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    Los abogados “caranchos”

    Sr. Director:

    Es sabido, y sufrido en diferentes formas, el daño a los más humildes y menos informados, que ocasionan los abogados que rodean el Ministerio de Trabajo bajo su gestión y, obviamente responsabilidad, aunque, nobleza obliga, la miseria que relataré viene de bastante antes.

    Me refiero a un hecho notorio, público y consentido por esa Cartera que debería, en especial dada su postura político-social, combatirse hasta la extinción: la existencia de abogados “caranchos”, a la caza y a la pesca de trabajadores humildes, poco informados, que crédulamente creen en un cálculo indemnizatorio que luego no es real pero, ya es tarde: antes bien los “caranchos” urdieron un acuerdo de honorarios en un porcentual de lo cobrado, aún cuando este sea muchísimo menor que el ilusorio cálculo presentado al humilde trabajador en la primera entrevista (debería decirse “captura”).

    Es un negocio repudiable. Solo quienes estén inmersos en semejante estiércol de mentiras a partir de prometer lo que a sabiendas no se va a lograr, pueden defender un profesional de esa calaña, que abandonó, si es que alguna vez tuvo el honor de sentir lo que es la moral y la ética, expresada acabadamente en los Mandamientos del Maestro Eduardo J. Couture, del que todos somos tributarios y en el extranjero nos insuflamos de honor ajeno, por su tarea vigente hasta hoy.

    Seguro que el ministro Mieres cuando ingresa diariamente al Ministerio, repara, o debería reparar, en aquellos que rodean la puerta de ingreso para asesoramiento laboral (los “arbolitos” uruguayos que buscan “pescar” incautos trabajadores a cambio de un porcentaje de un honorario sideral; por tanto arbolitos mucho más reprobables que aquellos de la vecina orilla que sencillamente cambian moneda foránea por moneda argentina a razón de un tipo de cambio dinámico.

    Dentro del Ministerio, todo paz y amor. El trabajador solicita a través del “carancho” una audiencia, los abogados del Ministerio, en tanto moderadores, poco pueden hacer, más que, algunas veces, destacar la barbaridad de la reclamación o los gruesos errores que presenta.

    No todos se animan: los abogados “caranchos” están todo el día en el Ministerio, mañana y tarde, a veces no dan a vasto para asistir a más de una audiencia en la misma hora, van y vienen, vergonzoso.

    Destaco de paso que los abogados del Ministerio desde mi percepción son impolutos, ajenos a esta nefasta práctica.

    Dirá el ministro aludido, que es parte de la libertad, que es ejercicio de la profesión. Le respondo: eso no es libertad ni tampoco ejercicio de la profesión.

    La libertad debe estar al servicio de las buenas prácticas y un ejercicio abusivo no es un buen ejercicio cuando a su vista y paciencia se tolera y con ello abona su crecimiento.

    ¿Se puede corregir semejante agravio a los trabajadores?

    Claro que sí y es muy simple.

    Cuando un trabajador acuda a su Ministerio y se informe sobre sus derechos, infórmesele de sus derechos según la situación planteada, pero en forma completa y global, incluyendo el arancel de Colegio de Abogados que marca un porcentual para la concurrencia a una audiencia.

    Ud. lo sabe, Sr. ministro, pero tal vez no todos los lectores de este prestigioso Semanario: los abogados “caranchos” perciben entre el 15 y el 25% del líquido que perciba como indemnización un trabajador.

    Es escandaloso, obsceno, porque se lo quitan al que menos tiene.

    En un juicio ordinario, que implica un litigio en dos instancias durante más de tres años y múltiples presentaciones, audiencias, etc. se percibe por honorarios entre un 10 % y un 20%, según triunfe o pierda y ahí sí hay que pensar, escribir, estudiar.

    Bastará entonces con su determinación en modificar tanta injusticia: cuando un trabajador requiera el asesoramiento del Ministerio, no se limiten a una liquidación vía calculadora de cuánto le corresponde percibir, agréguese cuanto le corresponderá pagar por la intervención de un abogado.

    Y aleje, por favor, a los “arbolitos” pagados por los abogados “caranchos”, de la puerta misma del Ministerio: su sola presencia desmerece su jerarquía y sus buenas intenciones de las que no dudo.

    Termino con un ejemplo de estos días, una trabajadora reclamó más de 3 millones de pesos a su supuesto empleador (en una situación muy discutible llegado a juicio), una audiencia en el Ministerio y una oferta del supuesto empleador que no quiere sumar a sus preocupaciones la toxicidad de un reclamo de resultado incierto desde que dos testigos y el dubio pro operario pesa más que la realidad, aunque esta se demuestre, con 300 mil pesos, resolvió el reclamo, bien por la trabajadora se dirá, algo es algo, pero ese algo es menos de lo que la ilusionaron para “capturar” el reclamo: los honorarios por una audiencia y cuatro llamados telefónicos fueron del 20% agregándoles timbres y gastos judiciales inexistentes que aquella pagó en su ignorancia y todavía dijo gracias al despedirse.

    Dejo por acá. Podría enumerar casos donde el apuro por cobrar lleva a los abogados “caranchos” a errar, feo, en la liquidación de los rubros laborales, total, lo que importa es la billetera de estos, los trabajadores son solo un objeto de uso, como un limón al que exprimir cuanto se pueda.

    No venga el Sr. ministro con garantías o respeto a un trabajo que no es tal, en todo caso si la audiencia laboral se reputa valiosa para el trabajador, sin duda la parte débil de la relación laboral, actúe para que no le arrebaten buena parte de su percepción económica.

    De lo contrario, corten por lo sano: deroguen la norma que impone la conciliación laboral y que todos acudan a los juzgados de conciliación civiles, ahora con horario extendido desde la mañana a la tarde, seguro que estas prácticas putrefactas se acaban o por lo menos disminuyen.

    Tolerar el abuso, a sabiendas, es una forma de flagrante injusticia, tolerada por el Sr. ministro, y también por las organizaciones gremiales que deberían defender los derechos de todos los trabajadores no solo los de su gremio, pues todos o buena parte de primeros acuden al llamado de 1º de mayo y otras convocatorias.

    Jorge M. Pereyra

    CI 1.018.269-8