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    Los trenes y vagones de las ferroviarias estatales no cumplen las condiciones para usar las vías del “primer mundo” del tren central

    La decisión del gobierno de embarcarse en una inversión ferroviaria multimillonaria, que tiene como destino más visible atender el tráfico de carga que generará una segunda planta de celulosa de UPM, recibe cuestionamientos desde distintos frentes. Ante las críticas, el discurso oficial se esfuerza por separar esos 273 kilómetros de vía de la compañía finlandesa y resaltar la importancia que la obra tiene para el desarrollo del país.

    El pasado jueves 23, durante el acto de colocación de la piedra fundamental del proyecto, se vio una muestra más. El subsecretario de Transporte, Jorge Setelich, priorizó los alimentos por sobre los troncos y la forestación a la hora de transmitir el valor de la obra.

    “En el 2025, la India va a tener más población que China. La oportunidad que tenemos en Sudamérica es producir alimentos y para producir alimentos necesitamos un ferrocarril. Y la única forma de que haya ferrocarril en el futuro de Uruguay es un proyecto de este tipo que nos permita saltar al siglo XXI”, dijo.

    Si bien las vías que unen Montevideo y Paso de los Toros están a punto de empezar esa transformación, la realidad de las empresas ferroviarias estatales está todavía anclada en el siglo XX y, en algunos aspectos, hasta en el siglo XIX. De hecho, según el sindicato y el vicepresidente de la Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE), en las condiciones actuales no estarían habilitadas para circular en el flamante Ferrocarril Central.

    Las operaciones de carga por tren le corresponden a la sociedad anónima estatal Servicios Logísticos Ferroviarios (Self), que es propiedad de AFE (51%) y de la Corporación Nacional para el Desarrollo. AFE, por su parte, es la encargada de prestar los servicios de pasajeros. Quien determina qué empresas y qué material rodante están habilitados para circular es la Dirección Nacional de Transporte Ferroviario, que es el organismo regulador de la actividad.

    Para Mariano Pouso, secretario general de la Unión Ferroviaria, la realidad actual de Self hace muy difícil que la empresa pueda usar las vías que el gobierno estima dejar prontas en 2022. “A Self le va a costar mucho entrar en el Ferrocarril Central. Los vagones para el transporte de arroz tienen 40 años, por ejemplo. Ya está. Si no tenés vagones adecuados para entrar a una vía del primer mundo no vas a entrar, porque no te van a dejar entrar a romper todo. Tendría que haber una inversión en material rodante y una gestión profesional de la empresa. No políticos fracasados que centran todas sus energías en pelearse con el sindicato y han llevado el ferrocarril público y paraestatal al menor tráfico de todos los tiempos”, dijo Pouso a Búsqueda.

    El vicepresidente de AFE, Luis Rivero, consultado al respecto, confirmó parte de las expresiones del dirigente sindical. “Todos sabemos que las máquinas actuales que tiene Self y también las que tiene AFE por los años que hace que fueron construidas y reparadas, seguramente no van a ser habilitadas por la Dirección Nacional de Transporte Ferroviario para circular en esa vía. Va a ser necesario renovar las flotas de las dos empresas”, añadió.

    Las locomotoras más nuevas con las que cuenta Self son 10 General Electric 2000 que fueron importadas en los 90. A cinco de ellas les hizo una rehabilitación total en 2018. Las unidades de pasajeros más nuevas con las que cuenta AFE son las Fiat DMU de segunda mano, traídas desde Suecia en los últimos años.

    Rivero recordó que Self tiene asignado un préstamo de US$ 25 millones del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). De ese préstamo aún quedan unos US$ 20 millones disponibles y está previsto que se destine a la compra de material rodante aunque “todavía no se seleccionó el tipo de locomotora que va a ser necesaria”.

    “Hay que actuar con mucha prudencia y dar los pasos en el momento que haya que darlos. Encarar ahora la compra de locomotoras nuevas no tiene sentido”, evaluó.

