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El viernes 14 de diciembre, mi esposo me invitó al espectáculo “Chist” de Les Luthiers en el Teatro Solís. Hacía mucho tiempo que quería ir a verlos actuar en vivo. Como era de esperar, nos divertimos muchísimo. Es imposible no pasarla bien, ya que los cómicos hacen un uso de la semántica y del lenguaje excepcionales.
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La función se desarrolló llena de humor inteligente y sutil. Sin embargo, en un momento del “sketch” vi —con una pena increíble— cómo estos artistas se burlaban de la Iglesia. Fue ahí donde captamos un humor más agresivo y explícito. Uno de los personajes, que hacía de monje, le presentaba al prior su problema: no podía vivir la castidad. De una manera grosera ridiculizaban lo referente a la sexualidad en la castidad. El religioso fue a rezarle a santa “Frígida”, haciendo burla de la Patrona de Europa, santa Brígida.
¡Qué disgusto me causó que llegasen a tal punto! Que se burlaran de la virtud de la castidad, la cual lucho por vivir dentro del matrimonio desde hace más de veinte años... Hay mucha gente que no la vive, pero conozco muchísimas personas que sí lo hacen tanto en el celibato como en el matrimonio.
Frente a tal desprecio, no tuve más remedio que levantarme de la butaca e irme del teatro. Nos fuimos con la sensación de haber visto suficiente; sin gana alguna de volver a ver su actuación. Ojalá Les Luthiers quitara esas escenas del espectáculo y siguiese explotando su imaginación para hacernos reír a todos.