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    Los empresarios y el Diablo

    N° 1874 - 07 al 13 de Julio de 2016

    “No se ve cuando (el empresario) paga impuestos, ni el escaso margen (de ganancia) que tiene. No se ve toda la colaboración que hace el comerciante (como en el caso de Dolores), donde el porcentaje de lo donado mayormente fue de los empresarios, (pero) la Cámara de Comercio no apareció, ninguno de los empresarios va a decir cuánto donó. Nos duele la imagen que se tiene del empresario. Se nos ve como diablos”.

    Tiene razón Carlos Perera, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, una institución centenaria que nuclea a cientos de empresas de todo tamaño y rubro, en sus declaraciones a Búsqueda de la semana pasada. Pero lo que no dice Perera es que los propios empresarios son también responsables de esta imagen negativa que tienen en la sociedad.

    Desde esta columna venimos predicando desde el primer día sobre el rol del empresario como factótum de la sociedad, como el verdadero héroe que es y pocos comprenden, ya que un genuino empresario se vale por sus propios talentos y virtudes, ofreciendo sus productos y servicios a un mercado libre, que elige con igual libertad de opción.

    El empresario no presiona para que le compren, ni puede amenazar con paros o multas a los clientes que no quieren pagar el precio por sus productos o servicios.

    Pero no es esta la imagen que se tiene de ellos en la sociedad, sino todo lo contrario: son los explotadores, los avaros, los mezquinos, los corruptos. ¿Por qué es así?

    Ya lo dijo Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se transforma en verdad”. Y es esta cantarola la que ha venido repitiendo el PIT-CNT, la izquierda, las ONG que operan como astillas del mismo palo o los movimientos estudiantiles, convencidos de la lucha de clases y otros fracasos intelectuales y sociales.

    Pero ¿cómo se combate una mentira? La única manera efectiva y moralmente correcta de hacerlo es combatirla con una verdad. Siendo así, ¿se imaginan el impacto que puede tener repetir mil veces una verdad?

    Pero los empresarios uruguayos no suelen hacerlo. No repiten ni mil, ni cien, ni diez veces las historias de sacrificio, innovación, asunción de riesgos, planificación y persistencia que hay detrás de cada emprendimiento comercial. No muestran el lado interno de la empresa, la cara “humana” del empresario, cuyo trabajo no es de lunes a viernes de 9 a 17, sino de lunes a domingo de 0 a 24.

    Los dirigentes empresariales se comunican muy mal con la sociedad. Cada vez que salen a la prensa es para quejarse y pedirle favores al gobierno de turno: la sequía, los puentes cortados, los productos de China, el tipo de cambio, los subsidios, los préstamos blandos del BROU, UBER, AirBnb…

    Pocas veces se muestran innovando, trayendo las mejores ideas del mundo u organizando eventos con los popes del management para sacar de la mediocridad a un país cada vez más mediocre.

    Las pocas veces que las cámaras empresariales se mostraron juntas (Cámara de Comercio, Cámara de Industrias y Asociación Rural) fue cuando se presentaron para competir por un canal de TV digital y perdieron por goleada con el PIT-CNT. Se suponía que esa iba a ser una herramienta útil para comunicarse con la sociedad, pero desperdiciaron la oportunidad. Y nunca más volvieron a insistir. Ni siquiera con un canal en YouTube (que es gratis). Lo que necesitan los empresarios no es un medio de comunicación físico; lo que necesitan son “contenidos” para comunicar. Y no los trabajan profesionalmente.

    Si quieren dejar de ser vistos como “diablos”, entonces deben actuar como “santos”. Que muestren sus historias de éxito. Que muestren cómo son capaces de arriesgarlo todo por una idea, un propósito o una pasión. Que muestren cómo tienen que levantarse todos los días sin “derechos o clientes adquiridos”, sin “convenios” que les aseguren “estabilidad empresarial” y que muchas, muchas veces, no pueden cobrar un “precio digno” que cubra los enormes costos locales.

    Y, también, que limpien la casa. Traten de evitar que empresarios que gozan de monopolios o cuasi monopolios privados sean parte de sus directivas. No amparen a quienes regalan bandas presidenciales en busca de apoyos turbios y tampoco vayan a comer a algún quincho o algún “club de la armonía”. Y no pidan favores a un Estado ineficiente y voraz. Eso los acerca más al infierno que al cielo.

    Hagan lo que mejor saben hacer: satisfacer necesidades de los consumidores a cambio de acuerdos libres y voluntarios basados en un ganar-ganar. Verán que en poco tiempo Juan Pueblo entenderá la noble contribución que hacen a la sociedad, dejarán de ser vistos como diablos y serán vistos como líderes genuinos a quienes muchos querrán escuchar. Aunque no parecen ser conscientes de eso, los empresarios tienen mucho bueno para decir. Solo falta que lo digan.

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