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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn virtud de los enfermeros-psicópatas que conmovieron a todos estos días, deseo compartir una breve reflexión al respecto. Si algunos meses de investigaciones identificaron a dos enfermeros asesinando pacientes sin coordinación o acuerdo entre ellos, la estadística seguro diría que “algo está podrido en el sistema de salud”.
Suena crudo contar enfermeros-asesinos, y si encontrar uno resulta caso raro, encontrar dos merece otras lecturas.
¿Acaso es el sistema de salud tan pérfido y desahuciante como para convencer a quienes dedicaron su vida a salvaguardar la vida de otros, que es mejor quitársela
antes que ayudarlos a atravesar las vicisitudes de este sistema que debiera curarlos?
Cada uno de estos enfermeros es serio motivo de preocupación, pero confieso que a mí mucho más me preocupa pensar que el sistema logró tergiversar la misión de más de uno de sus paladines. Encontrar en una investigación a dos enfermeros actuando en forma independiente, tal vez sea comparable a la probabilidad de que alguien gane la lotería dos veces seguidas (no tengo ganas de hacer las cuentas, pero nunca ocurrió, igual que nunca antes hubo dos psicópatas enfermeros concurrentes).
Desde esta perspectiva, seguramente haya bastante más que dos enfermeros psicópatas hoy.
Que el Estado uruguayo terminara lo que es el edificio de Presidencia, tomó 45 años y que el rey Juan Carlos se asombrara de semejante cadáver ambulante.
Las instituciones públicas, en general, sostienen procedimientos y burocracias anacrónicos que el Estado parece más capaz de promover que de actualizar. El costo de esto es enorme para todos, también en vidas.
¿Qué más hace falta para que el Estado y todos los políticos y funcionarios, que todos pagamos, reconozcan que hay que ocuparse de ver más lejos que el caso de dos enfermeros?
Irene Pazos Viana
CI 1.736.292-2