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    Lucrar con el sufrimiento

    Sr. Director:

    Motiva esta carta una publicada recientemente en esta sección por el médico veterinario Charles Coubrough, titulada “Las yeguas no son mujeres”.

    En su misiva, el referido profesional pretende responder a otra anterior de la Sra. Pau Delgado manifestándose en contra de la sangría de yeguas para la obtención de la hormona eCG.

    Intentando refutar a la anterior corresponsal y más allá del poco feliz título de su carta, el veterinario realiza reiterados juicios de valor que nada tienen de científicos y pretende también descalificar el fundamentado proyecto de ley presentado por el diputado César Vega Erramuspe (Comisión Especial de Tenencia Responsable y Bienestar Animal-Carpeta 2991/2022, Repartido 753), cuya lectura recomiendo al lector para que pueda juzgar por sí mismo.

    Habla de “videos totalmente sesgados”. Tal vez debió decir “inclinados”, pero no en el sentido que él cree. Son inclinados a la denuncia, son inclinados a hacer pública una forma aberrante de maltrato animal que no tuvo refutación, salvo decir que eran del año 2015 y que esos tratos terribles y bien documentados no ocurren ahora.

    Por la necesaria extensión de este escrito, recomiendo también al lector ver los programas televisivos que pueden encontrarse en la plataforma YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=C_BKtuiwlN4 y https://www.youtube.com/watch?v=Wohi__BsXLA

    No sé si el corresponsal es un profesional independiente que opina sobre el tema o si es una persona vinculada al negocio que se cuestiona. En cualquier caso, parece conocer bien el mercado, ya que dice que hay muchos países en los que se permite esta práctica. No los identifica, pero me gustaría conocer a cuáles se refiere y si se trata de países desarrollados o “países con menos escrúpulos”, como dice el Parlamento europeo en un pronunciamiento reciente.

    Espero que no me mencione a Islandia, que acaba de admitir que en sus granjas de sangría de yeguas preñadas se violó la legislación europea (Directiva 2010/63/UE) y se comprometió a adaptarse a ella. Tuvo que ocurrir lo mismo que aquí, una denuncia ampliamente documentada para que la (AELC) (ESA) interviniera.

    Lo irrefutable es que, tardíamente y ante el escándalo internacional provocado por los videos cuando se difundieron, recién en 2017 Uruguay se decide a esbozar una regulación de esta actividad.

    Digo esbozar porque si se analiza (y sigo recomendando lecturas) la Resolución 215/017 del MGAP-DGSG, así como sus anexos: “Procedimiento para la habilitación, registro y funcionamiento de establecimientos productores de hemoderivados en equinos” y el “Manual de buenas prácticas de bienestar animal para equinos destinados a la producción de hemoderivados” se apreciará claramente su insuficiencia.

    En estas resoluciones y anexos del MGAP se pone a los ratones a cuidar el queso.

    En los programas de video citados, el subdirector de Servicios Ganaderos del MGAP, Jorge Viera, dice que hay tres establecimientos habilitados que realizan la extracción de sangre de noviembre a mayo y que se los inspecciona dos o tres veces en el período. Pero al parecer la inspección audita los documentos e informes que elaboran los propios empresarios. En otras palabras, se autocontrolan.

    El “Manual de buenas prácticas” no establece un protocolo obligatorio, con formas efectivas de control y con sanciones. Con respecto a la extracción dice: “No obstante lo expuesto más arriba, el volumen de sangre a extraerse es recomendable se sitúe entre los rangos de 13 a 15 ml por kilo de peso corporal o de 3 a 6 litros, dependiendo del peso corporal del equino”.

    ¿Recomendación, no un rango máximo? ¿Cree el lector que esto se observa por los explotadores sin un control efectivo? ¿Si esto fue brutalmente violado en Islandia, cree que aquí no?

    El profesional opinante dice que la prohibición “afectaría la libertad empresarial de aquellos dedicados al negocio”. Así es, también se afectó este tipo de “libertad empresarial” cuando se prohibió el tráfico de especies protegidas, de órganos o de personas. Y cuando se abolió la esclavitud se afectó la “libertad empresarial” de los esclavistas.

    Se trata de ser un país de primera o un país de cuarta, que se les termine el lucro a tres empresas que fabrican un producto que tiene “más de 60 sustitutos”, según detalla la Exposición de Motivos del diputado Vega, terminando con el sufrimiento de animales indefensos y emblemáticos en nuestra cultura y nuestra historia no debería ser una opción sino una obligación.

    Parafraseando la parte final de la misiva que comento, la teta que se terminaría no sería precisamente la de la vaca.

    Dr. Ronald Pais Bermúdez