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    Las telenovelas electorales

    No es broma

    La integración de las listas para las elecciones es uno de los deportes más apasionantes del mundo político.

    Se practica con fruición, derroches de adrenalina, hectolitros de café, litros de whisky, kilogramos de aspirinas, antiinflamatorios, antidepresivos, tranquilizantes, y, a veces, hasta alguna pastilla de viagra.

    Puede llegar a ser extenuante, causar dispepsias, mareos, insomnio, tendinitis, migrañas, y hasta rotura de ligamentos cruzados.

    Pasar por una sede partidaria en los días que corren ofrece un espectáculo que puede ser tan vistoso como unas olimpíadas, o tan frustrante como una jineteada en la que los pingos les caminan por el lomo a unos desdichados y machucados jinetes.

    Las palabras traidor, adulón, desgraciado, ventajero, sinvergüenza, inescrupuloso, cortesano y recalcado se escuchan a la par de otros epítetos de esos que usa el Pepe Mujica y a mí me cuesta escribir, más allá del eufemístico hdp.

    Uno de los episodios más sonados en estos días en ese ámbito ha sido el de la confección de las Listas a diputados y senadores de la Agrupación Baluarte Frenteamplista, lista 890, que tuvo como protagonistas principales al Gucci, el Pelado Martínez, la Colibrina Goyeneche y el Camelia Di Candia.

    Los detalles los hemos seguido como si fuese una telenovela turca, de esas que están de moda, en la que Ahmed Guccim, célebre trovador itinerante de los boliches de Ankara y Estambul, es invitado por algunos dirigentes sectoriales del Partido Ataturk Frentamplim para encabezar las listas de la agrupación, a pesar de que las jovencitas Zamira Metokaste y Fatmagul Sakalaman echaron a circular en las redes sociales la falsa versión de que Ahmed Guccim había intentado seducirlas mientras les cantaba dulces melodías pastoriles al son de su pandura, ese laúd oriental de dulces armonías y ensoñadores arpegios.

    En uno de los capítulos más emotivos, la princesa Kolibra Goyenechim, simpatizante y poderosa dirigente del Partido Ataturk Frentamplim, declara a la prensa que, a pesar de que el juglar Guccim podría ser inocente de las versiones sobre sus aventuras amorosas, sería mejor que no figurara en las listas, para salvaguardar la ortodoxia de género que distingue al Partido. 

    Ni corto ni perezoso, el sheik Kamelio Dicandialik ratifica las declaraciones de la princesa, y pone en un verdadero intríngulis al candidato a la presidencia de Turquía por el Partido Ataturk Frentamplim, Peladok Martinikis, quien ya le había dado el visto bueno a Ahmed Guccim, fotografiándose con él en un cálido intercambio de sonrisas triunfalistas.

    —Ya fumamos el narguilé de la amistad y la unidad partidaria —manifestó Peladok Martinikis—. Nos abrazamos y bebimos raki y ayran boza on the rocks brindando por la unidad partidaria, y ahora me salen con este domingo siete… ¿por qué no lo pensaron antes? —dijo con angustia ante el requerimiento de la prensa turca.

    Pero Ahmed Guccim ignoró los pesares de Peladok Martinikis, y desde la terraza de su finca con vista al Bósforo, en una tibia noche turca, bebiendo un sahlep en fino vaso de cristal, declaró: “He filmado y grabado toda la larga entrevista con Peladok Martinikis, y si este cretino, sus esbirros Kolibra Goyenechim y Kamelio Dikandialik no se retractan, voy a pasar el video como previa a la televisación del partido entre el Galatasaray y el Fenerbahce”. (N. de R.: Estos dos equipos turcos equivalen a Peñarol y Nacional, y el clásico enfrentamiento entre ambos tiene un enorme rating de audiencia).

    Ahmed Guccim agregó en un episodio subsiguiente que, ante la ausencia de retractación, estaba preparando una demanda judicial por daños y perjuicios contra el candidato presidencial y sus dos “esbirros” —según sus palabras—, ya que, tras estos episodios, las contrataciones para sus serenatas nocturnas bajo los balcones de Estambul, así como sus recitales en fiestas infantiles y sus tocatas en los boliches nocturnos en Ankara, habían disminuido considerablemente, haciéndole perder miles de libras por concepto de cachets artísticos.

    Si bien faltan aún muchos episodios de esta apasionante telenovela, hemos sabido, por filtraciones de la televisión turca, que en los próximos capítulos la cosa se pone mucho más divertida y apasionante, cuando Ahmed Guccim decide secuestrar a la princesa turca Konstanzam Moreirakis, pidiendo como precio de rescate para su liberación, la declaración pública del trío acusado de malapraxis preelectoral, de arrepentimiento por los daños causados a su imagen, así como 30 camellos, 17 alfombras de Shiraz y del Turquestán, y la grabación sin cargo de su último CD con temas de amor.

    Parece que Peladok Martinikis diría entonces que le importa un düdük la vida y el destino de la princesa Konstanzam (N. de R.: düdük significa “pito” en turco), lo que provocaría un nuevo enfrentamiento interno dentro del Partido Ataturk Frentamplim, que no sería ni el único ni el más difícil de resolver, antes de las elecciones previstas en Turquía para el 27 de octubre.

    No está claro si, sobre el final de la larga serie de episodios, es verdad que la princesa Kolibra y el sheik Kamelio se casan y emigran en una alfombra voladora rumbo a Venezuela, donde los esperan Maduro y Diosdado para designarlos supervisores bolivarianos de la igualdad de género, o si vuelan al exilio tirándose en parapente desde el Monte Ararat, mientras Peladok Martinikis lo desagravia a Ahmed Guccim designándolo presidente de Agadu y Trovador Oficial del Estado.

    Se aguarda asimismo que las próximas telenovelas turcas sobre el Partido Ataturk Frentamplim sean no solo de aventuras, sino también de terror.

    Méritos no le faltan.

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