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    Lo nuevo en discos

    Título: Muestrario (Perro Andaluz)

    Autor: Cuarteto Ciudad Vieja

    Carlos Morales es un nombre importante en la guitarra popular uruguaya. Luego de la muerte de Alfredo Zitarrosa, junto a Eduardo Toto Méndez, Silvio Ortega, Julio Corrales y Marcel Chaves, integró El Cuarteto y el Cuarteto Zitarrosa, luego rebautizado Guitarras del Uruguay. Morales encabeza ahora esta formación de músicos maduros, de esos que poseen el temple que dan los años, que proponen un exquisito balance de música original y estándares versionados. La milonga tanguera La puñalada, de Pintín Castellanos, encaja muy bien en la horma candombera que arma Morales, que abre el disco junto al clásico de Mariano Mores Tanguera. Si bien en los premios Graffiti (se entregan el 9 de agosto) compite en Álbum de Tango, esta docena de temas desborda los límites del arrabal y sus parientes como la milonga y el candombe, para adentrarse en terrenos folclóricos como la chacarera (Magia de invierno, de Rodríguez), el joropo venezolano con aires de vals (Por ahora, de Morales) y el samba carioca (Pasame el vino, de Morales y Esteba Klísich). Se llama Cuarteto pero es un quinteto, y alegra el aire con un sonido acústico de gran calidad, personalidad y buen gusto. Además de las seis cuerdas, Morales se encarga de la dirección y los arreglos. Lo acompañan cuatro instrumentistas de primera línea en el medio local: Fabián Pietrafesa en clarinete, Juan Rodríguez en violoncello, Fernando Sánchez en contrabajo y Jorge Trasante, otro pilar de la música uruguaya, en la percusión. La refinada elección instrumental permite que la melodías cobren vuelos inesperados, con la suavidad aterciopelada del clarinete, la nobleza del cello —uno de los instrumentos de sonoridad más parecida a la voz humana— y la ductilidad de las seis cuerdas cuando están a cargo de un ejecutante de los quilates de Morales. Para muestra, la hermosa versión de El loco Antonio, de Zitarrosa.

    Título: Halo (Crammed Discs/Karonte)

    Autor: Juana Molina

    Su voz aguda, levemente aireada e inconfundiblemente cálida, y su peculiar modo de ensamblar las sonoridades, sitúan a Juana Molina en ese segmento de artistas raros, los que configuran un género en sí mismo. Tal es así que la argentina es una figura de culto mundial, admirada por gente de la talla de Beck Hansen o Thom Yorke, el cantante de Radiohead. Tocará en Montevideo el viernes 4 de agosto en La Trastienda, y pocos días después emprende una gira por varias ciudades de Japón. En Halo, Molina mantiene ese sello personal basado en los mantras que repiten esquemas rítmicos y armónicos simples que se van complejizando. Esa atmósfera hipnótica que se instala en sus discos y —ni que hablar— en sus recitales, es su marca registrada. Ahora retoma (parcialmente) el sonido acústico en un buen balance con la matriz electrónica. Pero atención: esto no es dance ni tecno ni nada que se parezca a “música bailable”. La vasta paleta de sonidos digitales sintetizados se entremezcla con el sonido reconocible de una guitarra o de un bajo o de un platillo de batería, y la mezcla resultante es sometida a un intenso tratamiento de edición que se traduce en una originalidad permanente. Esta artista logra transmitir una constante sensación de novedad. Todo sin perder la dimensión de canción. Temas como Paraguaya o Cara de espejo están entre los mejores de un álbum al que es menester calificar como peligrosamente adictivo. Hay que verla.

    Título: Salón, lágrimas y deseo (Sony)

    Autor: Lila Downs

    Esta antropóloga mexicana que fue catedrática en universidades de Estados Unidos y su país, que se transformó en una de las grandes voces de la música latinoamericana del siglo y que demostró su poder musical y escénico en dos ocasiones en las salas mayores de Montevideo (Plaza y Sodre), vuelve a las bateas con su placa número 12. Nada nuevo: el reclamo por la cruda situación de la mujer es uno de los temas centrales de su lírica, en un país donde el femicidio es la cruz de cada día. Urge y Peligrosa, dos de las mejores canciones del disco, hablan de eso, con rica vocación poética. Bolero, ranchera, corrido, cumbia, jazz, soul y blues se trenzan en estas 14 canciones. Pero más allá del género y de la letra, la voz de Lila Downs se impone por su propio peso. Con ese don natural, ella domina con maestría el arte de la interpretación. Sobran los adjetivos.

