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    Los viajes del Papa

    Hemos visto hace algunos días al papa Benedicto XVI pavoneándose (*) por diferentes ciudades de México y Cuba.

    Si no fuera porque sus opiniones ya no influyen como, seguramente, influían las de papas anteriores, podríamos tildar ese marketing eclesiástico de trágico.

    Lo hemos sentido hablar de cambios necesarios, refiriéndose a Cuba y al mundo, y agregando: “pero estos se darán solo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad”.

    Y, tal vez, en esa soberbia que lo caracteriza, tenga algo de razón.

    Yo, por lo menos, me pregunto por varias verdades, por ejemplo:

    • Me pregunto sobre cómo se pudo matar sin piedad en la denominada “Santa Inquisición”, aquel instrumento de tortura, muerte y robo de los bienes de las personas que consideraban “herejes”. Que comenzó en el siglo XIII, año 1209, con el papa Inocencio III, que mandó pasar a degüello a los albigenses o cátaros, que se decían descendientes de Jesús y que vivían en Las Galias, actual Francia.

    • Me pregunto cómo llegaron a quemar vivas a 32.000 personas, en efigie a 17.000 y penitentes públicos a 291.000, un total de —por lo menos— 340.000 personas.

    • Me pregunto cómo, más allá del número de víctimas, el tribunal que perseguía la forma de pensar de la gente, era con acusación anónima y la única forma de “probar” la inocencia era resistiendo la tortura.

    • Me pregunto cómo en muchos casos el acusado lograba convencer de su inocencia al tribunal resistiendo la tortura hasta la muerte, así que su cadáver era paseado por la plaza pública en desagravio. ¡Vaya consuelo!

    • Me pregunto sobre las relaciones entre el Vaticano y el nazismo. Decía Michel Onfray (**): “… La iglesia católica aprobó el rearme de Alemania, yendo en contra del tratado de Versalles, desde luego, pero también en contra de las enseñanzas de Jesús, en especial las que celebran la paz, la bondad y el amor al prójimo; la Iglesia Católica calló sobre el boicot a los comerciantes judíos, no protestó ante la proclamación de las leyes raciales de Nuremberg en 1935, guardó silencio en 1938 cuando ocurrió la Noche de los Cristales; la Iglesia Católica entregó su archivo genealógico a los nazis, que supieron desde entonces quiénes eran cristianos y, por lo tanto, no judios”.

    • Me pregunto cómo la Iglesia coordinó la huida de criminales de guerra nazis a través de una red de monasterios en Europa utilizando el Vaticano.

    Claro que alguien algo distraído bien podría recriminar lo dicho pensando que todo eso pasó hace mucho y que, si bien es censurable, ello sucedió con anterioridad a este papado, algo así como yo no me hago cargo de la conducta de mis antecesores (típico de los católicos que van a misa los domingos para quedar bien con la sociedad y vueltos a sus hogares, almuerzan en su comedor y la señora de la limpieza lo hace en la cocina; lo importante es no cargar con ningún remordimiento).

    Sin embargo, es bueno advertirles a esos “distraídos” que esa clase de hechos (para no emplear términos usados en el código penal de cualquier país) continúan dándose en este papado, y si para muestra basta un botón, alcanza con recordar que:

    • El 5 de junio de 1981 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron en su boletín semanal una pequeña entrada que describía un “extraño brote de neumonía asesina” que se estaba propagando entre homosexuales. Era el sida.

    • El Papa, este papa Benedicto XVI en su primer viaje a África, en marzo del año 2009 —a 18 años de aquel descubrimiento— decía que los preservativos, lejos de ser la principal arma en la lucha contra el sida, contribuyen a expandir la enfermedad.

    • En África la plaga mata diariamente a 6.000 personas.

    • El papa Benedicto XVI dice que los condones sólo suponen “aumentar los problemas”.

    Tal vez a algún “distraído” esto último también le parezca histórico —a los familiares de los muertos seguro que no—, pero todos los días la Iglesia Católica nos “regala sorpresas” de este tipo, y si no lo creen veamos un último caso.

    El 27 de marzo de 2012, en la edición de “El País” de España, se exhibe un título que dice “Kafka en el Obispado de Almería”. Se refiere a que dos sentencias del Juzgado de lo Social número 3 de los de Almería, otras dos del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y una del Tribunal Constitucional no han servido para convencer al Obispado de Almería de su responsabilidad en el largo pleito (once años) de la profesora Resurrección Galera Navarro contra quienes la mandaron al paro (la despidieron) en 2001 por casarse por lo civil con un hombre divorciado.

    Benedicto XVI: si no vienes más por América creo que le vas a hacer un gran bien a la humanidad, por lo menos a los millones y millones de americanos que tenemos memoria.

    Saluda a Ud. atentamente,

    Aníbal Dagostino

    (*) Pavonear. Dicho de una persona: hacer vana ostentación de su gallardía o de otras prendas. (Real Academia Española)

    (**) Michel Onfray, filósofo francés, fundador de la Universidad Popular de Caen (Francia)