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    Los “hurgadores” de basura

    Escribo estas líneas motivado por la publicación en su semanario el día jueves 28 de junio de 2012 de una carta remitida por el Dr. Esc. César Eduardo Fontana, que contiene la opinión de su remitente sobre los clasificadores de basura que transitan por Montevideo en carros de caballos.

    Una sola palabra: patética.

    La carta remitida por el Dr. Esc. Fontana no cumple con los requisitos que establece el Nº 10 de las condiciones a las que deben atenderse los corresponsales para que sus cartas puedan ser publicadas en la sección “Cartas al Director” del Semanario Búsqueda.

    Referirse a otras personas como “lúmpenes que prefieren regocijarse dentro de la basura de los contenedores que tener una vida digna, propia de un ser humano, tratando de mejorar su condición” implica a todas luces utilizar lenguaje insultante y discriminante que refuerza prejuicios acerca de un grupo de personas.

    Usted, así como todos los lectores que han tenido la oportunidad de leer esta carta, podrán comprobar que el uso de expresiones descalificantes no se agotó en el citado pasaje, sino que en su carta, el Dr. Esc. no escatimó en la utilización de términos inapropiados para una conversación respetuosa, ya que en la misma se refiere a los clasificadores de basura como “espantapájaros”, “esperpentos” o “el último escalafón de la sociedad”.

    Dado que el Dr. es también un escribano, debo concluir que la utilización de estas expresiones no responde precisamente a que el remitente de la mentada misiva no contara en su vocabulario con otras expresiones de menor entidad ofensiva para describir una situación que lo indigna. A su vez, cabe agregar que en la misma edición se publicó otra carta sobre el mismo tema, que transmite las mismas preocupaciones que inquietan al Dr. Esc., sin necesidad de recurrir al lenguaje descalificante que utiliza el Dr. Esc. Fontana.

    Más allá del tono absolutamente inapropiado de la carta, debo manifestar que en las “ciudades civilizadas” a las que se refiere el Dr. Esc. en su epístola, los residuos son clasificados por los residentes y es por eso que los “esperpentos” a los que se refiere en su carta son “inconcebibles”. Doy por descontado que la indignación del Dr. Esc. también responde a que cumple con su deber ciudadano de clasificar la basura, tal como lo hacen en las “ciudades civilizadas” de este planeta.

    Si los montevideanos queremos que desaparezcan los carritos de nuestras calles debemos comenzar por clasificar la basura en el hogar, cosa que no sucede en la mayoría de los hogares. La Intendencia tampoco ha fomentado dicho cambio cultural, ya que la propia política de recolección de residuos de nuestra comuna torna inservible el hábito de quienes solemos clasificar la basura orgánica e inorgánica en el hogar: toda la basura va a los mismos contenedores y el contenido de los mismos va a parar al mismo lugar.

    En este momento la abrumadoramente mayor fuente de clasificación y reciclaje de residuos en nuestra capital proviene de las manos y de los caballos de los hurgadores, razón por la cual la manera en la cual el Dr. Esc. Fontana se refiere a los clasificadores es no solamente inapropiada sino que es también profundamente injusta e innecesariamente ofensiva.

    Aclaro que no es mi intención menospreciar la vida de la persona implicada en el accidente que motiva la carta del Dr. Esc., así como tampoco es mi intención quitar responsabilidad a las autoridades municipales respecto a las carencias de las que adolece el servicio esencial de clasificación y reciclaje de basura que la Intendencia está obligada a brindar.

    A pesar de ello, la basura de los montevideanos es clasificada y reciclada, no por la Intendencia, sino por los miles y anónimos clasificadores de basura. ¿Verdaderamente merecen ser llamados “lúmpenes que prefieren regocijarse dentro de la basura de los contenedores que tener una vida digna, propia de un ser humano, tratando de mejorar su condición”?

    Quienes participan en esta sección del semanario deben ceñirse a los requisitos que se establecen a tales efectos y honrar este espacio de debate de ideas con la utilización de un lenguaje acorde al espíritu de este insigne foro, cosa que no se refleja en la carta remitida por el Dr. Esc. César Eduardo Fontana.

    Fernando Alberto Mazzoni Abdala

    CI 4.489.405-5