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    Las travesuras de Susanita

    Como de costumbre exageran los medios de comunicación y la oposición criticando sin fundamento la brillante gestión de ASSE, noble institución capitaneada por la Pasionaria criolla, doña Susana Muñiz.

    Hasta una comisión investigadora le han inventado los diputados Rubio y Lema, seguramente resentidos porque cuando eran chicos les daba miedo que les pincharan la cola con las inyecciones de las vacunas. La tienen a la pobre Susanita como maleta de loco, para arriba y para abajo contestando impertinentes interrogatorios y desmintiendo horrendas acusaciones todas ellas infundadas e injustas.

    Yo no las voy a enumerar ahora, porque ustedes ya las conocen, las historias de los médicos de Salud Pública —y a la vez empresarios— que se contrataban a sus propias ambulancias, los que dirigían hospitales de ASSE y contrataban empresas constructoras de sus familiares para hacer las tareas de mantenimiento y reparación en esos hospitales, las compras de electrodomésticos que hacían los médicos a nombre de los pacientes de las colonias psiquiátricas… ¡una cosa de locos! Todo ello trucho e inventado.

    Yo tengo algunos otros datos más, que otros resentidos que andan por ahí me hicieron llegar para que los hiciera públicos, pero yo no soy como esos alarmistas que pescan una buena idea medio escandalosa y la reproducen sin confirmación para denigrar a doña Susana y sus colaboradores, todos ellos juramentados ante Hipócrates para salvar vidas humanas y atenuar sufrimientos. Antes de bocinar estas cosas tan delicadas me dediqué a investigarlas, y a aclarar todas las dudas con Susanita, quien tan solícita como generosa muy amablemente me brindó parte de su valioso tiempo para que resplandeciera la verdad.

    Uno de los casos es el de Marvelindo de Souza, peón rural de Rivera, quien al caer de su caballo se fracturó un brazo, recurriendo a la policlínica de ASSE de Minas de Corrales. Allí fue atendido por el Dr. Braulio Elví Varacho, quien, ante el caso delicado que tenía en sus manos llamó de inmediato a una ambulancia de Artigas para que viniera a buscarlo. Lo mandaron internar en el CTI de la Clínica Dorival Barreto de Santana do Livramento, donde estuvo internado durante dos semanas, tras las cuales le dieron de alta con su brazo izquierdo enyesado.

    El costo de este tratamiento para ASSE fue de $1.320.000. El caso estaba ya por caer en manos de Lema y Rubio, pero antes de que ello ocurriera yo me fui a hablar con doña Susana, que me dio todas las explicaciones.

    Cuando don Marvelindo cae a la policlínica con el brazo roto, se resuelve hacerle una placa, pero el aparato de rayos X estaba fuera de servicio. La ambulancia de Rivera estaba en el taller, porque tenía el radiador picado y se lo iban a cambiar, y la de Artigas, que concurrió de inmediato, vino a cargo de un enfermero que entendió, en medio de la urgencia, que lo que don Marvelindo tenía era un accidente cerebrovascular, y lo llevó directamente a una clínica privada de Santana do Livramento, porque en el hospital de Rivera había una asamblea con paro, en la que se estaba reclamando el retorno del Dr. Toriani como director, y el chofer enfermero temía que se le muriera el paciente. Los costos de internación en Brasil son muy elevados, en especial los de CTI en una clínica privada, la única que en ese momento podía recibir al paciente, quien fue tratado por un médico uruguayo, el Dr. Gustavo Tetira Lakoyma, que también trabaja para ASSE en Rivera. Ese médico fue el que detectó que lo que don Marvelindo tenía no era un ACV, sino una fractura, cuando al cuarto día de internación lo oyó quejarse de un fuerte dolor en el brazo izquierdo. Al principio creyó que era un infarto, por lo que le hicieron un electrocardiograma, que dio normal, y finalmente terminaron enyesándole el brazo fracturado. El traslado de regreso de don Marvelindo a Minas de Corrales se hizo en taxi, debido a su delicado estado de salud, y de allí que la sumatoria de todos los servicios ascendió a $1.320.000.

    —Se cumplieron todos los protocolos tal cual está preestablecido —nos dijo doña Susana—, se sortearon obstáculos imprevistos, y lo más relevante fue que resolvimos el problema de salud del paciente, que es lo más importante— concluyó, con un gesto de satisfacción.

    Yo comparto plenamente su conclusión, así como también en el caso de doña Gertrudis Lamé Diotonta, quien recurrió a la policlínica de ASSE de la 5ª sección judicial de Treinta y Tres quejándose de un fuerte dolor en el vientre.

    La revisó en Urgencia la Dra. Fanny Flordeavi Vada, quien le diagnosticó una apendicitis aguda. Cuando la estaban operando, notaron que la paciente carecía de apéndice, ya que, al salir de la anestesia ella les dijo que le habían practicado la apendicetomía en su adolescencia. Como igual seguía con los dolores, le hicieron análisis de los jugos gástricos, y, ante algunos indicadores sospechosos, se enviaron las muestras a la Clínica Sirio Franciscana de San Pablo, que dirige el médico uruguayo Felisberto Flord Eficha, con la que ASSE tiene un convenio para casos de diagnóstico reservado. Los resultados estuvieron listos diez días más tarde, durante los cuales la paciente estuvo en cuidados intermedios. Los análisis no revelaron nada grave, por lo que se le preguntó a la enferma a qué atribuía ella su dolor, y ella les informó a los médicos que padecía de estreñimiento, y que no movilizaba el intestino desde hacía dos semanas.

    Se le administró un poderoso laxante, y el caso, de ribetes dramáticos, pudo resolverse satisfactoriamente, con un costo de $ 850.000, que no es nada, como dijo doña Susanita, porque la vida es todo.

    Y no sigan exagerando con ASSE, porque todo está claro y transparente. Y no se metan con la Susanita, porque capaz que los demanda por difamación e injurias.

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