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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi de políticos hablamos. Desde muy chico tengo bien arraigado el concepto de patria, el que, ante juramento solemne y oportuno… de la moral y dignidad ciudadana fue establecido defender por nuestro honor.
El pasar de los años no modificó el concepto.
Ya en este 2018 existe un deterioro cada vez mayor y absoluto de todo lo que vivimos anteriormente, de la misma forma como los adelantos son ya muy vertiginosos esta caída libre hacia la nada, hacia un pauperismo social, hacia el fraccionamiento entre buenos y malos casi como forma exclusiva de ver a la población, junto con un sinfín de etcéteras terminarán con todo.
El próximo gobierno que asuma, sea del pelo que sea, no tendrá dinero en caja, porque se debe todo o una gran parte del todo; recibirá una sociedad atomizada entre los que laburan y los que viven de los que laburan; una administración destrozada por corrupción en todos los ámbitos, llámese sindicatos, intendencias, entes autónomos, escuelas, facultades, ONG, la policía (que aún creo se resiste a morir) y unas Fuerzas Armadas esquilmadas a más no poder con una casi nula capacidad de maniobra (en mi opinión).
Todos los que ostentan el poder o aspiran a él tienen un taco fisher muy grande metido en zona oculta, el que de forma automática se atornilla en el sillón; no les interesa nada más que su particular bolsillo y la venta o alquiler de espejitos de colores. Existen muchas personas ávidas de la recompra, creyendo que ello trae la salvación consigo, sin darse cuenta de la pasmosa realidad. Nuestros políticos actuales son así, al no existir estadistas (Batlle y Wilson ya murieron) cualquiera nos llevará hacia un destino final hoy por hoy inopinado, ni ellos saben cuál será. De seguro, bueno no es, aunque no les importe. Aman el sillón.
La manida frase “la esperanza es lo último que se pierde” forma parte ya de un cuento de hadas muy, muy viejo, al que no le tengo ya ni fe ni confianza al saber desde el vamos de su deshonestidad como frase, nombrada solo para atraer incautos.
Este es el país que le dejo a mi descendencia.
¿Este es el país que quiero?
No, no lo es.
Lo peor de todo es saber de antemano que no se puede hacer nada, no tengo poder de decidir en absoluto, solamente un voto que no ejecutaré por no poder apreciar a alguien merecedor, porque la carcajada será eterna. No votaré al menos malo, directamente no lo haré. Se pasaron la Constitución por donde quisieron ante la vista de todos, el Parlamento calló por completo en Asamblea General en momentos de tratarse el tema de una renuncia a la vicepresidencia (nada más ni nada menos) en una complicidad cerrada total, ¿y aun así se pretende cambiar un debacle generalizado?
No existe un solo político que nos diga cómo hará las cosas. Todos, absolutamente todos critican lo criticable (cuestión que toda la sociedad ya sabe) pero ninguno dice cómo hará mejor su tarea, solo se pelean como gurises chicos mojándose la oreja.
Ustedes que hoy intentan administrar mi país, por favor, digan de una vez por todas que no supieron cómo, digan y sean honestos (si es que pueden), para por lo menos intentar blanquear alguno de los desastres que estamos sufriendo los habitantes de todos los pelos.
De antemano sé que es imposible pedirles sinceridad, honestidad y mucho menos patriotismo a seres que no conocen nada de ello, dando por respuestas palabras huecas y vacías, y por ello me declaro tachuela, me dedicaré a hacer lo que mejor sé hacer que es vivir esta vida prestada, a sabiendas que la vida es y con eso me alcanza.
Ramiro Gómez