    Futuro privado

    A través del contrato entre Uruguay y UPM, el país se compromete a asegurarle a la empresa finlandesa seis corridas diarias de trenes (ida y vuelta) para llevar celulosa al puerto y volver a la planta en Paso de los Toros. A esos viajes se suma otra corrida diaria para llevar insumos químicos a la planta y volver al puerto. El contrato prevé una especie de multa de US$ 0,15 por tonelada por kilómetro para el Estado si más de cinco trenes sufren demoras de 15 minutos en un mismo mes.

    UPM designará su propio operador ferroviario privado, resultado de una licitación de la que participó Self y quedó por el camino. El nuevo actor terminará de diversificar una actividad que hasta hace algunos años tenía a AFE como única protagonista, desempeñándose como operadora, reguladora y dueña de la infraestructura.

    “Todo pinta para que el ferrocarril sea cada vez más privado. Es una situación para nosotros bastante absurda en un país pequeño”, sostiene Pouso. Para el dirigente, incluso pensando con un espíritu liberal —que ni él ni el sindicato comparten— el nuevo escenario es malo porque “no favorece la competencia”.

    Aunque estén en desacuerdo, la realidad marca que “la actividad ferroviaria va a ir por esos carriles”. Por eso, la estrategia sindical es organizar a los trabajadores de todos esos nuevos actores.

    En Self, asegura, tienen “un pie adentro”. Sin embargo, solo tienen tres afiliados entre unos 80 trabajadores. Llegaron a tener 13 afiliados, pero diez de ellos fueron despedidos en un episodio confuso. Fueron acusados por los jerarcas de la empresa de robar materiales, algo que no se pudo probar. Los despidos se terminaron concretando no por “notoria mala conducta” sino por “reestructura”. Según Pouso, ofreciendo indemnizaciones que duplicaban lo normal lograron convencer a 10 de que dejaran la empresa.

    “Estamos peleando con esta gente que no nos quiere dejar organizarnos. Los trabajadores tienen miedo de que los echen. Supuestamente es un gobierno progresista y de izquierda pero nos han tratado como si fuéramos enemigos”, cuenta.

    En la Dirección Nacional de Transporte Ferroviario también tienen tres inspectores afiliados al sindicato. En cuanto empiece a formarse la operadora de UPM se acercarán para sumar a sus trabajadores al gremio.

    La Unión Ferroviaria formó una comisión para que elabore una propuesta sobre cómo adaptar la estructura sindical a la nueva realidad.

    Siglo XIX

    Un aspecto que mantiene a AFE y Self en el siglo XX e incluso en el XIX es el sistema para autorizar que un tren ingrese a un tramo de vía. Aunque desde hace años se inició el proceso para un seguimiento satelital de las operaciones, aún no pudieron ponerlo en marcha con las garantías necesarias y las habilitaciones se siguen dando de manera manual.

    Cuando un tren se acerca a una estación, un funcionario levanta en su mano un aro de goma que lleva las precauciones para ese tramo. El acompañante saca el cuerpo de la cabina y, sin detener la marcha, engancha con su brazo el aro. Hasta que ese tren no llegue a la próxima estación, ningún otro puede ingresar a ese tramo. A veces las estaciones están separadas por más de 70 kilómetros, lo cual hace ineficiente el sistema.

    AFE hizo un llamado para incorporar una solución satelital. La adjudicataria fue una empresa brasileña y la compra costó US$ 4,9 millones. Como resultado del proceso, en setiembre de 2017 comenzó a funcionar en modalidad piloto un centro de control en la terminal de pasajeros de AFE. Sin embargo, en los 19 meses que transcurrieron el sistema no logró dejar de ser piloto y aplicarse a todas las operaciones.

    Según indicaron Pouso y Rivero, hay detalles que no se pudieron solucionar en la “georreferenciación de los mapas” y eso hace que no haya certeza total sobre la posición de las unidades. Sindicato y gobierno tienen matices sobre la utilidad del sistema. Para la Unión Ferroviaria todo el proceso “fue desastroso”, el proveedor no ofrecía las garantías necesarias y la solución es mala, tanto que UPM la descartó para el Ferrocarril Central. Rivero, en cambio, asegura que se están ajustando los últimos detalles, que la empresa brasileña ofrece garantías técnicas y que, si bien UPM optó por otro, ambos podrán compatibilizarse en el mismo centro de control.

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