    Título: Jaurès Lamarque Pons, piano (Ayuí)

    Autor: Élida Gencarelli

    Es uno de los rescates musicales del año. La obra de Jaurès Lamarque Pons (1917-1982), compositor clave de la música “erudita” o “culta” uruguaya, es abordada por Élida Gencarelli, una de las principales figuras del piano uruguayo. El compositor, director orquestal, pianista y violinista salteño, trazó un camino definido como “nacionalista”, que giró en torno a influencias de la música popular de esta región como el tango, la milonga y el candombe, y también del Norte, como el jazz. Estas grabaciones de 1988 en el estudio La Batuta y de 1997 en la entonces Sala Brunet del Sodre (hoy Nelly Goitiño), tuvieron una intensa investigación musicológica de la intérprete, quien accedió a las partituras y manuscritos originales de Lamarque, entre los que seleccionó composiciones muy poco conocidas hasta ese entonces. Entre las 29 piezas para piano y dos para piano y violín (a cargo de Jorge Risi) figuran Loreley, Che Fayuto, Siete temas de tango, Don joven tango, Calle y Cadencia. La grabación análoga y el tiempo transcurrido determinan que el sonido es un tanto apagado en comparación con una grabación actual. De todos modos, la brecha tecnológica no opaca la enérgica interpretación de Gencarelli, quien demuestra un profundo conocimiento del lenguaje híbrido que propone el compositor.

    Título: Rosas en el aire (Bizarro)

    Autor: Shyra Panzardo

    El segundo disco de esta bajista montevideana, que acompañó a Eduardo Darnauchans en sus últimos años (y discos), está hecho de rock. En la misma línea sencilla y directa de su debut solista Cuento de hadas (bajo, batería, guitarra y voz), estas 10 canciones se sostienen en riffs de guitarra simples y contundentes, en la voz cruda de Panzardo y en la lujosa ornamentación que Federico Navarro sabe darles a sus solos de guitarra. Salvo en Buscando el camino, todas las letras y músicas son de su autoría. Tabaré Rivero canta con ella en Ladrones encubiertos y Walter Bordoni la acompaña con su melódica en la dylaniana balada que da nombre al disco.

    Título: Passin’ Thru (Blue Note)

    Autor: Charles Lloyd

    Este viejo de Memphis, de 79 años, te pasa por arriba con el saxofón y la flauta. Y su nuevo cuarteto, con Jason Moran en piano, Reuben Rogers en contrabajo y Eric Harland en batería, también. Ya desde el primer tema, Dream Weaver, de casi 18 minutos, grabado en vivo en el Festival de Jazz de Montreux, aparecen las mejores reminiscencias coltraneanas. Los otros seis temas, también extensos, con el cuarteto improvisando siempre sobre ondulantes y finísimas líneas melódicas, son en vivo en Santa Fe, Nuevo México. Una maravillosa música que hace honor a los parientes negros, indios, mongoles e irlandeses de Lloyd.

    Título: Casa rodante (ind.)

    Autor: Nicolás Ibarburu

    “El alma remontaba el curso del Cebollatí. Y así sentí que estás aquí”. Con Navegantes, el primer tema del disco, la voz de niño de Valentín Ibarburu Campo se abre paso en medio de la guitarra de su papá Nicolás, la batería de su tío Martín, el piano de Manuel Contrera, el acordeón del Chancho Peyrou, el bajo del Pomo Vera y el tambor del Nego Haedo, y se roba la canción. No posee una voz especialmente destacada, pero es la suya cantando sus canciones. Quien adora a Dylan, a Cassia Eller o a Jaime Roos, lo sabe. El segundo disco solista del guitarrista uruguayo es otra muestra de su calidad como compositor, arreglador e intérprete. El funk suave de Desvelo, el milongón con toques de psicodelia Mapa Tesoro, el pop-rock de Gamo, cantada a dúo con Martín Buscaglia. En solitario, con el Trío Ibarburu o en los miles de proyectos ajenos en los que participa, es una inagotable caja de música.

    Título: Hug of Thunder (Arts & Craft-City Slang)

    Autor: Broken Social Scene

    Llevaban siete años sin sacar nada nuevo. Y lo que hicieron ahora fue editar el que tal vez sea su mejor disco. Esto es: un power pop pasado de cafeína, un armonioso montaje de canciones eufóricas con momentos orquestales y barrocos, alguna instancia instrumental y melodías relajadas. La superbanda canadiense (llega a tener 15 músicos, entre los que están, además de Kevin Drew y Brendan Canning, artistas como Feist, Emily Haines y Amy Millan) dispara letras directas, sonidos novedosos y una energía majestuosa: Vanity Pail Kids es imparable (y su video, experimental y surrealista, está protagonizado por un inodoro), Protest Song suena como a veces quiere sonar The New Pornographers cuando compone sus himnos, Skyline es delicada y folk, como para la banda sonora de una película de Richard Linklater, y la canción que le da título al álbum, en la voz de Feist, destila una melancolía dulce que se lleva perfectamente bien con esta bulliciosa celebración.

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