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    Los nuevos liderazgos

    Sr. Director:

    La Patria Perdida. “Los pueblos que no reconocen a sus luchadores, se exponen a un futuro incierto”. Permítasenos una primera explicación a manera de introito, de lo que desarrollaremos después. Recordando a Sarmiento en aquel pensamiento “son ideas todas las que regeneran o pierden a los pueblos... la falta de ideas es barbarie pura”, agregamos por creerlo en la misma sintonía, lo que dejara escrito el Dr. Palacios (también argentino). Este profesional decía: “los partidos sin ideales son como organismos que carecen de emoción colectiva, que viven destrozados; de ellos puede decirse lo de Ortega y Gasset, sobre los viejos partidos españoles: solo conservan la aptitud de los escombros, para ahogar bajo el gravamen de nuevas germinaciones”. Entonces, es cuando las oligarquías pretenden sustituir a los viejos caudillos por corporaciones de origen espurio, con fines no muy claros desde el punto de vista democrático (solo con entusiasmos no se construye ni se consigue nada).

    En nuestra patria, desde hace décadas, el afán de predominio de grupos ha impuesto límites a la libertad de pensar, poniendo en riesgo la vigencia de nuestros derechos básicos. Los personalismos en sí mismos no son malos, cuando los asisten valores y elementos constitutivos de la reflexión inteligente y elaborada. Pero parece ser que los grandes conductores son seres del pasado y se rechaza absurdamente sus ejemplos y enseñanzas, que en lo esencial, siguen teniendo un contenido intemporal. No decimos esto por dogmatismo, desde que reconocemos que la vida es en sí misma una fuerza dinámica. Sin embargo, algunos surgen creyéndose naturales sustitutos de los que hicieron el surco, buscando cambiarlo todo, sin demostrar aptitudes ni valores que justifiquen estas conductas. En realidad, asoman más como trepadores y oportunistas que como innovadores. Claro que existe el declive natural en el ciclo de la vida, pero para ellos el pasado es el pasado. De todas formas, esto no da derecho a renegar del tiempo histórico; de ahí viene nuestro acápite. Las verdades deben ser siempre objetivas; sin maquillaje. Lo otro es descender en la chatura, que se busca tapar con el dinamismo. Con ese comportamiento lo que quieren es discriminar a los que les hacen sombra. El método utilizado es combatir al virtuoso, calificándolo de “peligroso”, porque la capacidad molesta. Esto nos parece una manera sutil de proscribir.

    Al pretender sepultar un pasado de grandezas, el camino es la ficción, por aquello de que el fin justifica los medios.

    Duele aceptar que hemos caído en un estado de decadencia moral por ambiciones desmedidas y ejercicio autoritario del poder.

    Los caudillos nos dieron mucho, pero poco hemos aprendido; más aún, los negamos. Y si nos va como nos va, es que padecemos de la ingratitud natural de los mediocres.

    Julio César Hernández

    Ex Representante Nacional