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    Los primeros 100 días de gobierno (I)

    Sr. Director:

    Luego de más de un año de campaña electoral, el 1° de marzo asumió el nuevo gobierno presidido por Luis Lacalle Pou. Todos recordamos el momento histórico de ese domingo cuando el presidente saliente, Tabaré Vázquez, saludó con afecto al colocarle la banda presidencial a su reemplazante y luego cómo el nuevo mandatario acompañó en su retiro de la plaza Independencia al ahora Dr. Tabaré Vázquez. Comenzaba una nueva etapa en Uruguay que iba a tener un invitado inesperado para todos, aunque quizá previsible.

    De todo lo que se había anunciado se cumplió con la reunión del presidente, ministro del interior y todos los jefes de Policía, cosa más, cosa menos. El viernes 13 se vino la noche con el anuncio de los primeros cuatro casos de coronavirus y comenzaron a cerrarse las actividades. Sin espectáculos públicos, sin actividad educativa presencial, cierre de centros comerciales, de buenas a primeras quedamos solo con farmacias y supermercados. Las fronteras también se cerraron, aparecen los primeros fallecimientos, el desplome económico de un alto porcentaje de la sociedad que carecía de cobertura previsional, record de seguros por desempleo, ollas populares en cada esquina, gritos aquí y allá pidiendo cuarentena obligatoria, pregoneros de insuficientes insumos para atender el momento. La pandemia hace estragos a escala mundial y el número de contagios y fallecidos aumenta a diario en forma exponencial mientras aquí el presidente y su equipo dan todos los pasos que consideran necesarios para hacer frente a la situación más terrible de nuestra historia reciente. En ningún momento se dejaron ganar por la desesperación y tampoco por reclamos demagógicos que no estaban inspirados en una solución, sino en desprestigiar al mismo presidente, sus ministros y asesores. No podía estar ausente la inoperancia de la central sindical llamando a un caceroleo como tampoco el pedido otra vez de que los que tengan más pongan más. La ciudadanía entendió que debíamos todos poner nuestro máximo esfuerzo, se solidarizó con la causa y permaneció en cuarentena voluntaria evitando la propagación del Covid-19. La Semana Santa o de Turismo nos encontró a todos en casa, el Greg Mortimer era “la serie” que todos atendíamos, las conferencias de prensa brindadas por el gobierno desde la Torre Ejecutiva mantenían nuestra atención y seguíamos siendo solidarios en lo social y en lo material. Un alto porcentaje de la población daba su aprobación al gobierno, un comité de expertos indiscutibles asesoraba al presidente y su equipo para ir abriendo lo que Luis Lacalle Pou llamó “las perillas”, y nos encaminamos rumbo a la “nueva normalidad”. Se retomó la construcción, las escuelas rurales, la actividad hípica, los comercios, las caminatas y poco a poco nos volvimos a encontrar, pero con dos nuevos miembros en nuestra vida: los tapabocas y el distanciamiento físico (el alcohol en gel ya era viejo conocido). Aplanamos la curva, se controlaron y sofocaron los focos que habían aparecido, incluyendo a la ciudad de Rivera, con el peligro de su frontera seca, que equivale a cruzar 18 de julio. Y de aquel terrible 13 de marzo pasamos al presente con días de cero casos nuevos.

    El otro tema primordial en estos 100 días fue la ley de urgente consideración (LUC). Habían pasado cuarenta días desde la conferencia donde Lacalle Pou anunció el ingreso del coronavirus hasta el aterrizaje de la LUC en el Senado. Otra vez discusiones políticas entre coalición y oposición. El oficialismo nada había hecho hasta ahora por culpa de la pandemia, todos los cartuchos se quemaban en atacarla, y el 23 de abril el gobierno decidió empezar con sus anuncios de campaña. El Frente Amplio contratacó con todo su arsenal y tildó este acto de inoportuno, inconstitucional, antidemocrático, ley ómnibus carente de urgencia, autoritario y cuanto adjetivo se quiera le cabía. El partido de izquierda no termina de acomodarse ni a la realidad del 1° de marzo y tampoco a la nueva realidad. Está como quien ha vivido muchos años en una amplia casa de dos plantas, con muchos ambientes, jardín y fondo con barbacoa, y ahora se tuvo que mudar a un departamento pequeño donde además deben convivir todos los grupos para seguir vendiendo una unidad inexistente. Hacía mucho tiempo que un acto no era tan democrático como el tratamiento de esta ley. Todos los partidos la discutieron y todos fueron escuchados y se atendieron muchos de sus aportes, incluido el FA, dando como resultado una nueva ley que, manteniendo su escencia, en lugar de 501 artículos se votó con 476. Pese a las matemáticas de la senadora Carolina Cosse, la oposición votó el 51% de la ley y según más de un “iluminati” ¡¡¡evitaron males mayores!!! Qué poco respeto hacia el oficialismo y a toda la ciudadanía que reclamó y votó cambios. Según dijeron, se discutió sobre propuestas que ya habían sido refrendadas por la ciudadanía en años recientes y también en la década del 90, pero sin embargo nadie les hizo ver que el FA dos veces se negó a leer el resultado de un plebiscito. Cosas viejas que la izquierda siempre intenta reflotar aduciendo que solo esa ideología es la única capaz de asistir a los más necesitados, los más desvalidos, los más olvidados, la clase trabajadora, la única que interpreta la igualdad de género, los desaparecidos, la violencia domestica y etc. etc. Si no sos de izquierda, sos capitalista, neoliberal y apoyás las multinacionales, la patronal y todo tipo de opresión al pueblo. Políticas y pensamientos muy viejos que unos cuantos se encargan de traer una y otra vez al presente.

    Los 100 días de este gobierno eran inimaginables para cualquiera, a ninguna mente sana se le cruzó sufrir una pandemia a 13 días de asumir. La prensa mundial se ha encargado de resaltar la acción del gobierno de Luis Lacalle Pou, su liderazgo, sus colaboradores políticos y científicos, los aportes preponderantes de la ciencia y el personal de la salud y sobretodo la actitud del pueblo en general para afrontar el tema. Ahora la Cámara de Diputados tiene en sus votos la ley de urgencia, luego vendrá la rendición de cuentas y el presupuesto. Si seguimos empatando en La Paz (como dijo el Dr. Radi), se podrá poner en marcha el país. Todo lo bueno que destacó la oposición sobre las condiciones en el tema salud que ellos habían dejado no van de la mano con el estado en que se encuentra la economía, agregado a esto la pandemia.

    Nos preguntamos, si tan bien pudo el gobierno y su coalición manejar el Covid-19 y sus implicancias, ¿no podrá con los demás temas? La carta de crédito está abierta, esperemos que sea aprovechada.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    Egresado de la Escuela de Periodismo

    de Búsqueda (primera generación 2017)