijo Brun, por “misóginos irreductibles”.

    Al consultarles por la inclusión de las mujeres en el Ejército, casi el 70% acepta su participación, pero en diferente grado: 29% está a favor de la inclusión, mientras que el 40% a favor de la integración. El 22% desaprueba su participación.

    En situación de combate, el 62% de los cadetes prefiere estar liderado por un hombre. Además, el 41% opina que las mujeres no deberían integrar las Armas de combate, contra 36% que piensa que la integración debe ser total.

    De los cadetes encuestados, 20 eran de sexo femenino. Todas las cadetes entienden que pueden ser tan buenas oficiales como los hombres, en cualquier tarea a realizar.

    Solamente el 20% de las mujeres y el 11% de los varones afirman que si tuvieran una hija, les gustaría que fuera militar.

    “Como vemos, las cifras hablan de integración, hablan de aceptación. También hablan de la realidad de un proceso de corta data”, sostiene Brun en sus conclusiones y agrega que “dado lo cercano en el tiempo” de la participación femenina en la EM, no se puede esperar “que las políticas de género llevadas adelante hayan logrado una inclusión plena y que esta sea unánime”.